El curioso caso del asesinato del pobre payaso vikingo (2113664)

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Lucio Anneo S?neca dec?a que la avaricia arrebata a los dem?s lo que se niega a s? misma, y ten?a mucha raz?n tal como lo podremos constatar por el caso que a continuaci?n relatamos.

La escena era particularmente macabra; aunque tambi?n ten?a algo de rid?cula. Las piernas r?gidas, enfundadas en aquel pantal?n con lunares rojos sobre un fondo chill?n y multicolor, sobresal?an del sof?. Seg?n observ? Carlos, el investigador del Cicpc Carabobo, el rigor mortis indicaba que lo hab?an asesinado hacia unas horas.

La v?ctima era un payaso que “mataba cualquier tigre” para ganarse la vida, por lo que sus compa?eros le dec?an el payaso BBC. Con eso no se refer?an a la cadena brit?nica de noticias ni nada de eso, sino que con esas iniciales burlonas apuntaban a Michael Stern como a un payaso de “bodas, bautizos y cumplea?os”.

Por calzado, el cad?ver ten?a botas de color rojo, de punta bulbosa levantada con suela de goma azul y gastada. En realidad, eran desmesuradamente grandes para un pie peque?o, pero cumpl?a los requerimientos del payaso fracasado que yac?a ah?, con una extra?a sonrisa tan roja como su redonda nariz, descollando sobre el blanco cera de su rostro.

Al agente Carlos, y a su compa?ero Mario, comisionados para investigar el caso, se les antojaba que la l?grima pintada bajo el ojo izquierdo hac?a m?s grotesca la escena. “Una verdadera tragicomedia”, pensaba Carlos mientras Mario, menos dado al dramatismo, inspeccionaba el cuerpo.

Los jefes de la Delegaci?n sab?an que cada uno de ellos ten?a su poder deductivo, y que unificados hac?an maravillas. Por eso siempre los dejaban trabajar juntos. En pocos minutos, establecieron la forma en que el Payaso hab?a sido asesinado.

-Lo estrangularon con su propia corbata rid?cula-, dijo Mario.

-S?-, certific? Carlos-. Alguien se coloc? detr?s de su cabeza mientras pasaba la borrachera acostado en el sof?. Luego de pasarle la corbata por el cuello, tir? fuerte y le quebr? la tr?quea. Aqu? hay huellas de puntillas de un zapato sobre la p?tina de cera de la baldosa-.

-?Aj?! Pero no fue un solo asesino. Al menos otras dos personas lo sostuvieron fuerte de pies y brazos y mientras daba pataletas, tambi?n lo apu?alaron-, explic? Mario se?alando la enorme mancha de sangre sobre el pecho que eclipsaba los dem?s colores.

El rostro, de pintura corrida, denotaba que le hab?an golpeado y que intentaron taparle la boca, emborronando el maquillaje, pero estampando perfectamente huellas dactilares, que pronto fueron fotografiadas, escaneadas y posteriormente agrandadas para introducirlas en una computadora en Caracas donde pudiera establecerse qui?n era el due?o de tales improntas.

Sobre la v?ctima, fueron encontrados m?ltiples cabellos de los posibles asesinos, e incluso en las u?as del difunto hab?a trocitos de piel, que Carlos, con sus manos enguantadas, meti? en tubos de ensayo y devolvi? al malet?n de criminal?stica para ser llevados a an?lisis.

Con todas esas evidencias, el caso estar?a resuelto en pocos d?as. Pero. ?por qu? matar a un payaso fracasado? Un sujeto de quien sus mismos vecinos dec?an que apenas ganaba para comer y que, como payaso, era una calamidad. “Una vez, en una fiestecita de ni?os, se meti? rolo `e pea con una botella de cocuy de penca que ten?a escondida en su disfraz y fue sacado a trompadas por los padres enfurecidos por indecente. ?casi lo linchan!”, tal fue la declaraci?n de la due?a del anexo donde viv?a el payaso alquilado al sur de Valencia.

