El experimento venezolano

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A veces pienso que Venezuela se hace un experimento sociológico, donde se empuja, se quita la comida, se aturde y se hace caminar por horas a los sujetos, tal como lo hacen algunos niños inconscientes a los animales, sin empatía con la tortura que sufren los animalitos. He visto a muchachos ejercitarse tirándole piedras a las palomas, tratando de agarrar por el rabo para darle vueltas en el aire a gatos y a iguanas y sacándole patas a los insectos, “para ver qué hacen”. Se trata de una absoluta falta de empatía con los animales. Los tratan como si no les doliera en absoluto lo que les hacen. Con los venezolanos, alguien practica lo mismo.

Hace un tiempo, cuando los apagones se hicieron comunes, afectaban a los caraqueños a las horas pico del tránsito. Mientras las autoridades nombraban como culpables del desastre eléctrico a inimputables zamuros o iguanas, nosotros, los ciudadanos, teníamos que  tratar de salir de nuestros trabajos y llegar a nuestras casas, caminando kilómetros, a veces de noche, cuando se hacían caravanas a pie, rezando por debajito para que  a nadie  lo atracaran, para que todos pudiéramos llegar a salvo, por trechos oscuros de autopistas, por parques solos. Sin energía, se desaparecen autobuses y taxis, cierran los negocios, no hay comida, agua ni ascensores. 

Esta semana, se les pasó la mano. Primero, hace un calor de cuatro mil demonios, porque ya llega Semana Santa. Después, no hay posibilidad de que le avise a uno ningún medio de comunicación social, que está sucediendo una manifestación, un cierre de vías ni nada en tiempo real, porque a todos los tienen amenazados con sanciones por alarmar a la gente. Así que cuando  algo así como cuatrocientos motorizados salieron una mañana de esta semana y empezaron a trancar avenidas y autopistas del este de la ciudad, nadie se dio cuenta hasta que estuvo metido en el desastre. Reclamaban porque había informaciones de que estaban secuestrando niñitos en las escuelas.

Yo ya no tengo escolares a mi cargo, pero sí conozco a varias mujeres con esa responsabilidad, que decidieron, por sí o por no, prohibir que salieran los niños con las abuelas y suspender  paseos y consultas, en vista del rumor insistente.

Y el desastre que causó el cierre de vías fue de pronóstico. Los centenares de motorizados que salieron a protestar estaban organizados y no robaron ni mataron a nadie, pero demostraron que pueden hacer cuando se molestan. 

La respuesta del gobierno fue desmentir el asunto, diciendo que es una campaña de un asesor de políticos, J.J. Rendón y del alcalde Ocariz. Yo dudo mucho que tal levantamiento motorizado se haya debido a instrucciones de los susodichos, a quiénes no les conocía ese poder de convocatoria. Otro gobierno, en otro país, hubiera colocado preventivamente policías en las escuelas, aunque fuera para darle seguridad a la gente. Hubiera asegurado los centros educativos, sobre todo de las zonas pobres que fue donde se originó el problema, no sólo en la capital, sino en varios estados.

Aquí no. La Fiscal respondió sobre uno de los casos, que  había una persona acusada de fomentar el rumor y ninguna otra explicación se ha dado. 

En Caracas, lo que se ocurrió al día siguiente, debe estar en algún libro de descontrol de masas. De esos “a ver qué pasa”: después de las manifestaciones del miércoles, se anunció que se cerraría el acceso a las dos de las mayores estaciones de transferencia del metro caraqueño por diez días.  Así que un día hubo conmoción social por los motorizados, a quienes incluso Maduro les dedicó buena parte de una de sus cadenas, todo el pueblo envuelto según él en una conspiración macabra que hizo mover a  medio millar de personas y al día siguiente, desde las 6 de la mañana, se hizo que miles de caraqueños caminaran sin esperanza de traslado para llegar a sus trabajos y en la noche igual, debido al cierre de las dos estaciones de Metro. El programa de transporte del Ministerio de Comunicaciones, bien gracias.

Hubo aglomeraciones, colas sin fin en el supermercado Bicentenario que está al lado de una de las estaciones, en Plaza Venezuela, atracos, motociclistas y taxistas cobrando lo que les daba la gana, cierre de negocios y subidas de tensión.

Con una Policía Nacional desbordada, sin soluciones operativas, el gobierno lució tan desbordado como con la manifestación de motorizados donde no se presentó ni una autoridad. Lo único que se le ocurre al alto gobierno  es dificultar las posibilidades de diálogo, que han ofrecido desde otros países, donde andan angustiados, a ver si baja un poco el clima de desbarajuste que vivimos. Insultos a Felipe González, descalificaciones a los cancilleres de España y Colombia, recolecta de firmas  contra Obama en todas las esquinas de los ministerios y en el Metro, todo a  grito herido y con música a todo volumen, como si no fuera suficiente con lo atormentador que es no encontrar transporte en hora pico. Sin comida, sin transporte y sordos de tanto grito, los caraqueños caminan calle abajo y calle arriba, esperando la próxima ocurrencia de nuestros sociólogos residentes. 

(*) Periodista; editora jefe de la corresponsalía de Notitarde en Caracas.

E-mail: [email protected]

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