La doble cara del aumento

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Este lunes, Nicolás Maduro anunció que decretaba un 15% de aumento en el salario mínimo a partir del 1º de diciembre, que lo eleva a Bs.4.889,11. Además decretó un incremento de la base de cálculo de 0,5% a 0,75% en el ticket de alimentación, Bs.31,75 más hasta Bs.95,75 (75,0% de la UT).
 
Se jacta Maduro de haber decretado tres aumentos del salario mínimo en lo que va de 2014: 10% en enero (hasta Bs.3.270) y 30% el 1º de mayo (hasta Bs.4.251,78), para llegar a un acumulado de 68,28% en el año. Así como un incremento de 50% en los ticket de alimentación para lo que va de año.
 
Sin embargo, no hay en esta medida nada de qué vanagloriarse, sino todo lo contrario. Ni genera ganancia alguna a los beneficiados de la medida y a las empresas las pone en una nueva y comprometida situación, debido a que se requerirá cubrir los nuevos costos laborales sin posibilidad de aumentar los precios de los productos, so pena de fiscalizaciones y nuevas penalizaciones de la Ley de Precios y Costos “justos”.
 
Para comenzar, esta medida solo evidencia que el gobierno recurre de nuevo a medidas populistas, cuando ve que el agua del descontento popular le va mermando la gobernabilidad. Sabe bien el gobierno que el decreto de 45% de incremento salarial (30% más que el nuevo salario mínimo) de hace una semana otorgado a los militares, produjo un descontento generalizado en la población civil. De allí el haber sacado de bajo la manga este incremento que no tenía planificado, en momentos cuando las arcas públicas están resquebrajadas. 
 
Segundo, este es un incremento pírrico para los desvalijados bolsillos de los venezolanos, pues los Bs.4.889,11 que devengarán los beneficiados a partir del 1º de diciembre siguen estando 4,1 veces por debajo del costo de la Canasta Básica Familiar que calcula el Cendas-FVM, y 2,8 veces por debajo de la Canasta Alimentaria Familiar del Cendas-FVM. Cabe recordar que el Banco Central no ha publicado sus reportes de la economía desde agosto de este año, cuando se puso al día luego de un silencio de tres meses, lo cual sigue dejando en la incógnita cuál es la capacidad real del salario como medio de obtención de bienes y servicios. El salario mínimo vigente en agosto ya se había diluido 39% con la inflación acumulada, es de esperar que esta capacidad de compra sea mucho menor al finalizar diciembre, cuando los incrementos de precios son una norma. 
 
El sector más impactado por esta medida, será el empresarial, pues gran parte del sector productivo privado está a nivel de sobrevivencia económica debido al yugo de las leyes laborales, la inamovilidad laboral ya hecha imperecedera por los bolivarianos y todas las normativas de control de precios y costos, así como a la restricción y excesivas reglamentaciones en el suministro de divisas para reponer inventarios.
 
Este tercer incremento salarial para el 2014, decidido como ya es costumbre, de manera unilateral, obliga a las empresas a realizar erogaciones no previstas, por la vía de hecho y no por la vía de la productividad. 
 
Llama la atención que en momentos tan complicados para el país en lo económico, cuando se está importando hasta el 95% de lo que consume, y con una expectativa de disminución importante en los ingresos petroleros para 2015, en vez de apostar a la creación de nuevos puestos de trabajo y el mantenimiento de los actuales, trabajando de la mano con el sector productivo nacional, el juego que pone el gobierno sobre la mesa apunte a todo lo contrario.
 
Editores de VenEconomía
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