A la pregunta de que si sab?a de alg?n enemigo del payaso, otro vecino dijo: “?Ah!, si es por eso, muchos de sus clientes quer?an matarlo”. L?gicamente esa sarc?stica afirmaci?n no fue tomada en cuenta.

Era un misterio, pero como los asesinos matan “hasta por deporte”, no se descartaba ninguna hip?tesis. Ya hab?an pasado los tiempos en que todo caso de homicidio se etiquetaba con “venganza”. Ahora era diferente, pero los criminales no hab?an ca?do en cuenta de que la era de la impunidad estaba pasando a la historia y que agentes como Carlos y Mario eran los encargados de eso.

En varios d?as, los resultados de cabellos, sangre, ADN, piel, pisadas y huellas dactilares estaban completos. Con una orden judicial, Carlos y Mario fueron y apresaron al sur de Valencia a los sospechosos, quienes resultaron ser tres asesinos a sueldo con caras de boxeadores masacrados. Ellos solo eran los autores materiales, pero ?y el autor intelectual?

Los sujetos solo dijeron que se les hab?a contratado por tel?fono. Alguien consigui? el n?mero telef?nico de uno de ellos, y sabiendo que eran “choros”, les ofreci? dejarles dos mil bol?vares para cada uno si mataban al despreciado payaso.

A Carlos se le ocurri? que el autor intelectual viv?a en el mismo vecindario que la v?ctima y los asesinos. Mario averigu? en la base de datos todo acerca del payaso Michael Stern, y. ?lo que descubri? fue sorprendente!

Llamaron a la embajada venezolana en Berl?n y supieron que Stern era el beneficiario de una gran suma de dinero, dejada por su abuela materna. Hac?a a?os sus padres le hab?an echado de su lado por vago y viva la pepa. ?l vivi? primero en Espa?a, luego en Argentina, Chile y por ?ltimo en Venezuela. Con cada mudanza, su dinero iba menguando, as? como su nivel de vida y las urbanizaciones donde resid?a. Al fin termin? alquilado en un barrio pobre del sur de la capital carabobe?a y trabajando de payaso para no morirse de hambre. Al fallecer sus padres en un accidente de avi?n ocurrido el 3 de mayo de 2006, cuando cay? un airbus de la compa??a armenia en el mar Negro en Sochi, la abuela decidi? ayudar a su nieto antes de morir tambi?n.

La anciana nunca ver?a de nuevo a su nieto, pero antes de fallecer le envi? la cantidad de 2 millones de euros a la embajada alemana en Caracas para que, de conseguir al payaso, se le entregara formalmente. En el testamento tambi?n dec?a que si por cosas del destino ?l estaba muerto, se les concediera a sus hijos (si los ten?a) o, en su defecto, a su mujer (si tambi?n la ten?a).

Carlos y Mario pidieron a la fiscal otra orden y fueron de nuevo al barrio. Se plantaron frente a un rancho de lata y zinc.

-?T? crees que alguien que va a cobrar 2 millones de euros va a vivir en un rancho?

-S?, para no levantar sospechas y por la sencilla raz?n de que todav?a est? “pelando” porque no ha cobrado el dinero-, respondi? Carlos.

Ese d?a detuvieron a una mujer de unos 37 a?os, pobre, pero estudiada y muy astuta. El caso estaba resuelto. Ella hab?a planeado todo. Hac?a unos meses se hab?a casado con Stern, luego de recibir una carta de la embajada alemana en Caracas que abri? sin permiso de su marido. As? que decidi? llevar a cabo el plan, pensando que nadie llegar?a, ni de lejos, a saber qu? diablos hab?a pasado. Consigui? a dos compinches (uno de los cuales era su amante) y llev? a cabo el crimen. Y aunque por ley le toca el dinero, fue a parar al anexo de mujeres del penal de Tocuyito por homicidio, donde todav?a permanece. Sus c?mplices tambi?n fueron detenidos y los mandaron “pa’ la grande”. Caso resuelto.

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