El imperialismo por sí mismo

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Julio César es un personaje histórico, y un personaje literario (en Shakespeare, etc), también es un escritor. De él se conservan dos libros: Comentarios de la Guerra de las Galias, y  De la Guerra Civil, y es por el primero que se considera un artista de la escritura. 

Sobre Roma, Pompeyo y César, De la Guerra Civil solo se lee por su interés histórico. Distinto el caso de La Guerra de las Galias que gusta como Diario en tercera persona con descripciones de los asedios, defensa de ciudades, conquistas, y maquinas de guerra. Es un discurso sobre el colonialismo desde dentro: el poder y la etnología, descripción para su dominio de la cultura de galos, germanos, bretones (futuros dominadores siglos después). Y por ultimo: pese a su realismo es un libro maravilloso, real maravilloso, de druidas y caballeros, donde hallamos la primera mención del Unicornio. Todo esto escrito en un estilo sobrio, casi científico en el sentido de la ciencia militar, un lenguaje metálico donde engasta metáforas y agudezas psicológicas, tras un fondo de estoicismo del soldado y agnosticismo. Por la importancia del personaje es imposible divorciar al autor, su vida (y muerte en marzo) de este texto que usó en su autopromoción política. Su contemporáneo, amigo y enemigo, Cicerón ya advertía “son sencillos, correctos y llenos de encanto, desprovistos de todo ornato literario, casi como desnudo; en la historia nada hay mas agradable que la brevedad pura y brillante de su estilo”. Hoy  Julio Cesar hubiese sido sin duda Premio Nobel de Literatura, pero nunca de la Paz. Ese reconocimiento lo habría otorgado el Senado Antiguo al presidente Obama, por aquello de la Pax romana. En Semana Santa es inevitable pensar en lo que fueron los romanos.

 Destacaremos de los Comentarios de la Guerra de las Galias su cuerpo principal con su contenido, el más vivo retrato del imperialismo; más que desnudo: como en los modelos anatómicos podemos ver los músculos y las vísceras de un ejército invasor. Y si fue escrito para la élite de poder, hoy puede ser leído con sumo interés por los oprimidos, como instrumento de su liberación. Ese cambio de lectores solo es posible en un clásico. El imperialismo por si mismo es una aritmética del poder donde César suma, resta, multiplica y divide El imperialismo suma a sus fuerzas los espías nacionales y las élites familiares de los países colonizados. Los espías observan los movimientos  de los líderes, e informan lo que se hace en los territorios a ser ocupados. Espían tanto al individuo como a la ciudad. Las élites “amigas”, descendientes de reyes que ya tenían tratos con el invasor, hacen pagar a sus pueblos el tributo que los vencedores imponen a los vencidos Hasta ahí la suma, ahora la resta.  Unas veces matan solo al líder rebelde, otras a la población entera. Era Avarico “la ciudad, la mas hermosa de casi toda la Galia, baluarte y ornamento de su nación” fue saqueada y quemada por los romanos: “No perdonaban ni a viejos, ni a mujeres, ni a niños”; los vasallos pagan tributo, los muertos restan, los esclavos se multiplican en una sociedad esclavista: venden  a los moradores de pueblos enteros. También dividen entre los pueblos, entre las elites; se favorece un bando en contra de otro, el más débil, y así queda en deuda con el César.

Pero los galos aprenden de sus invasores la aritmética del poder y con ella se defienden. Suman: imitan las maquinas de guerra. Restan ciudades al enemigo así sea quemándolas con manos propias: dejarlos sin recursos es como matarlos, así no pueden hacer la guerra. Se multiplican: juran ante sus banderas, y establecen alianzas. Se divide a los batallones romanos en las emboscadas. La clave de la resistencia de Galos es la motivación: luchan por la libertad heredada. No les mueve como a los invasores la codicia del pillaje o el saqueo. En la ciudad de Avarico, durante su sitio, observa César: “Y considerando que la fortuna de la Galia pendía de aquel momento, aconteció a nuestra vista un caso que, por ser tan memorable, he creído no deberlo omitir: cierto galo, que a la puerta del castillo las pelotas de sebo y pez que le iban dando de mano en mano las tiraba en el fuego contra nuestra torre, atravesado el costado derecho con un venablo, cayó muerto; uno de sus compañeros, saltando sobre el cadáver, proseguía en hacer lo mismo; muerto este segundo de otro golpe semejante, sucedió el tercero, y al tercero el cuarto, sin que faltase quien ocupase sucesivamente aquel puesto, hasta que, apagado el incendio y rechazados enteramente los enemigos, se puso fin al combate”. 

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir