El cambio se da con la participación común

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El maestro Santoro atiende y forma a quienes se preparan en la plástica dentro de la Academia de Arte "Giovanni Battista Scalabrini", que funciona en los espacios de la iglesia San Antonio, en la urbanización Prebo de Valencia. Grupos numerosos y diversos se reúnen para conocer y aprender sobre el arte, "en la escuela tenemos grupos muy grandes, en general son casi 400".

Santoro tiene 18 años en Venezuela. Llegó cuando ya contaba 40, luego de trabajar en San Petersburgo haciendo restauraciones a la capilla de San Nicola. Cuando le dijeron que viniera al Caribe se entusiasmó debido al carácter latino que conocía del país y lo "apasionado" que se mostraba desde el punto de vista artístico. 

En la academia se enseñan muchas cosas, entre ellas a colaborar; inclusive ésta es la forma en que se mantiene la escuela, bajo un sistema de colaboración, "hay quienes pueden pagar y otros que no, y se reciben por igual para que aprendan bajo las mismas condiciones", explica Santoro. 

Pero esos recursos que ingresan a la academia no solo sirven para mantener la escuela de arte, con ellos se atiende un comedor popular para los adultos mayores en el barrio José Leonardo Chirinos. Existe un centro médico en los espacios de la iglesia San Antonio que atiende a todos quienes lo necesiten. De esos recursos se pagan los gastos de tratamiento, se les brinda medicinas, se ayuda a niños con cáncer. "Todo ese dinero que viene de la cultura realiza otro tipo de cultura, la de la solidaridad. La cultura es comúnmente gratis, solamente que aquí, con la colaboración que se tiene, se puede hacer algo que es justo. Un  concepto de solidaridad y participación".
Francesco Santoro dice ser artista de toda la vida, "de chiquito preparaba los colores a los maestros que estaban pintando. Me formé en la bodega del artesano, y como siempre dibujé, mi mamá me dijo 'vete con el cura y aprende'. Y si ahora los muchachos no tienen un azul, por ejemplo, les enseño cómo se hace. No es necesario ir a comprarlo. Mis maestros me lo enseñaron todo, y por eso también lo hago, por el mismo espíritu. Dar todo lo que uno tiene a los muchachos. Llegué hasta donde llegué y ellos podrán hacerlo hasta más adelante. Ésa es la idea de la cultura". 

Para Santoro la cultura es más de lo que se cree, es el conocimiento mismo, "no solamente son los estudios, informaciones, la historia de Venezuela o de Latinoamérica; cultura es la manera en cómo nosotros nos relacionamos, cómo hablamos o usamos nuestro conocimiento".

Este especialista del arte se ha dedicado en gran medida a la escultura y a la pintura donde destaca la elaboración de frescos, como los que ha realizado en importantes espacios religiosos internacionales y que podemos ver en la iglesia San Antonio. Se preocupa por lo que se está haciendo en la actualidad al promover  la cultura del odio. "Estamos levantando muros". 

Santoro, mirando las calles por las que no se podía pasar, está convencido de que se debe comenzar a entender la importancia de promover los cambios, "ésa es una manera para hacer protesta, sí, porque el hombre puede protestar, tiene el derecho de expresar su condición, pero también es una separación, nos divide, es el muro del odio, la injusticia, la pobreza. Todos estos muros nosotros, los hombres, a través del conocimiento, de una pequeña participación, tenemos que tumbarlos y unirnos de muchas formas, a través de la dialéctica, de la honestidad del arte".

– ¿Cuándo promover la cultura?

– Cuando se le permite al muchacho tener una mirada panorámica sobre lo que ha sido el pasado, lo que es el presente en el cual estamos trabajando juntos y, ese trabajo que lo prepara y le da una visión para el futuro; que él vea lo que es su país.

Están creciendo solos, delante de pantallas (internet). Son capaces de comunicarse a través de una pantalla, pero en el momento que se encuentran físicamente no se saben expresar. Ése es el drama de nuestros sistemas, y para ellos todo lo que les llega a través de la pantalla es el "credo absoluto". 

– ¿Son  momentos de reflexión?

– Queremos es invitar a toda la comunidad a hacer un pequeño examen de conciencia en estos días de tormento que estamos teniendo, porque vivimos en estrés y tensión, tanto los que participan como los que no en la protesta. Hay que invitar a la gente a reflexionar sobre lo que queremos potencialmente que es entender que tenemos el deber de utilizar, amplificar y desarrollar la cultura como elemento de la comunicación, no solamente entre nosotros, la escuela o las academias, sino también a nivel político.

