"El Gobierno cree que sin Chávez y sin plata su modelo puede seguir igual"

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"Cambio de modelo" es una frase común entre quienes intentan comprender cómo resolver la crisis en Venezuela. A ella se refieren politólogos y economistas, pero también ciudadanos de a pie y políticos. De tanto usarla parece haberse vuelto una idea abstracta; sin embargo, no lo es para Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), para quien tal cambio se ha convertido en el motivo central del diálogo iniciado hace un mes y congelado la semana pasada. A su juicio, en dicho modelo se conjugan dos variables: La política, por un lado, y la económica, por el otro, ambas con necesidades de cambio. 
La posibilidad de lograr estos cambios y su comprensión del Gobierno de Nicolás Maduro fueron los temas abordados por Aveledo en el Desayuno en la Redacción de esta semana, que contó con la presencia de Lucy Gómez, editora jefa de la corresponsalía de Caracas; los periodistas David Ludovic Jorge y Janet Yucra y el fotógrafo Ernesto García. 

– ¿Cuál es el estado del diálogo una semana después de que la MUD anunció que está congelado? ¿Ha habido alguna muestra del Gobierno de querer cambiar esa situación?

– Los motivos que llevaron al congelamiento del diálogo permanecen y han tenido nuevas evidencias esta semana, porque el Gobierno lo que ha demostrado es que no comprende la realidad y necesidad del país de un diálogo verdadero. La realidad lo que ha demostrado es la necesidad urgente de rectificación, ante un fracaso del modelo. 

– ¿Cuáles son las evidencias de ese fracaso del modelo impulsado por el Gobierno? 

– Una cosa muy seria, por ejemplo, es que según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de 700.000 personas hayan caído en pobreza extrema en 2013. Eso es muy grave porque el Gobierno ha justificado el desorden fiscal y el gasto público con la disminución de la pobreza, pero resulta que ahora parece haber aumentado según cifras del INE. 

– Cuando usted se refiere al desorden fiscal, ¿significa que cree que el Gobierno debe "amarrarse el cinturón"?

– Es lo que intentan hacer y se lo impone la realidad porque no tienen de dónde sacar plata para resolver. Ahora quieren legislar sobre las misiones sociales. Cuando nosotros lo propusimos en la campaña presidencial nos acusaron de querer eliminarlas, pero ahora se dan cuenta de que hay que poner orden. Lo que ocurre es que el Gobierno se ha basado en un superávit fiscal para sostener lo que los teóricos llaman un "socialismo rentista", en el que no han avanzado ni la seguridad social, ni la producción, ni el empleo ni el sector privado. Toda la economía depende del gasto público y el modelo económico colapsa. Si en ese proceso el Gobierno hace un ajuste para tener más plata, como devaluar la moneda, lo que intenta hacer es "tapar los huecos" sin solucionar el fondo del problema, que es un modelo de control que ha fracasado. 

– Así como "tapan los huecos" en lo económico, ¿no lo hacen también en lo político al entablar un diálogo con ustedes, pero no con los estudiantes, que fueron los que originaron la protesta?

– Son dos cosas distintas. El diálogo que asumió el Gobierno con nosotros lo hizo sin estar dispuesto a asumir consecuencias. Fue un diálogo político importante, porque estás hablando de una oposición política, la MUD, que en la cuenta oficial tiene siete millones y medio de votos. Ahora, también hay algo objetivo que dijimos antes de sentarnos a la mesa de diálogo y también lo dijimos después: el Gobierno tiene que hablar con los estudiantes. Ellos tienen una agenda que es por la que empezó esta inflamación del descontento social. Todas esas manifestaciones, incluso los ataques violentos que para nada apoyamos, son expresión de un descontento causado por problemas políticos cuya responsabilidad sí recae sobre nosotros, como la falta de confianza de la gente en la justicia, por ejemplo. 
– Pero sí hay que reconocer que es preocupante que haya inestabilidad en la calle y el diálogo, en el que no están todos los elementos, llega a un punto muerto…
– Insisto: a nosotros nos corresponde la agenda política. En ningún momento hemos prometido ni explícita ni implícitamente que porque nosotros estemos dialogando se van a acabar las manifestaciones. Lo que sí creemos que debe acabarse, con diálogo o sin él, es la violencia, tanto de la represión exagerada como de los factores violentos de lados contrarios al Gobierno.

