El asesinato y la maldición del anillo de oro (2378590)

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A veces lo sobrenatural y lo terrenal se suman para crear insondables misterios que a la mente humana se le hace imposible procesar. El que a continuaci?n relatamos es uno de esos casos en que lo vulgar y lo extraordinario se suman para crear situaciones incre?blemente sobrecogedoras desde el punto de vista humano.

Todo hab?a comenzado hac?a unos 5 a?os cuando Flor y Gustavo se casaron en la poblaci?n de Bejuma, estado Carabobo. Desde entonces se hab?an mudado a Valencia, donde compraron una casa y montaron una carnicer?a al sur de la ciudad.

La historia de amor de Flor y Gustavo hab?a sido de lo m?s normal, nada de principescas pretensiones, ni nada de enredos, atropellos, encarcelamientos, bombas, cegueras, verdades, madres o padres millonarios, ni nada de esas ridiculeces que solo pueden verse en una telenovela.

Con lo que s? debi? enfrentarse la pareja fue con la enviada recalcitrante de un funesto sujeto que toda su vida hab?a querido tener a Flor para ?l. Este hombre, conocido como  El Tuqueque , hab?a estudiado en el liceo con Flor y desde ese entonces la hab?a estado ladillando para que se fueran a vivir juntos.

Flor, como joven inteligente y emprendedora, prefiri? declinar las groseras intenciones de  El Tuqueque , quien a fin de cuentas se perfilaba como un rolo  e malandro, pues era conocido que se las tiraba de malo y que andaba con amigotes que se la pasaban armados y tirando atracos en moto.

Flor, ahora en el a?o 2013 con 22 a?os de edad, viv?a feliz con Gustavo. Ella estudiaba ingenier?a en la UC y Gustavo hab?a decidido dedicarse frontalmente a la carnicer?a. Se ayudaban mutuamente y aunque no era un cuento de hadas urbano, se le parec?a mucho. La vida de ambos promet?a.

Desgraciadamente el hado funesto, encarnado en la curtida piel de  El Tuqueque , estaba dispuesto a acabar con aquella felicidad. Es verdad que hab?an pasado 5 largos a?os desde que Flor y Gustavo se casaran, pero en todo ese tiempo,  El Tuqueque no hab?a olvidado. Al contrario, su mente enferma lo hab?a empleado en consumar su aterradora venganza.

Lo colg? con un gancho

para reses muertas

Un d?a el sigiloso  El Tuqueque se plant? frente a la carnicer?a de Gustavo y ah? esper? con paciencia diab?lica hasta que lleg? la noche y todos los empleados se hab?an marchado. Sabiendo que Gustavo era el ?ltimo que se iba,  El Tuqueque lo enca?on? cuando cerraba la puerta y lo oblig? a ingresar de nuevo en el local.

Lo que ocurri? esa fat?dica noche fue espantoso. Enloquecido,  El Tuqueque le reclam? a Gustavo que le hubiera quitado a Flor y que por eso lo iba a liquidar ah? mismo. Abismado ante el peligro que corr?a su vida, Gustavo quiso dialogar con el delincuente. En un instante, Gustavo crey? que aquel criminal hab?a comprendido que no era su culpa que Flor lo hubiera elegido a ?l. Aquello era como tratar de negociar con un tiranosaurio rex. A  El Tuqueque le entraban las palabras por un o?do y le sal?an por el otro, solo estaba concentrado en hacer sufrir a quien  le quit? a su mujer .

 Expl?came todo lo que t? quieras, pero igual te voy a asesinar . Esas t?tricas y siniestramente pausadas palabras se escapaban de la boca de  El Tuqueque como un vaho siseante y pestilente que se arrastraba como una serpiente grasienta por el sitio lleno de sangre, lenguas, patas, carne y v?sceras bobinas.

Gustavo sinti? entonces un escalofr?o que recorr?a su espalda y estuvo seguro de que le ser?a imposible escapar de aquella bestia taimada que le cortaba la v?a de escape empu?ando un cuchillo carnicero como si fueran las garras de una g?rgola siniestra.

Gustavo sinti? el dolor cuando el fr?o metal se hinc? en su carne. El asesino le enterr? el cuchillo hasta la empu?adura, raj?ndole el est?mago y haci?ndole verter las tripas como un torrente que se mezcl? con la sangre de la vacas y los toros en el piso del establecimiento.

