¿Cuánto vale el trabajo del hogar?

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EEUU., 23 enero 2014.- memakers Project es un iniciativa que pretende revalorizar el trabajo del hogar. No se trata sólo de la limpieza de la casa, sino a lo que ellos llaman “management de hogar”, un conjunto de habilidades y conocimientos (de economía, nutrición, educación, contención familiar, etc.) que contribuyen a crear un ambiente de hogar y fortalecer, a partir de él, la unión de la familia. Entremujeres conversó con sus representantes en Argentina sobre las diferencias de género que se asumen ante estas tareas y su vinculación con los cambios sociales que incorporaron masivamente a la mujer al mercado laboral pero siguieron cargándola con las obligaciones de la casa y el cuidado de los hijos.

Para esto, filmaron numerosos videos y un documental, que fue realizado por Juan Manuel Ezratty a pedido de la ONG Home Renaissance Foundation. Su objetivo es mostrarle al mundo cómo en algunos países (especialmente de Europa -España, Italia, Francia, Inglaterra- y Estados Unidos) comenzaron desde hace algunos años a replantearse la revalorización del trabajo en el hogar y su profesionalización.

Homemakers Project, además de reconocer el valor que tiene el hogar en la sociedad, promueve la profesionalización del trabajo del ama de casa y busca revalorizar este rol en todo el mundo. “Tenemos como desafío valorar la dedicación al hogar, tanto de hombres como de mujeres. Darnos cuenta de lo importante que es para la construcción de una familia y también para las relaciones interpersonales en el trabajo. El 52% de los entrevistados en Latinoamérica por este proyecto reconoció la importancia que tiene su familia, como sostén, para trabajar cada día mejor”, comentó Ángeles Destéfano, representante de la Home Renaissance Foundation en Argentina.

Con respecto al valor monetario del trabajo doméstico, ¿se le reconoce más allá del sueldo a estas colaboradoras, su rol en nuestra casa y en nuestra vida de familia? ¿Se las deja salir también a ellas a ver a sus propios hijos? ¿Por qué cuando una madre o un padre de familia hace ese trabajo quizás los fines de semana tampoco se lo valora? “Creemos que debemos comenzar a educar en roles, en la importancia que tiene el trabajo del hogar para todos los integrantes de la familia. Tanto el padre como la madre deben compartir las tareas del hogar. Si no, se terminan desgastando relaciones en forma entendible: ambos padres llegan agotados, no tienen ánimo para cocinar, hacer los deberes, para ocuparse de jugar con los chicos, etc.”, dijeron aEntremujeres los referentes de la iniciativa.

“Durante 2014 aplicaremos algunas de esas acciones mundiales en Argentina y en la región, muy alineados al Año Internacional de la Familia que fue declarado por la ONU. Ya iniciamos las gestiones para contar con un DVD que recoja testimonios de nuestro país y de otros de la región y realizaremos webseminarios sobre la temática”, adelantaron.

El proyecto pone de manifiesto que la sociedad valoriza lo que se paga, lo que se hace a cambio de dinero. ¿Cómo se modifican estos valores para transmitir que el dinero no debe ser la varita que lo mide todo?

El mercado penaliza los servicios de atención al hogar y cuidado de las personas -no solo porque no los incluye en las cuentas nacionales ni existen en las estadísticas oficiales ni el Estado paga por ellos sino- porque, con frecuencia, se trata de tareas que permanecen invisibles y se las considera de poca categoría. Esta desvalorización del trabajo del hogar se nota en las precarias condiciones de trabajo, el escaso reconocimiento que tienen (no solo económico, sino también dentro del seno de las propias familias), las desventajas de la informalidad, la idea de que son tareas poco profesionalizadas y que no requieren mucha preparación para realizarlas… Todo esto, unido a un desprecio sutil por considerar que se trata de tareas rutinarias, monótonas, sin aparente brillo.

En contrapartida, con frecuencia y asociado a una falsa idea del éxito y del poder frente a la idea del servicio, se exalta el trabajo fuera de casa como único indicador de la valía de una persona. Es necesario superar esta visión economicista que solo valora lo que se puede cuantificar y lo que se remunera, y que influyó en gran medida en la progresiva devaluación de los trabajos domésticos y de cuidado de personas, en su mayoría, intangibles desde el punto de vista económico.

No hay que olvidar que el servicio no pagado es trabajo, aunque no sea empleo. No menos cierto es que no solo tiene valor lo que se puede cuantificar, como por ejemplo, la educación.

¿Cuánto influyó la “liberación femenina” en cierta “desvalorización” del trabajo hogareño? Antes, las mujeres sólo trabajaban en el hogar; hoy, sumaron una obligación más y muchos hombres siguen sin ver este esfuerzo.

La incorporación masiva de la mujer al ámbito laboral replanteó no solo su aporte, sino la responsabilidad del hombre de sumar en el ámbito privado. Más que achacar el problema a una supuesta “liberación femenina” es importante destacar que una paternidad bien entendida y asumida plenamente permitiría, entre otras cosas, un mejor reparto de tareas en el hogar para facilitar la vida a las madres que distribuyen su tiempo entre la familia y la profesión y sin dejar de lado el placer que conlleva el ocuparse de esas tareas.

