Valencia, 6 de Julio de 2008 |
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Notas de Toros Honradez y Vergöenza Torera Reto y Desafío
Después de tres cornadas, siguió en la plaza hasta que mató al toro de media estocada. El sobrecogimiento general del público se transformó en entusiasmo delirante, afloraron los pañuelos blancos solicitando los máximos trofeos, siéndole concedidas las dos orejas. Los tendidos puestos de pie, con el grito unánime de torero-torero en reconocimiento a una figura del toreo, que marca época en la fiesta brava mundial. Con esta epopeya, junto a otra anterior en la misma plaza donde cortó cuatro orejas, José Tomás echa por tierra las críticas que le hacen de ser un torero inconsciente al no saber lo que hace por carecer de técnica, y de que solo torea toros chicos en plazas sin categoría.
Ganado Complicado José Tomás demostró que los toros mansos, huidizos, de comportamiento inadecuado, de embestidas descompuestas y por tanto peligrosos, de mala condición y por consiguiente sin ninguna nobleza también se torean, debiendo tenerse para ello un valor sobrehumano, cercano a los límites de la temeridad. Para enfrentar esta clase de animales pertenecientes en esta ocasión a la ganadería del Puerto de San Lorenzo, el diestro de Galapagar tuvo que acudir al "cáliz de la sangre y el triunfo, de la heroicidad y el sacrificio, del alma en vilo y del corazón en un puño". Por todo ello, a él se le premió el desafío, la entrega, la disposición, el querer-poder, la gallardía, el mérito de un matador que se sobrepuso a las circunstancias adversas de los bureles que enfrentó, pues su tauromaquia transforma los comportamientos del toro al hacer bueno lo malo, brava la mansedumbre y cadencioso lo violento. Es posible entonces preguntarse el porque de tantas cornadas, a lo cual pudiera responderse: porque se arrima como ninguno.
La Paradoja del Toreo José Tomás ha participado en dos tardes durante el mes de Junio del 2008 en la Plaza de Toros de Madrid, habiendo realizado en la primera oportunidad un toreo artístico y puro, lleno de lírica, de belleza, de emotividad y de una estética admirable. En el segundo festejo, su toreo fue épico, ubicado al borde del último aliento que ha podido traducirse en un adiós eterno, dando un ejemplo de honradez y de vergöenza torera, viviendo de esta manera un vía crucis de carne y hueso que lo catapulta al terreno de la heroicidad, al haber recibido en la misma corrida cinco volteretas y tres cornadas, que constituyen un testimonio que lo honra pleno de talante taurino indiscutible. Para triunfar rotundamente, José Tomás abrió dos veces la Puerta Grande: la de la plaza y la de la enfermería.
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