Doble Play (326262)

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Hace algunos días dijimos en este mismo espacio lo imprevisible que se hacia nuestro entorno. Afirmamos que la cosa estaba para Eudomar Santos, quien tenía como consigna: “Como vaya viniendo, vamos viendo…”.

Vivimos una suerte de hiperinflación de los acontecimientos y las interpretaciones. Así como en Argentina (y pronto aquí) los precios subían cada 15 minutos y se anunciaban por los parlantes de los supermercados, así en Venezuela no acabamos de opinar sobre un asunto y ya tenemos que revisar lo que dijimos a la luz de un nuevo acontecimiento “sobrevenido”. De manera que al terminar de escribir estas líneas, no sería nada extraño que haya que enviar una fe de errata al periódico corrigiéndonos sobre lo que hemos dicho.

Lo que sucede no debe extrañarnos. Estas crisis no vienen con manual de instrucciones o como los rompecabezas que traen una imagen de muestra de lo que debemos armar. Hay sobrados ejemplos de crisis en el mundo que sorprendieron a sus mismos protagonistas y que tienen desenlaces inusuales. De varias de ellas hemos dado cuenta en entregas anteriores. En Venezuela lo que destaca es la exuberancia tropical y el realismo mágico que las adorna, cual Macondo del Siglo XXI.

Si no tenemos en cuenta esta imprevisibilidad de los acontecimientos y esta entropía natural de los movimientos sociales, nos vamos a equivocar más de lo necesario y con más frecuencia de lo que el momento nos reclama.

Un ejemplo evidente de este atoramiento es la tormenta desatada sobre el tema de las elecciones regionales. Los bandos han tomado un asunto que debía resolverse con sentido común, como un casus belli incomprensible.

Veamos, ¿Si el régimen nos tiende la trampa de poner las regionales para ponernos a pelear. Por qué le hacemos el juego y nos ponemos a pelear? ¿No era lo sensato, preinscribirse, guardar la tarjeta y ver luego si hay elecciones? ¿Por qué vamos a rasgarnos las vestiduras por algo que está condicionado a un hecho futuro e incierto? Los puentes se cruzan cuando se llega a ellos y no antes. ¿Por qué vamos a ponernos bravos en agosto por una cosa que ocurrirá (si es que ocurre) en diciembre?

Todo este alboroto era digno de mejor causa. Lo verdaderamente importante es el rediseño de la estrategia opositora que tanto ha conquistado nacional e internacionalmente. Vamos a discutir sin prejuicios si no es bueno evaluar las marchas contra las ballenas de la GN y los trancazos contra nosotros mismos. Todos han cumplido un cometido, pero es evidente que se imponen otras tácticas hasta que tengamos la masa crítica para rebasar ballenas y trancar eficientemente lo que haya que trancar, si hay que hacerlo en algún momento.

Vamos a confiar en nuestras fuerzas. Estoy convencido de que en unos años las escuelas de estudios políticos de todas las universidades estudiarán el caso de Venezuela. De cómo una oposición democrática, sin armas, sin caudillos militares, con su lucha pacífica y democrática pudo derrotar, como lo haremos, una dictadura siniestra y sin escrúpulos.

Si anduviéramos pegando tiros, asaltando cuarteles y poniendo bombas estaríamos en la misma lista de ISIS y Hezbollah y habríamos perdido el asombroso apoyo internacional que hemos cosechado.

Quienes están contra las cuerdas son ellos. Por eso, como decía Sun Tzu, tienen que aparentar que están fuertes cuando en realidad están débiles.
 

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