Ataques de lado y lado  

Aunque no le gusta emular o "juzgar frases de otros", como el ya conocido "lado correcto de la historia" pregonado por Voluntad Popular, Aveledo parece coincidir en algo con esta frase: asegura hacer lo que cree que es correcto en relación con el diálogo. De ahí que tenga que enfrentar críticas tanto del chavismo como de sectores radicales de la oposición, a los que evidentemente presta atención. Él mismo lo reconoce al sostener: "mentiría si dijera que no me afectan". Pero no solo en esa confesión se descubre el impacto que causan las críticas en él; también es posible detectarlo en el desdén con el que compara los cuestionamientos al diálogo político y la ausencia de dudas en la población sobre el económico. 

– ¿Después del diálogo político no sienten que el Gobierno los utilizó para ganar tiempo y mostrar una cara democrática?

– Si el Gobierno intentó utilizarnos fracasó, porque queda demostrado que nosotros estábamos y estamos dispuestos al diálogo y ellos no. El país quiere diálogo, porque lo dicen las encuestas. La mayoría lo reclama. Respecto al argumento de ganar tiempo, creo más bien que el Gobierno lo pierde, a diferencia de lo que dicen quienes critican. Hay algo curioso: el diálogo político se suspendió al mes, porque nosotros exigimos muestras concretas de disposición, pero el diálogo económico tiene dos meses y la propia directiva de Fedecámaras dice que va muy lento, que produce resultados muy marginales. Sin embargo, yo no veo que haya la misma resistencia para que los empresarios se paren de la mesa de diálogo económico. Igual ocurre con la protesta, que por ejemplo ya tiene cuatro meses y no he visto a quienes reclamen para abandonar la protesta. Todo esto lo que demuestra es que estamos en presencia de un Gobierno muy testarudo.

– Si no dan resultado ni las elecciones, ni la protesta ni el diálogo, entonces, ¿cuál es la vía? 

– Lo que hay que tener claro es que lo equivocado es el Gobierno, la manera de gobernar. Hay gente que defiende la protesta como único camino y ataca al que dialoga y viceversa, pero por ahí no van los tiros. El ataque debe ser contra la forma de gobernar. 
– Entonces lo que hay que cambiar es el Gobierno… 

– Lo que hay que cambiar es la forma de gobernar, para lo que hay dos maneras: o el Gobierno rectifica o es cambiado, pero ese cambio tiene que ser de manera constitucional. Ésta es la política de la Mesa. Es muy riesgoso simplemente lanzar al piloto del avión porque no me gusta como lo conduce. 
– ¿No hay una posibilidad en el medio? 

– No. Las modalidades constitucionales son las que están previstas. Si yo estoy reclamando al Gobierno que hay que actuar de acuerdo con la Constitución, la salida que planteo no puede ser por fuera de ella. 

– La MUD hace mucho énfasis en sus aspiraciones para la sociedad venezolana, pero no en sus aspiraciones políticas. La política es alcanzar el poder; ¿ustedes mantienen esa aspiración de alcanzarlo?

– El objetivo de la política es ejercer el poder para unos fines; no solamente alcanzarlo. Hay quienes lo alcanzan y no saben qué hacer con él. En la MUD tenemos un propósito: lograr una sociedad democrática para que todos podamos progresar en paz. Eso presupone que nosotros conquistemos el poder. Por eso es muy distinto el que ve la tarea opositora como oposición simplemente al que la ve como alternativa de poder, la cual tiene la obligación de plantear un reclamo, pero también una esperanza. Uno de los aportes cualitativos de la MUD a la oposición ha sido darle contenido, un programa, que es lo que se pretende. Éste es el tipo de país que estamos pensando. No queremos el poder de cualquier manera ni venga quien venga; queremos un cambio pacífico, democrático, constitucional y electoral. Una "transición a la venezolana", que será, como todas las otras transiciones en el mundo, muy particular. Ya se está viviendo una primera transición: del liderazgo carismático del difunto Chávez al burocrático de Nicolás Maduro, quien no tiene ni el carisma ni el dinero que tenía su predecesor. El Gobierno cree que sin carisma y sin plata todo sigue igual. 

