Devoción al tirano

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En la historiografía venezolana ocupa sin lugar a dudas un excelente lugar, el Diario de la enfermedad del General Juan Vicente Gómez. Llevado devotamente por el Coronel Benjamín Velasco Ibarra, cubre desde el día  14 de octubre hasta 15 de diciembre de 1921. Todos los días y a todas horas estuvo el Edecán Coronel Velasco Ibarra anotando hasta la más mínima ocurrencia en torno al enfermo, del cual dependía la nación entera.

El escrito ocupa unas buenas páginas del Archivo Histórico de Miraflores, desde la página 150 a la 196. Fue comenzado a escribir el día 15 de octubre hasta 5 de diciembre de 1921. Cuando el Coronel cierra sus apuntes con las siguientes palabras: "Cierro este momento estas apuntaciones. No creía que fueran tan largas, pero quise anotar hasta el más mínimo detalle, hasta la más pequeña cuestión, el General verá en esto mi gran cariño y mi gran respeto por él. He escrito con el corazón en la mano y puedo decir como el poeta: 'Si hay alma sincera esa es la mía'… No puedo terminar sin un elogio que me sale de lo íntimo del alma a los médicos que recetaron al general. Son: González Rincones, López Rodríguez, Núñez Tovar, Chacín Intriago, y como una demostración especial escribo el nombre del doctor Adolfo Bueno, sabio, joven y oportuno".

Tomado al voleo, podemos describir uno de los días del déspota. Por ejemplo, el día 20 de octubre (1921): "Muy buena la noche anterior, El General conversó esta mañana con los doctores Bueno, Requena y Núñez Tovar, y con mi hermano Ernesto, habló de salud, de su mejoría, y recordó la pasada gravedad.

12 del día.- Encuentro cada vez mejor al Jefe, conversa como si no estuviera enfermo. ¡Qué resistencia y qué fortaleza! Siempre con su buen cariño pregunta  por todos, se ocupa de todos, y nada se le olvida. Esta mañana le pusieron en la cama una vaqueta (no se usaba el hule), y viéndole el hierro observó que era de Guillermo Willet.

5 de la tarde.- Hoy tiene el jefe bueno y sano el semblante. Habla muy contento. En este instante le dan un remedio, que él llama "el remedio del médico de la Sierra" La señora del General José Vicente, trae a su niñita para saludar al General, la niña llora y la señora sale con ella, calmándola por lo que el Jefe se ríe cariñoso.

Entra el Doctor Urdaneta (Maya) y sin sentarse le da cuenta de unos telegramas .

9 y media de la noche.- Está en el cuarto Don Juancho, el General José Vicente, don Antonio Pimentel y el doctor Requena. El General como que va a dormir.

Poco más tarde llama. Acude el Doctor Bueno, lo ve, y le dice satisfecho:

Esto va muy bien General, el General le responde convencido,   -Me parece.

Estoy de guardia esta noche (dice Velasco)".

Qué diferencia la de este tirano, cuya casa estaba abierta a quienes quisieran informarse del estado de salud del hombre que tenía en su puño de acero todo el poder de la República, de aquella enfermedad no murió, salió vivo y coleando a seguir martirizando al país, y a sus numerosos presos políticos, quienes se podrían en las ergástulas, y sin embargo, su casa era un lugar abierto, allí no hubo secreto, y mucho menos la intromisión de fuerzas extranjeras, bailando como zamuros, esperando la muerte del Presidente de Venezuela para poner en el puesto a un obsecuente criado, benevolente con la anexión de la patria a un bloque extranjero.

 

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