Director de Alimentos Polar: "No se puede producir a pérdida perennemente"

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El Gobierno fijó en Bs. 19 el precio máximo de venta de la harina de maíz. Alimentos Polar, que actualmente produce al 100% de su capacidad, señaló que el aumento establecido no es suficiente para cubrir los costos de producción. Manuel Felipe Larrazábal, director de la empresa, considera que la escasez del rubro terminará si el Estado activa la producción de sus industrias.

Manuel Felipe Larrazábal, el Director de Alimentos Polar, dijo una frase que debe alertarnos y orientar las acciones del Gobierno Nacional: “No se puede producir a pérdidas perennemente”. No se trata de un problema de voluntad. Se trata de un problema financiero e incluso físico: cuando se vende un producto a un precio por debajo de los costos de producción se destruyen los recursos necesarios para continuar produciéndolo. El ejemplo más claro lo ofrecen las piezas publicitarias que está difundiendo el Gobierno para promover el aumento en el precio de la gasolina. En una de ellas una señora que vende empanadas dice que el costo de producirlas es de 8 bolívares sin contar las ganancias y, cuando sus socias le preguntan a qué precio pretende venderlas, ella contesta que el precio de venta será de 2 bolívares. La respuesta colectiva es un quejido que anticipa la quiebra del pequeño emprendimiento y que resume lo absurdo de la situación.

No deja de ser paradójico que los publicistas del Gobierno hayan utilizando la técnica de representar una situación descabellada para producir un efecto de conciencia, en un país donde la política de control de precios obliga a las empresas a producir precisamente bajo las mismas circunstancias escenificadas en el comercial. Las pérdidas son la receta segura para desaparecer, tarde o temprano, a las empresas y su producción. Producir a pérdidas es destruir.

Larrazábal explicó que el maíz, la materia prima para elaborar la harina precocida y el principal costo de producción, fue aumentado por el Gobierno un 218% en septiembre de 2014. El aumento del precio autorizado en la resolución del 4 de febrero de 2015 es de 53% al llevar el precio máximo de venta a 19 bolívares el kilo. El rezago entre los costos y el precio es evidente. Si suponemos que el maíz representa el 70% del costo de producción de la harina, el rezago en precios ya alcanzaba 153% solo por el aumento del costo de la materia prima, un número que triplica el aumento publicado en Gaceta. Esto sin considerar los otros componentes de costos que se han visto afectados por la inflación creciente y generalizada que vive Venezuela. Ni hablar de la ganancia necesaria, uno de los motores imprescindibles de la inversión.

El control de precios fracasó, como ha fracasado desde hace más de cuatro mil años de historia. La escasez y el aumento de los precios relativos a los consumidores de los productos regulados, el racionamiento formal e informal y la pérdida de la diversidad son evidencias suficientes de que es urgente desmontar la forma en la que el Gobierno venezolano interviene en los precios en Venezuela. Como lo hicieron China y Brasil en su momento, para nombrar apenas dos de muchos ejemplos de países que abandonaron los controles de precios y terminaron convirtiéndose en potencias agroalimentarias. Así, a través de la competencia, esos dos países han logrado mayor producción, mayor inversión, más oferta y, no menos importante, precios asequibles de los alimentos para sus ciudadanos.

El otro componente importante de la resolución fue la eliminación de las mezclas. Las empresas productoras de harina precocida de maíz tenían autorización de producir mezclas hasta un 30% de su producción. Esto ya no será posible a partir de la nueva regulación. La eliminación de las mezclas es un movimiento desesperado del Gobierno que tiene como objetivo incrementar la presencia de harina regulada en los anaqueles. Y digo “desesperado” porque, por una parte, la medida reduce aún más la diversidad de productos en Venezuela (uno de los efectos perversos de los controles de precios) y, por otra, no afectará el total de harina precocida de maíz disponible para la población. Los controles de precios son la kryptonita de la competencia y la diversidad. Alimentos Polar solo puede seguir produciendo los 605 millones de kilos de harina precocida de maíz porque su capacidad instalada está siendo utilizada al 100%.

El representante de Alimentos Polar dijo que la única forma de acabar con la escasez y el desabastecimiento es que las otras plantas de la competencia también produzcan a su máxima capacidad. Eso significa, en concreto, que las empresas productoras de harina precocida de maíz en manos del Estado aumenten su producción. 

Según Larrazábal, las empresa estatales trabajan hoy por debajo del 50% de su capacidad instalada y controlan la mitad de la capacidad total de producción de harina precocida de maíz en el país. El dato es conservador. Roberto León Parilli, Presidente de Anauco, ha estimado la producción de las empresas estatales en menos del cincuenta por ciento de su capacidad. En números gruesos, si bajo propiedad estatal se encuentra la mitad de la capacidad instalada y producen a la mitad de esta capacidad, tenemos de entrada un 25% menos de producción de la que debería estar disponible en el mercado venezolano. Y eso se debe a la improductividad de las empresas estatales.

Allí, en esa ineficiencia que lamentablemente se repite en tantas empresas estatales, también está otra de las causas de la escasez que tanto afecta a los venezolanos. Es urgente avanzar en un proceso de desestatización acelerada (un término acuñado por Víctor Álvarez) de las empresas productoras de alimentos que están en manos del Estado y no producen lo que deberían, siendo además una carga pesada para el fisco nacional y para los consumidores. Esas empresas deben pasar, lo más pronto posible, a manos de quienes sí saben cómo poner a producir una planta y no requieren del financiamiento de los ciudadanos. A manos de empresarios y trabajadores que, más bien, aspiren a competir por satisfacer los deseos, las preferencias y las necesidades de los venezolanos.

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, reveló el hecho de que nunca en la historia se ha producido una hambruna en un país democrático. Las hambrunas solo ocurren cuando ya no es posible expresarse sin consecuencias. El silencio no es una opción ante situaciones productivas delicadas en materia de alimentos y medicinas. La opinión pública debe saber qué es lo que pasa. Y ésa es la premisa de Sen: cuando se habla, alguien escucha; y cuando alguien escucha hay oportunidad de rectificación. Una empresa productora de alimentos habló y debe ser escuchada.

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