A la ma?ana siguiente cuando llegaron los trabajadores a la carnicer?a, se dieron cuenta de que algo no andaba bien. Eran ya las 8:00 a.m. y Gustavo no hab?a abierto la santamar?a. Pasaron algunos minutos m?s y entonces llamaron por celular a Flor, quien les comunic? angustiada que Gustavo no hab?a vuelto esa noche a su casa. Pero fr?a, antes que las autoridades y acompa?ada por los trabajadores, ingres? en el establecimiento.

Lo que vieron fue espantoso. Colgando de un gancho donde se colgaban las reses muertas, estaba el cad?ver del mismo Gustavo. Flor peg? un grito horr?sono que retumb? en todo el local y les puso los pelos de punta a sus empleados. Lo hab?an colgado por la espalda y toda su sangre estaba vertida por el piso, las paredes y hasta chispeaba el techo.

Le robaron el dedo

con el anillo de matrimonio

Aquella escena macabra pintada con sangre humana ten?a una particularidad: que el asesino (o los asesinos) le hab?an cortado de ra?z el dedo anular a la v?ctima. Precisamente donde usaba su anillo de matrimonio.

Aquella atrocidad no era suficiente como para creer que el horrendo crimen hubiera sido perpetrado solo para robarle aquella joya a la v?ctima. Hab?a algo m?s. Los investigadores para casos especiales de la Polic?a Cient?fica, Carlos Salinas y Mario Pinto, entraron nuevamente en acci?n y siguieron la pista del sangriento asesino.

El tipo hab?a dejado muchas huellas en el lugar del crimen, as? que se determin? que el asesino no era otro que el mism?simo  El Tuqueque . Conociendo todo el relato de la joven Flor, los agentes ataron cabos y determinaron que este delincuente asesin? a Gustavo siguiendo ?rdenes del demonio de los celos, cuya ira homicida desencadenada por los mismos hab?a acumulado por a?os en su coraz?n. As? que el presunto m?vil del espeluznante crimen no era el robo, sino que se convert?a en algo pasional.

Los agentes buscaron hasta debajo de las piedras a  El Tuqueque , y al final lo hallaron en un rancho ubicado en una zona inaccesible en la v?a a Bejuma. El tipo se hab?a suicidado. Se hab?a hecho el harakiri, luego de que ?l mismo se sacara los ojos con un punz?n. Seg?n relat? uno de sus hermanos,  El Tuqueque , desde ese d?a en que lleg? con el anillo, se hab?a vuelto loco.

Se sac? los ojos a s? mismo

Este hermano de nombre Ram?n y un primo de nombre Horacio (los ?nicos familiares de  El Tuqueque ) dijeron que no sab?an lo que hab?a pasado, pero relataron que el mes que  El Tuqueque dur? escondido en esa casucha, los asustaba mucho, porque no dejaba de babear ni de ver el anillo de oro.

Gesticulaba cosas locas como:  ahora el anillo y ella son m?os . Luego, lloraba y pegaba chillidos espantosos, haciendo como que apartaba a alguien de enfrente y parec?a explicar al ente invisible algo as? como que:  ?te mat? porque me la quitaste! .

Esos d?as fueron tan terribles que Ram?n y Horacio se pintaron de colores, dejando solo en el rancho a  El Tuqueque , pues hasta en una noche de ?sas, parece que se le meti? un demonio y empez? a pegar aullidos y a hablar incoherencias. Su rostro se transfigur?. Sus ojos enrojecieron y de su boca sal?an apestosos espumarajos blancos y verdes.

Parec?a que el anillo (que no soltaba hasta en los peores trances) lo estaba consumiendo como al Gollum de  El se?or de los anillos . Era monstruoso. El asesino sufri? parecido proceso degenerativo en su cuerpo y alma que el personaje ficticio, pero mucho m?s r?pido y terminante.

Cuando los funcionarios para casos especiales consiguieron el cad?ver de  El Tuqueque , ten?a el anillo puesto en el dedo anular y hab?a escrito con sangre en el piso de cemento la palabra  Flor . El sujeto se salv? de ser detenido y de responder ante la justicia de los hombres por el asesinato de Gustavo, pero no se salv? de la justicia divina y ahora seguramente est? purgando condena en alguna paila del infierno. Caso resuelto.

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