Conspiración para tapar la derrota en municipales

La convicción de mantener el camino electoral fue lo que motivó a la MUD a participar en las elecciones locales de San Diego y San Cristóbal luego de la destitución de sus alcaldes, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, en las que se produjeron resultados que, para Aveledo, dieron lecciones tanto al Gobierno como a la oposición: "Hubo una sanción al Gobierno por parte de los electores chavistas y un premio a la Unidad. El Gobierno había convocado a esas elecciones creyendo que la oposición no iría unida y perdería esas dos alcaldías", explica. 

– ¿Qué demostraron las elecciones del domingo pasado? 

– En primer lugar, se ratificó que la protesta es votando y que cuando las diferencias de votación son grandes no hay trampa que valga. Fuimos a esas elecciones a pesar de que había quienes decían que participar significaba convalidar el atropello. Pero la MUD también tiene que reconocer algunas señales de esta elección.
– ¿Cuáles son?

– El valor de la Unidad. Los electores votaron por esa tarjetita chiquita de la Unidad. Se demostró que como tenemos tanto los dispositivos políticos como normativos para ponernos de acuerdo rápidamente, eso se percibe como un atractivo adicional para los electores; un valor mayor que los miembros de la MUD por separado, que son sus protagonistas. La posibilidad de acuerdo se vio en que apoyamos por igual tanto a Patricia de Ceballos, cuyo esposo es de Voluntad Popular, como a Rosa de Scarano, cuyo partido, Cuentas Claras, ha estado en consonancia con la posición mayoritaria de la MUD. En ambos casos pudo darse la confluencia absoluta de todos los partidos, lo que indica que hay algunos valores más fuertes que las diferencias internas que podamos tener. 
– Y que brindan resultados…

– Por supuesto. Por ejemplo en San Diego, aunque la MUD sacó ocho veces más votos que todo el Polo Patriótico, al comparar por tarjetas, el Partido Socialista Unido de Venezuela sacó diez veces menos votos que la tarjeta de la Unidad. Convocaron una elección forzada y la perdieron así. Ameliach debería tener la cabeza escondida, porque expuso a su partido y a su Gobierno a ese ridículo catastrófico de perder nuevamente San Diego. Con razón inventaron un magnicidio: en la misma semana recibieron esa paliza, se conocieron las cifras sobre pobreza extrema y hubo cantidad de manifestaciones internas. 
Tutela sí, sanciones no.

Más interés le inspira al Secretario Ejecutivo de la MUD hablar acerca de las sanciones impuestas por EE.UU. a funcionarios del Gobierno venezolano, tema por el que también fue acusado, pero del que ya "se da por satisfecho" luego de las declaraciones en las que la subsecretaria de Asuntos Hemisféricos de ese país, Roberta Jacobson, aclarara que no hubo ninguna petición de la instancia opositora respecto al tema, ni a favor ni en contra. 
– ¿Cómo interpreta la MUD las sanciones? ¿Era lo que esperaban? 

– La primera vez que se habló de eso dijimos con claridad la posición de la MUD: somos contrarios a sanciones contra los países; es un principio nuestro como política exterior. Nos parece que los pueblos no deben pagar las culpas de los Gobiernos. Eso es distinto a las sanciones a individuos, que puede decidirlas Estados Unidos o cualquier otro país y que no son extraterritoriales. Lo único extraterritorial es la tutela internacional de los derechos humanos, algo que la MUD sí ve con buenos ojos, pero en el caso de estos actos del Gobierno de EE.UU. no hay por qué estar apelando a la soberanía, porque son sanciones personalísimas. Una violación a la soberanía es cuando otro país quiere imponer reglas y condiciones, y nosotros estamos en contra de eso. 
– ¿Qué opina de las reacciones que ha habido contra esas sanciones por parte de organismos como Unasur?  

