Dolarizaciónón de Facto

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La crisis económica que sufre Venezuela no fue la construcción de un día, el gobierno dedicó muchísimo esfuerzo destructivo en esta desgracia completa que llamamos “hiperinflación”. Desde el 2014, varios economistas alertaban de la peligrosa confluencia de emisión de dinero inorgánico, improductividad generalizada y quiebre de la industria petrolera (la mayor fuente de divisas en el país). Finalmente, llegó el lobo del cuento.

Ahora bien, corregir este entuerto no es una tarea sencilla para un gobierno usurpador, sin legitimidad, fundamentalmente por carecer de soporte legal y de confiabilidad nacional e internacional. Esto es tan cierto que la única política del régimen en materia económica es la ausencia de decisiones, al punto en que el Estado abandonó su capacidad de imponer la obligación constitucional de usar el bolívar como única moneda para las operaciones financieras a nivel nacional.

Muchos locales comerciales, empresas, operaciones de compra – venta de vehículos o de bienes inmuebles, están efectuando sus operaciones en dólares, no veladamente sino abiertamente. Nadie quiere recibir bolívares soberanos, dado que su valore fue pulverizado por la “Hiperinflación  revolucionaria”.

Si ocurriese en el país una dolarización, proceso institucional en el cual modificándose la legislación vigente se asumiera como moneda nacional el dólar norteamericano, la medida implicaría la bancarización en moneda dura (con lo cual se podría rescatar la capacidad de ahorro), la dolarización del salario (los trabajadores recuperarían su capacidad de compra) y los gobiernos locales restituirían la efectividad de su política fiscal (dado que los impuestos y tasas se cobrarían en dólares). Pero lo que vemos es una dolarización de facto, de hecho más no de derecho.

Dicen los economistas que la “dolarización espontanea” es la peor forma de dolarización posible. Los expertos apuntan a que ese “sálvese quien pueda monetario” en el cual se intenta usar al dólar como tabla de salvación frente a la rápida variación de precios, empujara la economía a la informalidad y a la reducción de su volumen, al punto en que seremos comparables con Haití en 2019 en términos de proporciones de intercambio de bienes de servicios.

Tenemos una preocupación de índole sociopolítico: si nuestra economía se dolariza de facto por desidia gubernamental, como en efecto vemos, mas no se dolarizan los salarios de los trabajadores, estaríamos en una sociedad dividida en dos realidades distintas. Algunos podrán sobrevivir porque tiene acceso a ingresos en dólares, sea por actividades económicas  o por acceder a remesas, pero la mayoría de los venezolanos, podríamos tener muchos bolívares pero esos billetes no tendrían poder de compra. Quizás solo sirvan para jugar monopolio o hacer manualidades. En ese escenario, este supuesto gobierno socialista, estaría perpetrando la mayor operación de desigualdad efectuada en país alguno, la brecha entre ricos y pobres se haría mayor con el nuevo componente diferenciador. Por un lado los que pueden comer, por tener dólares y los que morirán de hambre por sólo tener bolívares, o tener muy pocos.

 

 

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