La participación conjunta de la mujer y del hombre en la administración y gestión de la casa común es hoy una necesidad derivada del trabajo profesional externo de ambos en la gran mayoría de los hogares. En la etapa de la vida matrimonial anterior a la llegada de los hijos, es posible encontrar mayor disponibilidad de ambos cónyuges para ocuparse de esas tareas, y el reparto del trabajo suele ser más equitativo porque los hombres colaboran. Pero, con la llegada de los hijos, la cuestión de las tareas del hogar puede resultar más problemática y, generalmente, son asumidas en mayor medida por las mujeres. También es importante resaltar aquí la labor que están haciendo las abuelas que, en muchos casos, ayudan a sus hijas y nueras en el cuidado de la casa y de sus nietos.

La división de tareas entre hombres y mujeres al interior del hogar sigue siendo despareja y este trabajo recae principalmente sobre la mujer…

Un dato de la experiencia diaria corrobora que si se suman las horas de trabajo no remunerado en casa, la jornada total de trabajo es mucho más extensa para las mujeres que para los hombres. Los estudios destacan que las horas destinadas por ellas a quehaceres domésticos son hasta cuatro veces mayores que las que dedican los varones. Una encuesta a más de 100 mujeres que ocupan cargos directivos (de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato entre Mujeres y Varones del Ministerio de Trabajo en la Argentina) expresa que, si bien los hombres comparten tareas (como revisar los cuadernos de sus hijos, llevarlos al médico y al colegio -actividad en la que más participan-), la principal responsabilidad de la atención y crianza de los hijos sigue siendo de las mujeres.

Esta desvalorización de las labores domésticas, unida a la percepción de que el cuidado familiar y del hogar es responsabilidad principal de las mujeres, tiene que ser desterrada no solo a partir de una redistribución de tareas hechas dentro del hogar o de cálculos que muestren lo que significan para la economía de un país o con estadísticas que reflejen apropiadamente la dimensión y el valor del trabajo doméstico. Es necesaria una política estatal que asuma que, por ejemplo, el cuidado de los enfermos y mayores es un tema de la sociedad, y no solo de las familias.

¿Cómo hacer que toda la familia haga su aporte?

Puertas adentro, la mujer podrá delegar algunas tareas sin perder las riendas de su casa y siendo ella muy “dueña” de su hogar. Solo podrá hacerlo si su hogar esconde un sentido que a ella misma le toca descubrir, transmitir y contagiar a los demás miembros de su familia y a las personas que contrate para esas tareas. Para eso, no sólo es importante que sepa organizar el trabajo de la empleada que contrate sino, sobre todo, que piense cómo confiar en los demás miembros de la familia algunos encargos que ellos mismos podrán realizar, según las edades, intereses y capacidades.

¿Cuáles son los beneficios de la colaboración de toda la familia en las tareas vinculadas con el hogar?

Es bueno descubrir que el trabajo del hogar aporta posibilidades de crecimiento para los hijos, les inculca sentido de pertenencia y les permite ir asumiendo, a su nivel, distintas responsabilidades. A su vez, pueden hacerse con espíritu deportivo y motivante, permitiendo incrementar dentro del seno de la propia familia, habilidades grupales y conciencia del trabajo en equipo.

Cuando todos los miembros de la familia comparten y colaboran en las tareas del hogar, se asimila el concepto de cooperación y de participación y los motiva a tener siempre una buena disposición para saber qué falta en el hogar, porque lo sienten como propio. Casi sin darse cuenta, a través de estas responsabilidades domésticas, los hijos se van ejercitando en la solidaridad y se van preparando para el trabajo en equipo. A su vez, cada uno necesita saber cuál es su espacio en el hogar y cómo se hace cargo de él a través de la tarea que le han confiado. Con una buena organización y reparto de las actividades, estarán motivados para ser más responsables, asumir las tareas hasta el final y sobre todo les ayudará a reconocer que el hogar es de todos.

“Aunque estés en un hotel 5 estrellas, querés volver a tu casa, porque es el mejor lugar del mundo”, dicen en un fragmento del documental. ¿Qué es lo que hace de nuestra casa el mejor lugar del mundo?

En efecto, en una época donde se extendió todo lo rápido e instantáneo y el consumismo invade con lo superfluo y el glamour, cualquier persona valora la diferencia entre el delivery o el fast food y una rica comida casera, o entre el lujo de la suite de un hotel cinco estrellas y el calor de un hogar. Todo esto habla de la excelencia del trabajo del hogar, que es precisamente otorgar más relevancia a la dimensión material de una casa y a sus trabajos.

Teniendo en cuenta los vínculos afectivos, la familia es hogar y éste se constituye gracias a la familia. Su misma raíz terminológica hace referencia al sitio donde se encendía el fuego, generalmente a leña, en una casa y que solía ser antiguamente el lugar de encuentro de todos los que habitaban en ella. Junto al fuego, se reunían para calentarse y alimentarse. Es precisamente esta asociación con un lugar, donde cada persona siente cobijo, seguridad y calma lo que diferencia un hogar de una simple casa, entendiendo por ésta sencillamente la materialidad de unas cuatro paredes para vivir.

El hogar se asocia con la forma de vida propia de cada familia, su modo concreto de existir, de crecer y de realizarse a través del tiempo. El hogar no es algo estático o rígido, se va configurando como un cuerpo vivo, con estilo y personalidad propios, que palpita en cada uno de sus miembros, crece y evoluciona con ellos, asimila sus diferencias mediante el diálogo, se adapta a los avatares de cada vida, comparte alegrías y penas orientándolas al fin común: la felicidad de todos y cada uno. Es precisamente en el seno de cada familia donde se transmiten los valores que llegarán a convertirse en verdaderos proyectos de vida para cada persona.

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