Dios proveerá (2333680)

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Es una frase muy usada en el seno de la familia cuando las cosas se ponen difíciles en lo terrenal, cuando conscientes de que lo que tenemos no nos alcanza recurrimos a la fe para poner en manos del Altísimo la solución de la situación que nos aqueja. En ese contexto es lógica la frase, porque los ciudadanos comunes y corrientes, los ciudadanos de a pie que no tenemos otra herramienta más que nuestro trabajo, nuestro esfuerzo personal, nuestro sacrificio para subsistir, procurarnos bienestar y calidad de vida, para ello nos aferramos a la esperanza de que Dios nos ayude, mucho más en estos momentos en que dependemos de la suerte, la capacidad de resistencia en una cola para obtener insumos, bienes y hasta servicios de primera necesidad.

Hasta aquí va bien la cosa y aceptable sin ninguna duda es; pero escuchar de la boca del presidente de la República Nicolás Maduro que depende de la providencia divina, del Dios Todopoderoso la solución de la crisis económica que existe en Venezuela, no solo es una gran irresponsabilidad, sino una falta de respeto para todos los venezolanos que esperamos pacientemente su alocución con las medidas para enfrentar y combatir la gravísima situación a la que su propio Gobierno nos condujo. Los venezolanos somos mayoritariamente cristianos, solidarios, trabajadores, alegres, cómodos, lo que no somos es pendejos; esperábamos que el Presidente tuviera la valentía de asumir que enfrentamos el peor momento de nuestra economía, que convocara con honestidad a todos los sectores del país, que les diera esperanzas a los ciudadanos que comienzan a desesperarse por la escasez cada vez más profunda; que rindiera cuenta de su gestión; que informara las resultas verdaderas de sus viajes, pero sobre todo las decisiones, las acciones, las medidas que un gerente, un estadista adoptaría para darles estabilidad a sus ciudadanos.

Pues no fue así, propios y extraños, la nación entera nos quedamos con los crespos hechos, la indignación a flor de piel y una incertidumbre abrumadora que transpiraban hasta los representantes oficialistas e invitados del régimen ante tamaña estafa. Apeló Nicolás a la descalificación, a la amenaza y hasta a un vídeo tan mal editado que más pena que gloria le aportó; recordó la muerte de Robert Serra como la confabulación colombiana con la oposición venezolana y no como parte de las estadísticas de muertes en Venezuela consecuencia de la delincuencia desatada y la presencia de grupos irregulares a los que su Gobierno les dio visa y ahora no es capaz de detener. No podían faltar la guerra económica ni la guarimba, ni el acaparamiento, ni el llamado contrabando de extracción mientras insistía en que su Gobierno aplicaba un modelo de distribución justo de la riqueza del país, lo que nos hace suponer que ésa es la razón por la que aprovechó su viaje para que su familia y todo el contingente de funcionarios que lo acompañó disfrutaran del turismo por esas naciones que visitó con dinero de los venezolanos.

Maduro huyó hacia adelante, se conformó con apelar a las mismas propuestas de siempre: anunciar la creación de una nueva comisión económica, prometer diversificar la producción y disminuir las importaciones, aumentar en un 15% el salario mínimo, las pensiones, misiones y las viviendas; un nuevo sistema cambiario para la adquisición de divisas, 33 nuevos Mercales, y el posible aumento de la gasolina con la particularidad en esta ocasión de invocar la mano de Dios porque sabe que por ahora los 100 bolívares por barril de petróleo no volverán y las ganancias generadas en la época de esas vacas gordas su Gobierno se dedicó a malgastarlas en populismo y corrupción; ¿cómo cumplir con lo que promete hoy cuando ni siquiera puede garantizar el presupuesto de la nación? Vean pues a dónde ha llegado el asunto, el Presidente está más enredado que un kilo de estopa consecuencia de su incapacidad y su soberbia, hizo todo un recorrido sin conseguir nada, solo un enorme gasto de divisas; por primera vez nuestra nación, la tacita de plata del Caribe, la bendecida por Dios y la naturaleza, la reconocida en el mundo por su capacidad para el desarrollo y ubicación estratégica, dimos pena intentando conseguir dinero prestado que nadie nos dio, mientras aquí los venezolanos nos calamos madres de colas, bachaqueros o no, pero abrumados todos por la incertidumbre, la necesidad, y para colmo de males endeudados hasta los tuétanos.

Nada alentador, señor Presidente, su estrategia no caló, no convenció porque su misma gente sabe lo grave de la situación, lo vive, lo palpa y se desespera porque el dinero no le alcanza y además del desabastecimiento al que estamos sometidos por igual, ellos tienen que afrontar la culpa por una gestión que defraudó no solo al país en sí mismo, sino al compromiso del legado encomendado, ese de garantizar la estabilidad del proceso revolucionario que heredaba en medio de un profundo dolor y que hoy usted lo aísla y lo hace agonizar.

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