– Resulta curioso que Venezuela ha dado tanta importancia a la resolución de Unasur condenando las sanciones, pero no ha dicho "esta boca es mía" para referirse a otras decisiones que tomó el organismo respecto al tema de los derechos humanos, como la solicitud de que Venezuela se mantenga en el Sistema Interamericano.

– Siguiendo en el ámbito internacional, ¿cómo evalúan el rol de los mediadores externos en el diálogo? 

– Originalmente el diálogo es entre Gobierno y oposición. El hecho de que haya "tercería" internacional evidencia la gravedad de la situación venezolana, hasta el punto que Gobiernos extranjeros e incluso el Vaticano se ofrecen como facilitadores del diálogo. La idea del mediador es, en principio, que garantice, facilite y en última instancia medie entre las partes. Su papel va evolucionando y continúa haciéndolo. Si entre nosotros mismos somos capaces de ponernos de acuerdo, mejor aun, pero si no lo somos o no nos ponemos de acuerdo tan eficientemente, pues tendrán un rol más activo, que la realidad irá dando.

Ventana

"La venganza no puede ser justicia"

"Los presos políticos". Tres palabras que se pronuncian en segundos, pero que conllevan la carga pesada del encierro, del dolor y de la enfermedad, no solamente de quienes padecen esta condición, sino de sus familiares y hasta del país que clama por justicia. "Porque es una situación que envenena la convivencia", según Ramón Guillermo Aveledo, a quien le cambia la voz al referirse al asunto. La situación del comisario Iván Simonovis merece especial atención del invitado, pues considera que en este caso se han cumplido no solo los requisitos de ley para que obtenga beneficios procesales. "No solo una medida sustitutiva de libertad aplicaría, por el tiempo que Simonovis lleva preso, sino que también es necesaria la medida humanitaria que le permitiría recibir el tratamiento médico para las dolencias que le aquejan", argumentó Aveledo.

Relata que en la reciente revisión que se le hizo, a petición de la Mesa de la Unidad, los médicos corroboraron la cantidad de enfermedades que padece, lo cual empeorará con la huelga de hambre. En este sentido, el entrevistado fue muy cuidadoso, pero se atrevió a decir que no aconseja una huelga de hambre. Sin embargo, comprende "la desesperación, ante la cantidad de veces que le han ilusionado. Debe haber una solución justa, espero y deseo fervientemente que no se repita con Simonovis la tragedia de Franklin Brito. De verdad que sumo mi voz, la Mesa lo planteó en el diálogo, y a nivel internacional también lo han dicho, para que haya una solución justa". 

Sobre los demás presos políticos "la solución es la amnistía y vamos a seguir luchando por eso, aunque no quita que pueda haber decisiones individuales". Mencionó a los demás policías presos junto con Simonovis que "son los últimos que quedan de abril de 2002, todos los demás están fuera". A ellos también podrían aplicarles beneficios procesales, por la misma razón que al comisario, al haber cumplido 10 años en prisión. Aveledo abogó además "por los alcaldes 'Enzo' Scarano y Daniel Ceballos, por los estudiantes presos por protestar y la cantidad de dirigentes sindicales, indigenistas ambientalistas y sociales que desde hace tiempo están sometidos a procesos. Eso tiene que resolverse, porque es un factor de envenenamiento en las relaciones sociales", ratificó.

 Trajo a colación el hecho de que hace poco tiempo, al ex alcalde de Valencia Edgardo Parra le dieron casa por cárcel. "No juzgo la situación del ex alcalde, no conozco su situación de salud. Pero si estuvo preso durante 10 meses por delitos de corrupción y fue beneficiado con una medida humanitaria, ¿por qué no habría de serlo una persona que lleva presa 10 años y su salud amerita ser atendida en su casa?". Ante la insistencia del Gobierno acerca de que no concederá esas medidas, el invitado sostiene que "hacen mal". 

A Ramón Guillermo Aveledo le preocupa la división entre los venezolanos y eso que se está haciendo costumbre que es que "no nos importe el dolor de los otros (…) en el país no se puede seguir el mensaje del odio y la venganza. La venganza no es justicia". Sobre Leopoldo López, cree que han retrasado el proceso porque no existen los elementos que prueben los delitos que se le imputan. "Lo acusan de cosas que fueron imposibles que cometiera".

 

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