El asalto de enero

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Todos los días sentimos que hay una amenaza pendiente sobre la decisión popular del 6 de diciembre, cuando la mayoría del país exigió un cambio. Que si se nombran magistrados a prisa, para que decidan por intereses políticos y no de acuerdo al interés de la justicia. Que si se le da a las comunas un parlamento para que sustituya a la AN si la nueva asamblea decide (como se espera) decisiones que rechaza el viejo gobierno: liberar a los presos de conciencia, hacer más vivible la vida al ciudadano de a pie, quitando los controles de precio y liberando el dólar, ayudar a los productores con la aprobación de la entrega de las divisas que necesitan para pagar las deudas que impiden que marchen adecuadamente sus negocios. Todos queremos tener otra vez acceso a productos que se necesitan para vivir normalmente, como la comida, los repuestos automotrices, las medicinas y no vivir pendiente de las alzas de precio, que nos quintuplicaron en una semana el precio del kilo de la comida de nuestros animales, sin que se quintuplicaran nuestros sueldos, por solo poner un ejemplo. 

En fin, no es necesario ser un economista iluminado para saber que todos votamos en contra de la universalización de la escasez, de las colas y del recuerdo constante de lo que pudo ser una revolución que nació muerta. En consecuencia, todos esos llamados a tomar la Asamblea para impedir que funcione, todos esos aullidos para tratar de revivir el entusiasmo por los principios del chavismo, se estrellan contra una realidad: ya no hay pueblo con esa propuesta.

Quiere decir: es posible que algunos pertenecientes a los grupos de choque se lancen a sabotear la histórica y próxima reunión de la Asamblea Nacional, pero la convocatoria produce el mismo sonido a hueco que el efecto que producen los mítines llenos a costa de autobuses llenos de manifestantes financiados que vienen de todo el país. El asalto de la instalación de la Asamblea Nacional es una reacción popular inventada. Como ya lo saben, hasta los expertos en política del Psuv, no es lo mismo sufrir algo, que fingir algo.

Y cuidado si a la convocatoria para que se asalte la Asamblea y se impida su funcionamiento, lo que se logra es que los convocados para el saboteo vitoreen a los nuevos diputados.

¿Con cuáles votos creen ustedes que ganaron los diputados de oposición? ¿Solo con el crecimiento del electorado que siempre se opuso al comandante? No, hay muchos chavistas desencantados. Son gente que fue partidaria de un movimiento político que prometió hacer de Venezuela un país que dejara atrás la pobreza y la inequidad por la vía de la redistribución y el empoderar a los que nada tienen. Ahora, obligados a defender a ladrones e inescrupulosos, envueltos en la bandera del Psuv, ¿no será que se les revuelve el estómago?

¿Hasta cuando un partidario de Chávez que gane salario mínimo o sea beneficiario de misiones, tendrá que aguantar hacer colas en cinco establecimientos por día para pasar este fin de año decentemente? ¿Por qué tiene que calarse la voracidad de quiénes han hecho negocios con nuestro petróleo, otorgando contratos de millones de dólares y quedándose con comisiones multimillonarias, mientras los demás pasan trabajo? ¿Por qué hay que defender a los corruptos? ¿Hasta donde llega la corrupción? ¿Quiénes de los que exigen fidelidad a los valores revolucionarios nos estafan a todos? Si quieren sigo. Por eso, le auguro poco éxito a los intentos de impedir que se exprese la voluntad popular.

Todos esperamos que se haga la transición a un país viable en paz, inclusive los chavistas que se cambiaron para la oposición, o quiénes mostraron su descontento votando nulo. Digamos la verdad. Muchos de esos partidarios del Gobierno no son tales. Es decir, su vinculación con el chavismo no es por la vía ideológica. Son clientes o empleados: venezolanos que se han visto atrapados en el mecanismo usado por la administración pública para validar la eficiencia de sus funcionarios, que es mostrar fidelidad, a costa de fines de semana empleados en hacer trabajo comunitario o de exaltación de los símbolos revolucionarios, participando en festivales u otras actividades de calle, midiendo su participación en concentraciones; con el depósito de contribuciones, recogidas de su sueldo, con o sin su consentimiento. Venezolanos que han experimentado lo que es usar la franela roja y ser monitoreados en su participación en los actos, valorados por su integración a los valores revolucionarios, más que por la eficiencia en el trabajo para cual fueron contratados: muchos son víctimas que ahora esperan salir de ese pantano desmoralizador.

Ellos y nosotros, quienes siempre nos hemos opuesto a convertir a Venezuela en un país financista de una revolución continental fracasada, no estamos separados. Nos une el interés común de reconstruir a la nación. No dejaremos que líderes, más que de una política de unos intereses económicos subalternos, nos hagan perder definitivamente a Venezuela. Hay que empezar por luchar por una nación que merezca su nombre, con los líderes que elegimos el seis de diciembre. No nos dejaremos arrebatar ese derecho. Que sesione la Asamblea libremente. Que no haya presiones, asaltos trasnochados. Ya basta.



"Todos esperamos que se haga la transición a un país viable en paz, inclusive los chavistas que se cambiaron para la oposición, o quiénes mostraron su descontento votando nulo. Digamos la verdad. Muchos de esos partidarios del Gobierno no son tales. Son clientes o empleados…”
 

Periodista.

E-mail: : [email protected] Twitter: @lucygomez5

 

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