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Columnistas del día

martes, 16 de mayo de 2017

Ágora

De maldiciones y furias

(Cortesía /)

De maldiciones y furias

Charito Rojas

“La represión constituye patente confesión de incapacidad para apelar a armas mejores”.  Ludwig Von Mises  (1881-1973), economista, autor y filósofo social austríaco pero nacido en Ucrania.

44 muertos, más de 1.800 detenidos y miles de heridos es el saldo de 45 días de protesta de una población indignada contra un gobierno que no repara en leyes divinas ni humanas para permanecer en el poder al costo que sea.

Ese costo lo pagan los venezolanos. La ruina de la economía nacional, presionada hasta la asfixia por revolucionarios ignorantes y totalitarios que se apoderaron de todas las riquezas para su disfrute personal y para la instalación de un tal “socialismo del siglo XXI”. Dieciocho años robando descaradamente los recursos del país, escudados en PDVSA, en un patriotero discurso dirigido a masas ignorantes, en promesas incumplidas, en amenazas y agresiones hacia los opositores. Dieciocho años en los cuales Venezuela pasó a ser de uno de los países latinoamericanos con mayor desarrollo y expectativas de entrada al primer mundo, a un país depauperado económica, política y moralmente, una vergüenza para sus ciudadanos, un territorio de nadie donde la ley la dictan forajidos, donde las instituciones han desaparecido igual que derechos fundamentales, como a la protección de la vida, y  los bienes y las libertades individuales garantizadas en cualquier país civilizado.

 

El gobierno venezolano desconoce los organismos y los convenios internacionales que ha suscrito como nación, se enfrenta con el vocabulario más soez y las peores descalificaciones a los países que le exigen al gobierno que respete la voluntad del pueblo que pide elecciones, que urge a un viraje en las políticas económicas, que reclama el cese de la persecución, la liberación de los presos políticos y el reconocimiento a la Asamblea Nacional electa por la mayoría.

¿Cómo pedirle a un pueblo que lo ha perdido todo que no proteste? La represión es la respuesta al legítimo reclamo de ese “soberano”, término manoseado un millón de veces  por el gobierno revolucionario mientras lo pisotea inclementemente. ¿Cómo decirle a los venezolanos que tengan paciencia, que no salgan a la calle, que esperen sentados a que algún día haya elecciones, cuando al gobierno le dé la gana o haya organizado su próximo fraude? ¿Cómo no escuchar  a millones de personas que están pasando hambre, que no tienen para dar de comer a sus hijos, que ven a sus padres morir sin medicamentos, que el sueldo no les alcanza para llevar una vida digna, que le matan a un hijo por protestar o para robarlo, que pierde el trabajo porque su empresa cerro asfixiada por el alicate gubernamental? Y que encima no tienen derecho a expresarse, a informarse, a militar en el partido u organización que deseen, a viajar, a vivir una vida normal.

Los venezolanos se hartaron. Ya tomaron el camino correcto, el de la protesta diaria y continua, sin violencia pero con la fuerza que da la razón. La experiencia de estas duras jornadas de protesta demuestran que cuando las fuerzas públicas no intervienen para bloquear el paso de las marchas, o dejan en paz las concentraciones, la jornada termina sin inconvenientes, La experiencia demuestra que la violencia es generada por la fuerza pública, que utiliza todo el poder de tanquetas, perdigones, ballenas, lacrimógenas y hasta balas, para detener la protesta. La desigualdad en las armas revela la malignidad de los atacantes: mientras las fuerzas públicas lucen corazas, cascos, escudos y usan las escopetas de perdigones y las bombas lacrimógenas a matar, los manifestantes andan con banderitas y los más jóvenes con una bombitas molotov o las “puputov” caseras a pecho pelado, enfrentando tanquetas que los arrollan, chorros de agua que los fracturan y bombazos que los matan. En cualquier legislación occidental esto se llama genocidio, uso desproporcionado de armas, violatorio del principio de equidad.

Por los parlantes de los vehículos militares, salen insultos contra los protestantes, maldiciéndolos, diciéndoles que les van a patear el c…, que les van a aplastar la cabeza. Y es exactamente lo que hacen cuando los alcanzan o los atrapan. El Plan Zamora es eso: violencia contra los manifestantes, uso irracional de la fuerza pública, desconocimiento del debido proceso en las detenciones, allanamientos sin orden judicial y burla abierta hacia los ciudadanos que les pagan el sueldo a todos ellos.

El Plan Zamora ha sido mortal en Carabobo, la aplicación de la justicia militar en un estado donde la protesta es fuerte y sostenida, en un estado castigado con la ruina de su zona industrial, con un gobernador que da órdenes a los colectivos para arremeter contra ciudadanos desarmados. El lunes 15 de mayo el Plan Zamora hizo estragos en Carabobo: la orden es no permitir que la oposición se concentre, detener a quien sea, trasladarlos a Ciudad Chávez, donde hay un puesto de la Guardia Nacional sin las mínimas condiciones para recibir detenidos . Y allí funciona un tribunal militar exprés, que ya ha enviado a una veintena de carabobeños a las mazmorras de la 26 de julio en Guárico, mientras más de 40 aguardan para ser presentados y enjuiciados por un tribunal militar acusados de “rebelión militar” y “ataque al centinela”. Y mientas están detenidos los someten a vejaciones y tratos crueles, como hacerles comer pasta mezclada con excrementos.

En el exterior los venezolanos no se quedan atrás en la protesta, para que el mundo conozca la infamia. Venezolanos que han tenido que separase de sus familias, que sufren la distancia y el dolor de perder a su país, acuden a foros organizados por embajadas venezolanas para “parapetear” la golpeada imagen del régimen, y los boicotean al grito de “asesinos” y “mentirosos”. Una nube de airados venezolanos enfrenta y persigue  a enchufados, a hijos de funcionarios considerados corruptos, a ex funcionarios que viven opulentamente en el exterior, acusándolos de corruptos y conminándolos a devolver el dinero que sustrajeron al pueblo de Venezuela. Indudablemente que este método tiene riesgo de cometer equivocaciones en ese juicio popular pero el linchamiento moral al cual están sometiendo a los “enchufaos”, familiares y testaferros, está llenando de pánico a quien la debe y la teme. Saben que no podrán ya disfrutar de su dinero mal habido tranquilamente con esta horda de venezolanos furiosos avergonzándolos públicamente.

El gobierno aprieta el puño, castiga, siega vidas, arrebata libertades. Pero nada de eso detendrá el inexorable destino de todos los regímenes que son rechazados por su pueblo. La mesa donde se firmará el cierre de este nefasto capítulo de la historia venezolana, ya está servida. Al parecer, la maldición de Dakubarí que lanzó sobre el gobierno el gobernador indígena de Amazonas, Liborio Guarulla, está surtiendo efecto: “Les aseguro que no morirán sin tormento, les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y su alma va a vagar por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos”. 

Charitorojas2010@hotmail.com

@charitorojas

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