Democracia participativa o modelo centralista burocrático

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La nueva relación Estado-sociedad que se está gestando en el país marcha hacia dos posibilidades: o se fortalece y profundiza la democracia participativa y protagónica, o se impone un modelo centralista-burocrático, basado en el control vertical del poder. Claro está: son tendencias incompatibles. 

De una parte, el modelo centralista-burocrático tiene su más claro exponente en el clientelismo, el prebendarismo, el patrimonialismo y la corrupción, grandes males de la Democracia Representativa, que no han desaparecido en el intento de implantar la nueva democracia. Por el contrario, han continuado avanzando en todos los momentos y a todos los niveles de la administración pública, lo cual fortalece la tendencia centralista-burocrática, a pesar de los discursos y los intentos para enfrentarlos. El acceso de las organizaciones populares y las comunidades a los recursos del Estado continúa sujeto a la incondicionalidad con los gobernantes y al oportunismo de los gestores e intermediarios, quienes, con el  mismo estilo tradicional, los asignan discrecionalmente. La obtención de tales recursos por parte de los ciudadanos mantiene un carácter individual y pasivo, dependiendo más de un “buen contacto” que de las virtudes y justificación del proyecto presentado, con lo cual se favorece la corrupción y no se produce una redistribución de poder. 

Se habla de una nueva institucionalidad, basada en las llamadas “Misiones”, que no logra consolidarse, mientras la “vieja” institucionalidad es cada vez más ineficaz e ineficiente. Sirva de ejemplo el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, que ha perdido toda rectoría, y donde cada Gobernación o Alcaldía pregona su autonomía y su política de salud, traduciéndose en una verdadera anarquía, cuyo producto es la indetenible crisis sanitario-asistencial que padece el país. Las decisiones de todo tipo parecieran estar cada vez más concentradas en el nivel central, en la más alta burocracia gubernamental, haciéndose inaccesibles al ciudadano común y a las organizaciones populares de base, a lo cual se añade la creciente presencia de militares en posiciones clave en todo el aparato gubernamental. Todo ello va acompañado de un control cada vez mayor del Estado sobre las organizaciones de la sociedad.

Del otro lado, el intento por fortalecer y profundizar la Democracia Participativa y Protagónica se expresa al interior del mismo gobierno y de numerosas organizaciones populares que lo apoyan, se aprecia el intento de un sin fin de grupos populares por fortalecer la más amplia diversidad de organismos sociales, productivos, culturales y de otros tipos, con carácter autónomo respecto al Estado, e independientes en relación a los partidos políticos, en proceso de conformación de una red de tejido social con el propósito de controlar la gestión pública. Se han multiplicado en todo el país estos grupos con un sorprendente grado de politización sin precedentes, e intentan incidir en la formación de las políticas públicas y avanzar en la auto-organización social y política.

Los acontecimientos están en pleno desarrollo, los actores despliegan sus fuerzas, hoy dominantes desde el campo de quienes defienden el “proceso revolucionario”, pero de igual manera se producen escaramuzas desde los sectores de la oposición política, que en medio de serias dificultades intentan, con poco éxito hasta ahora, presentar una propuesta alternativa, donde ha dominado la presencia de importantes sectores de la clase media que de manera activa han participado políticamente de una manera sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela. 

Sin duda, la historia se está escribiendo hoy en un nuevo momento de la vida del país, con la participación activa de unos y otros. Esto en sí es un signo alentador: participación ciudadana, a favor o en contra, pero participación al fin, aún en medio de una fuerte radicalización de las posiciones de la mayoría de los venezolanos, que antes se limitaban a  ejercer el derecho al voto cada cinco años, de manera pasiva, delegativa  y sustitutiva, del poder indelegable, que solamente lo tiene el pueblo. El desenlace no luce fácil ni cercano.

Médico-psiquiatra.

Doctor en Ciencias Sociales

Correo: [email protected]

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