De nuevo la autopista Puerto Cabello-Valencia

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Empezamos 2014 con una noticia que conmocionó el país entero y tuvo trascendencia internacional. La muerte de la Miss Venezuela 2004 Mónica Spear puso en el tapete el problema de la inseguridad con que a diario se enfrentan los conductores de la autopista Valencia-Puerto Cabello.
Aunque es un hecho que no es nuevo, hizo falta que le ocurriera a alguien reconocido a nivel internacional para que el mundo entero conociera cómo el hampa mataba y robaba a quienes osan circular por esta vía carabobeña. Señalizaciones borrosas, en algunos casos inexistentes, la falta de alumbrado y la zona boscosa que envuelve la autopista son cómplices de los delincuentes de la zona.
Es verdad, es indispensable un patrullaje constante con el que cuente cada transeúnte en el caso de que su vehículo presente alguna falla; no obstante, la lupa debe ponerse en atacar el problema de raíz y combatir las mafias que se dedican a realizar este tipo de actos vandálicos en la zona. En el caso de la actriz asesinada nos vemos reflejados muchos venezolanos; de allí la consternación. ¿Quién no teme quedarse varado en esa vía? ¿Cuántos no han perdido la vida a manos de delincuentes allí? ¿Cuántos titulares de periódico se han escrito con hechos como éstos?
Definitivamente los venezolanos nos habíamos acostumbrado a conocer de estos hechos. La lamentable muerte de Mónica sólo nos hizo reaccionar ante la inseguridad que vivimos. Antes decíamos que cierta zona era "roja" por su alto índice delictivo. "No pases por este sector porque seguro te roban", le decían a uno. Ahora, en realidad, ¿qué zona no es roja en Venezuela? ¿Qué parte del país podemos decir que es segura cuando nos roban en las clínicas, hospitales, iglesias e incluso dentro de nuestras propias viviendas?
Hace unos días atrás me sorprendió el relato de unos jovencitos estudiantes de un plantel local que contaban cómo saliendo de clases les robaron el morral con libros y hasta la lonchera. Aquí no se salva nadie. Así vivimos desde hace varios años, y la autopista Puerto Cabello-Valencia no se escapa a esta realidad, al igual que las demás vías de nuestro país. Lo más triste es que el nivel de violencia es progresivo, ya el delincuente no se conforma con robar, sino que va más allá, al punto de acabar con la vida de sus víctimas. No le tememos a la idea de que nos quiten el carro, el celular, los zapatos o la cartera, lo que pensamos es que nos pueden matar aun cuando le demos nuestras pertenencias.
La idea no es polemizar el asunto, lo que buscamos es cambiar esta realidad, un cambio de actitud. Queremos una Venezuela segura, donde se pueda transitar, donde podamos vivir sin miedo de perder la vida por la delincuencia. La solución no se obtendrá a corto plazo, eso lo sabemos; sin embargo, urge la implementación de medidas que garanticen la vida del venezolano.
El caso Spear debe llamarnos a reflexión para que juntos como sociedad busquemos propuestas para revertir el problema que crece en la autopista Valencia-Puerto Cabello, arteria vial que nos lleva a las hermosas playas de nuestra ciudad, al Fortín Solano, al Castillo del Libertador, a la bahía de Patanemo, entre otros destinos de miles de turistas que nos visitan en temporada alta y fines de semana. Vía que también nos lleva al principal puerto del país y por donde entra y sale la mayor carga alimenticia que surte a los estados vecinos y finalmente por donde en los próximos días se trasladarán los viajeros del aeropuerto Bartolomé Salom.
Indispensable es entonces tomar cartas en el asunto para garantizar que propios y extraños reforcemos el sentimiento de respeto por la vida humana, cambiar las estrategias y que juntos Gobierno, empresarios y venezolanos todos, en lo venidero podamos dejar una Venezuela distinta para las generaciones futuras.

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