Dos cuentos chimbos

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Los capitostes del régimen detestan que hablen mal de su desastrosa gestión. Un diálogo inofensivo como: "¿Cómo estás?" y con respuesta: "Mal", puede ser considerado como sub-liminal, subversivo e instigador, con el pretexto de que la respuesta "Mal" no se refiere a una enfermedad padecida por nuestro interlocutor, sino a la situación del país.

Y cualquiera conversación inocente puede ser interpretada por algún fanático "socialista del s. 21" como un mensaje sub-liminal escondido en algo tan cotidiano como pedir una canilla en la panadería. O sea, que, herida su vanidad por el estruendoso fracaso sufrido como candidato a una alcaldía en el occidente del país, un simple trozo de pan puede parecerle a cierto personajillo un mensaje cifrado que utilizamos para pedir al panadero que nos preste la metralleta escondida bajo unos sacos de harina. O algo así. Por eso, mejor nos vamos hoy de cuentos.

Había una vez en Inglaterra un asaltante de caminos a quien conocían como "Robin Hood". Se especializaba en robarles los sacos de harina de trigo a los pobres campesinos que transitaban por el bosque, rumbo al pueblo más cercano. Como el jibarito de la canción, los pobres aldeanos iban ilusionados, cantando "si vendo mi carga, mi Dios querido / una casa a mi viejita voy a comprar" o algo así, pero en inglés medieval. El malvado Robin Hood despojaba a los campesinos de su harina, y el muy desalmado lo empaquetaba para venderlo como propio en el mercado del pueblo, cuyos habitantes se veían obligados a pagar exorbitantes precios, fijados por el mismo ladrón, aprovechando la carestía del producto creada por él artificialmente. Además, la necesidad obligaba a los habitantes de aquella región a soportar larguísimas colas, que podían durar hasta un día con su noche, para obtener un saquito de harina con que alimentarse.

En otro lugar de Europa había una doncella a quien llamaban en los bajos fondos "Blancanieves". Su negocio era el azúcar, que adulteraba mezclándola con yeso en polvo que robaba de una cantera cercana a su escondrijo. Era muy bella, a pesar de que había dejado la juventud años atrás, y de una vida llena de crímenes y vicios que no habían podido afear su físico. En el país donde vivía Blancanieves no se producía azúcar desde hacía tiempo. Su padre, el rey de aquella comarca, era otro malvado como ella, y en nombre de un sistema económico que implantó (el "Monarquismo del siglo XI") expropió todas las tierras a los cultivadores de la remolacha de la cual extraían el dulce grano (en aquellos tiempos no se conocía la caña de azúcar en Europa). El beneficio era doble: el rey era dueño de toda la comarca, y su bastarda hija tenía el negocio de la importación de azúcar. Un negocio redondo.

Como en todo cuento hay siempre un ogro, debemos decir que ni en el de Robin Hood ni en el de Blancanieves los hay. O mejor dicho, sí los hay, pero los narradores de ambos cuentos no se atrevieron a mencionarlos, no fuera a ser que Robin Hood, quien en realidad trabajaba bajo las órdenes de un ogro, fuera comisionado por éste para apresar y posteriormente torturar a los aldeanos que protestaran contra el despojo de su mercancía. Y también en el de Blancanieves había otro: el rey.
Ojo: Cualquier mensaje sub-liminal que algún boli-sapo encuentre en estos tontos cuentos, es pura coincidencia.

[email protected]
@peterkalbers

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir