El extraño y polémico caso del asesinato a punta de un hallacazo (2080445)

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El 31 de diciembre, en v?speras de a?o nuevo, hizo un a?o exactamente de cuando el cad?ver de un hombre fue localizado en una casa perteneciente a un conjunto residencial ubicado en el municipio Puerto Cabello. Los vecinos que hicieron el hallazgo relataron m?s tarde a la polic?a que hab?an forzado la puerta, porque vieron salir corriendo a una mujer, cuyo rostro ambarino era iluminado por las luces de las descargas de fuegos artificiales en el cielo nocturno.

Faltaba 1 hora para que se fuera el a?o, y aquel inusual hecho llam? poderosamente la atenci?n de los vecinos que beb?an, re?an o preparaban los pirot?cnicos en la calle de la urbanizaci?n.

Varios de ellos tocaron a la puerta del se?or Alphonse Leclerc, abogado de origen franc?s de 58 a?os de edad. Cuando los vecinos pudieron derribar la pesada puerta de roble sin rejas de protecci?n, se quedaron con las bocas abiertas. Ah? yac?a tirado boca abajo el cuerpo ensangrentado de “El Franc?s”, como le dec?an ellos cari?osamente.

Muchos acudieron a ver el macabro espect?culo acompa?ado por el sonido estruendoso de los cohetes furiosos que explotaban en derredor como descargas artilleras. El asombro colectivo dio paso al miedo y pronto llamaron a los funcionarios de la Polic?a Cient?fica, quienes llegaron en unos 20 minutos a la escena del crimen.

Como “cosa rara”, al caso fueron asignados los an?nimos pero efectivos agentes para casos especiales, Carlos Salinas y Mario Pinto, quienes hab?an sido “premiados” con la guardia de fin de a?o.

Bajo el nutrido fuego de cohetes que iluminaba el cielo con bolas coloridas y explosiones normales, los agentes acordonaron la zona y de inmediato hicieron las preguntas a los testigos. En apenas 10 minutos, recabaron informaci?n suficiente para partir con las investigaciones.

El ?ltimo

crimen del a?o

Los investigadores supieron que Leclerc era un pariente lejano del famoso general Philippe Leclerc de Hautecloque, l?der del ej?rcito de la Francia libre durante la Segunda Guerra Mundial, bajo ?rdenes del mism?simo Charles De Gaulle. Pero al parecer, eso nada ten?a que ver con este crimen, dado que la v?ctima era un hombre solo, sin alguna aspiraci?n de poder o dinero que pudiera granjearle enemigos ac?rrimos como para venir a eliminarlo en esta parte del mundo que hab?a acogido como hogar desde que, junto a sus padres, abandonara su pa?s natal hac?a 50 a?os.

Cuando faltaban 30 minutos para el a?o nuevo, los agentes, utilizando sus tablas electr?nicas port?tiles, conoc?an m?s de la vida de este anodino abogado galo que todos sus vecinos en los 15 a?os que ten?an de conocerlo. Como se supo que no ten?a esposa ni hijos ni familia cercana, se orient? la investigaci?n a los conocidos de su profesi?n. Se la pasaba la mayor parte del tiempo viajando entre Puerto Cabello y Valencia. En esta ?ltima ciudad, laboraba en el Palacio de Justicia, defendiendo casos nada complicados.

Los investigadores llamaron a la fiscal y ?sta, pese a los gru?idos al otro lado de la l?nea porque le hab?an interrumpido la inminente cena en familia, les consigui? importante informaci?n. Luego les dijo a los agentes que no la molestaran hasta el d?a siguiente y que “por piedad” la dejaran por lo menos comerse las uvas y el pernil en paz.

Seg?n esos datos, “El Franc?s” era intachable. No defend?a a criminales. ?sa era una de sus inamovibles premisas, que llenaba de admiraci?n a sus colegas y le ganaba la burla de otros m?s “lobos” que no compart?an eso y que sosten?an que defender?an al mismo diablo si les pagaba. Siendo as? que parec?a improbable que alguna defensa de un delincuente haya sido el m?vil del crimen.