– ¿Qué necesita la comunidad?

– Informarse, leer; no leen nada. Eso es algo que le cuesta a Venezuela. Vamos a la playa, sí, pero llévate un libro. La vida no es nada más gozar, alguna vez hay que aprender a renunciar a algo y tomarse un compromiso todos los días;  conmigo, mi familia, mi hijo, amigos, colaboradores y también con la sociedad.

– El hombre en la cultura sabe hablar bonito de cualquier cosa pero antes que todo debe hacerlo de Venezuela, de lo que vive, de lo que ha sido, de los hombres, de la cultura que la han elevado y que han puesto en alto el orgullo de Venezuela; es decir, antes debemos hablar entre nosotros y después podemos abrir el discurso al continente Latinoamericano. La cultura es algo detrás, somos la cultura, nuestro tiempo lo es. 

– ¿Ese discurso debe venir de los jóvenes?

– Mira lo que los jóvenes están haciendo. ¿Cuántos adultos hemos visto en las calles? ¡Ustedes se lo habrán preguntado también! No se puede decir que no hacemos política, porque en el momento que voy a comprar un tipo de pan, o de zapato, estoy haciendo política. Pero, ¿por qué los jóvenes se han puesto a protestar en las calles? Porque son jóvenes, porque sienten que les están quitando algo. Ellos están más en comunicación que nosotros los adultos, tenemos otros problemas y nos ocupamos de otras cosas, mientras que ellos son más y están mirando atrás del monte lo que hay, porque están en comunicación con el resto del mundo a través de los medios y en este caso la red lleva algo de positivo, se dan cuenta que las condiciones no son propiamente lo que están viviendo, por un motivo o por otro. Los adultos nos metemos a la casa porque tenemos miedo.
– ¿Por qué tenemos miedo?

– Somos más cobardes, porque somos más sabios; es una contradicción, pero es así. Significa que la pureza de ánimo que tiene un joven que se puede estar equivocando o no, estar haciendo el bien o no, no lo sabemos, hace que se ponga en riesgo a sí mismo. 

He visto muchachos con heridas de bala encima y me duele el corazón. Pero más allá de la política, tú, padre, policía, hombre de orden social, cuando disparas, ¿a quién crees que le estás dando?, ¿a un muñeco? También es un hombre, es un ser humano, que no puedes tocar ni siquiera aunque él esté haciendo algo que no está bien. Te puedo parar, llevar a juicio donde hay hombres, supuestamente con la cabeza limpia, que te pueden juzgar. Pero no ¡Te doy un perdigonazo o te doy con un palo! ¿Dios no nos ha dicho que tenemos que respetar este cuerpo que ni siquiera es de nosotros mismos? Estamos gestionando el mundo de nuestros hijos pero lo estamos gestionando mal. 

– ¿El cambio tiene que venir desde la participación común?

– Sí, en una palabra la participación común, que viene de la sensibilización de la verdad y por eso pongo bajo acuso todo lo que es falso que viene en la red, todos los engaños económicos, porque por la economía son capaces de hacer cualquier cosa. Se está produciendo una cultura y viene a través de las artes, literatura, música, de una falsedad enorme.  Los muchachos tienen cosas que no les sirven, que no los forman interiormente. 

Es como el papá que confía en las instituciones y lo lleva porque allá algo aprenderá, y se limpia un poquito la responsabilidad, porque saca una montaña de dinero para que su hijo pueda ser algo. Y al final voltea el papel y ¡Cónchale! el papel está en blanco. Y se pregunta: ¿Y qué aprendiste? ¿Qué te enseñaron? He pagado todo ese dinero para que tú no aprendas nada?

Soy quien tiene que controlar a ése que forma a mi hijo o cuál es la cultura que rige el sistema social hoy en día. Tengo que ponerme en la noche a decir, ¡eres carne de mi carne hijo, y quiero que crezcas bien! Tenemos que luchar mucho para que el mundo cambie y la sensibilidad humana se eleve un poquito más. Eso es también cultura.

Tenemos que recomendar a todos los que son formadores de los jóvenes el trabajar por una cultura verdadera, honesta y que no se venda, porque el saber tiene que llegar del corazón. 

Un profesor verdadero casi encuentra placer en dar clases o formar a un muchacho, porque transfiere una formación filtrada a un joven que la agarra, la sube un poco más y él a otros más, y así es que se eleva el hombre. Eso es lo que tenemos que demandar.

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