Cronista (7133949)

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¿Qué pasó con el Cronista de Valencia? ¿Quién es, o quién va a ser por fin? Nuestro querido, admirado y reconocido carabobeño universal, Guillermo Mujica Sevilla, se fue hace ya un cierto tiempo, y su vieja oficina espera. ¿Qué misterio, reserva o juego de abalorios, o de naipes, se esconde detrás del silencio que hay  sobre quien merezca y reciba el honor de sucederlo?  ¿Se piensa, acaso, en una jugada como la que se hizo  con el doctor Asdrúbal González para desnombrarlo de su condición de Cronista de Puerto Cabello?   En verdad  el asunto es delicado. Muy delicado. Es bueno recordar que aquí, cuando murió don Alfonso Marín y se propuso  al Dr. Guillermo Mujica para ser el nuevo cronista, se formó un pequeño alboroto. Pequeño, pero alboroto. De  restaurantes, de tascas, de clubes, de compinches y hasta de aspirantes velados. De politiquero. Y hasta de  universitarios titulados en disciplinas por lo menos afines a las crónica. Yo recuerdo haber escrito en esta misma columna un elogio y reconocimiento a Guillermo Mujica Sevilla por su muy alto mérito para ser nuestro Cronista de Valencia, igual que lo hicieron  otros columnistas. Era obvio (como dice la poeta María Laura) que el Negro Mujica no tenía  rival de su categoría, y al final ganó, para orgullo y satisfacción de Valencia. Y cumplió su misión hasta donde pudo, pese a las limitaciones y al abuso de quienes muchas veces no veían su señorío sino que lo consideraban un simple empleado con sueldo pagado del presupuesto regional. El Negro Mujica fue un ciudadano universal, en el mejor sentido. No un  simple escribidor de crónicas para halagar, sino más bien un labriego ejemplar que aventaba  semillas  que tarde o temprano reventarían en brotes dignos e inolvidables de la historia local y de mucho más allá. 

Ahora no está. Hay quienes velan esperando el momento propicio para ocupar su sitio.  El, en verdad, siempre fue un hombre de pensamiento revolucionario. Y jamás llegó al extremo de negar a nadie. Respetuoso, ocupaba su sitio y reconocía el espacio de los demás.  Un cronista, en verdad, no es de un grupo, ni de otro.   Pertenece a todos.  Por favor, quienes tienen el deber y la facultad de nombrarlo, no busquen al Cronista en un partido. Búsquenlo  en el corazón, en la conciencia, en la obra,  en la pureza de su ciudadanía. Valencia bien lo merece. 

 

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