Faltando 20 minutos para las 12:00 de la noche, los agentes dejaron de lado la recolecci?n de datos y se concentraron en la escena del crimen. Consiguieron el celular del abogado y, al revisarlo, consiguieron las ?ltimas llamadas telef?nicas y los mensajes de texto. Seg?n esos registros, una mujer, identificada como Mar?a L?pez, de 39 a?os, ten?a una cita con la v?ctima ah? en la casa.

Era por eso que la mesa estaba impecablemente servida; platos franceses, a pesar de que predominaba la comida criolla como las hallacas, el pan de jam?n, el pernil, el pavo, las uvas, ensalada de gallina, dulce de lechosa y otras exquisiteces t?picas de la Navidad venezolana. Aunque era mucha comida, era evidente que solo era para dos, como lo apuntaba la tarjeta del centro de la esmerada mesa que rezaba: “para ti, mi mademoiselle”.

Era una exquisita mezcla de colores, sabores e idiomas que este hombre en la madurez de su vida quiso compartir con esta dama, de la cual estaba enamorado, seg?n todos los registros telef?nicos compartidos.

“No comi?

hallacas”

Entre las murmuraciones de los vecinos, los agentes alcanzaron a escuchar un “no comi? hallacas”, forma de referirse a la muerte de alguien en cualquier tono. Pero era cierto. Lo que s? se determin? fue que una de esas mismas hallacas hab?a sido una de las armas homicidas. La reconstrucci?n del crimen in situ demostraba que la v?ctima hab?a sorprendido a un ladr?n (o ladrona) con la nevera abierta y que cuando quiso enfrent?rsele para sacarlo de su hogar, le lanzaron una hallaca congelada con tal fuerza, que le parti? la frente. La ensangrentada hallaca estaba al lado del cuerpo del desdichado abogado. Luego, para asegurarse de su muerte, el (o la) homicida le clav? sin piedad en la espalda el filoso cuchillo que estaba destinado para el corte del pernil y del pavo.

Faltando 15 minutos para las 12, frente a la casa lleg? una patrulla de la Polic?a del estado Carabobo. Los funcionarios tra?an a la mujer que hab?an visto salir corriendo de la escena del crimen. En efecto, era Mar?a L?pez, la amada mademoiselle del franc?s.

“Feliz a?o,

compa?ero”

A 10 para las 12, luego de un breve interrogatorio, los agentes especiales determinaron que ella no era la asesina. Solo hab?a acudido a la cita con su amado, y al ver el cuerpo ensangrentado, sali? a la carrera aterrorizada. Posteriormente, ella misma par? a una patrulla de Polic?a y se entreg?.

Los agentes Carlos y Mario ya lo sab?an. Aquel atroz crimen ten?a como m?vil un chocante robo. El criminal hab?a entrado a hurtar por la parte trasera de la casa. Forz? la puerta de madera no tan resistente como la del frente y fue conseguido por “El Franc?s”, quien regresaba a esperar a la mujer de la que se hab?a enamorado en la tarde de su vida. Eso era “La Tregua” de su vida, como dir?a Benedetti, pero que desgraciadamente tambi?n fue interrumpida.

A 5 para las 12, consiguieron infinidad de huellas dactilares y ADN de la mano homicida en la puerta de la nevera, en el mango del cuchillo, en la puerta trasera de la casa e incluso la descripci?n del presunto asesino, quien result? ser un tal “Wissin”, quien hab?a sido visto temprano merodeando por los alrededores. Cuando lleg? el ca?onazo de fin de a?o, ya el caso estaba resuelto. Los agentes especiales no pudieron dejar de sentir pena entra?able por aquel pobre hombre, cuyo cad?ver fue trasladado a la morgue bajo un domo de explosiones de alegr?a borracha del resto de la humanidad.

Sobre la orden de aprehensi?n del presunto asesino, habr?a que esperar pasado el mediod?a del 1 de enero, pues los agentes, luego de darse el “feliz a?o, compa?ero” y prometer seguir luchando contra la impunidad, pensaron que a la fiscal no le har?a gracia que la interrumpieran la madrugada de ese nuevo a?o. Caso resuelto.

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