El meteorito de Guacara: Un secreto bien guardado

Los relatos iniciales, transmitidos a gritos angustiantes entre los vecinos, fueron sobre el avistamiento de un resplandor rojizo hacia los cerros de la conocida Fila El Toco, en la Serranía de la Costa, a medio camino entre el paso de tierra que unía Guacara con Vigirima.

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El meteorito de Guacara
Mapa del posible sitio de impacto del meteorito en la Fila El Toco de Guacara. Nótese la diferencia orográfica del lugar con los alrededores.

Notitarde.- El meteorito de Guacara.

La historia de Guacara, metrópoli enclavada en la orilla norte del lago de Valencia, ha escondido desde sus orígenes algunos secretos que muy pocos se han atrevido a esclarecer.
Desde la fecha de su fundación, pasando por las anécdotas de ilustres visitantes, el presunto traslado dado a uno de los petroglifos de Vigirima o la transformación del rostro de la Virgen de la Milagrosa situada en la Quinta Pimentel, han develado historias no menos míticas e interesantes que muchas de las que atesoran otros pueblos y aldeas venezolanos desde tiempos coloniales hasta la actualidad.
Una de ellas tiene que ver con lo acontecido aquel martes 13 de febrero de 1906. Lo que ocurrió ese día llega a nuestro conocimiento del modo como se transmitían las historias en la antigüedad: de manera oral y de generación en generación.
Había finalizado la jornada diurna y con la luna en camino a su fase menguante, los tres mil habitantes de la aldea guacareña, otrora “pueblo de indios” según las crónicas coloniales y que por entonces se dedicaba al cultivo del algodón en algunas tierras propiedad de los descendientes del noble español Marqués del Toro y del joyero italiano Vicente Wallis, descansaban plácidamente de la faena vivida. El interés de los pobladores estaba centrado en la celebración de los venideros carnavales, pautados para dentro de dos semanas, planificando las tradicionales libaciones de todo tipo de “guarapos”, destilados de la abundante caña de azúcar que se cosechaba en las riberas del lago, y de la sagrada misa del Miércoles de Ceniza, donde el perdón clerical, señalado con la marca de la cruz en la frente del devoto, daba indicio de su legítimo arrepentimiento y la promesa de un mejor proceder religioso en la cuaresma que se iniciaba.
Así pues, en medio de esa quietud, el reloj de la iglesia se apresuraba a marcar las 10:00 de la noche, cuando del cielo se mostró una estela acompañada de un ruido extraño y no por ello menos aterrador… Enseguida, el ambiente se vio sacudido por un estruendo sin igual, acompañado de una ventisca caliente y veloz, solo comparable a lo descrito en las escrituras apocalípticas. Allí mismo, el sueño de muchos de los habitantes se vio súbitamente terminado y solo unos pocos se atrevieron a asomarse a la ventana, caminar a su alrededor y determinar una explicación sobre lo ocurrido. Los relatos iniciales, transmitidos a gritos angustiantes entre los vecinos, fueron sobre el avistamiento de un resplandor rojizo hacia los cerros de la conocida Fila El Toco, en la Serranía de la Costa, a medio camino entre el paso de tierra que unía Guacara con Vigirima.
Pasaron varios días y la confusión en el pueblo sobre lo que había pasado se hizo evidente. Sin embargo, hubo lugar para razonar sobre lo sucedido y los eruditos que nunca faltan advirtieron que lo ocurrido fue provocado por la caída de una “piedra de centella”, vocablo que por entonces se les daba a los objetos que acompañaban a las estrellas fugaces cuando se precipitaban del cielo. Así pues, comisiones de pobladores se aventuraron hacia el cerro en búsqueda de algún objeto que testimoniase tal fenómeno, pero no hallaron nada.

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Tras esta primera incursión, el desinterés se apoderó de los lugareños, aunque el recuerdo siguió preservándose con relatos alimentados con elementos míticos por parte de personas mayores hacia su descendencia. En 1906, Venezuela era un país atrasado desde el punto de vista educativo. La alfabetización era escasa y por ende el estudio de fenómenos astronómicos no era del conocimiento público. Las prioridades eran otras, sobre todo en la agricultura y en los temas políticos. Así pues, el histórico hecho quedó sumido en la intrascendencia.
Sin embargo, se cuenta que en 1952, luego de 46 años de ocurrido el acontecimiento, un baquiano llamado Carlos La Cruz, fascinado tras escuchar el relato de este hecho, se aventuró a explorar la zona para buscar algún indicio del impacto, pero sus esfuerzos fueron en vano.
No fue sino hasta 1997 cuando un ciudadano identificado como Isaías Pérez se encontró mientras recorría la serranía de El Toco con una inusual roca negra, del tamaño de un neumático pequeño. Era el “meteorito de Guacara”. Luego del hallazgo, éste decidió fragmentar el objeto venido del espacio interestelar, pues es bien conocida la creencia popular de que tener consigo una pieza de “piedra de centella” atrae la buena suerte y aleja las malas energías.
Un funcionario gubernamental logró conservar una de las piezas y unos años más tarde ésta fue enviada al Planetario Humboldt, en Caracas, donde fue recibida por el astrónomo Carlos Cova, quien registró el hallazgo en un breve informe, dándole el interés científico que la pieza merecía desde un principio, aunque éste, por avatar del destino, había llegado un siglo después.

Composición del “meteorito de Guacara”

El meteorito de Guacara
Muestra del “meteorito de Guacara”, compuesto del mineral olivino.

El geólogo Franco Urbani describió que el peso total del meteorito localizado en la fila El Toco era de 15 kilos y un estudio preliminar de difracción de rayos X (DRX) determinó sólo la presencia del mineral olivino. Recomendó que “si esta mineralogía es confirmada por estudios petrográficos adicionales de DRX con tubo de hierro o cobre, pudiera tratarse de un raro meteorito del planeta Marte”.

¿Qué es un meteorito?

Es un meteoroide que alcanza la superficie de un planeta debido a que no se desintegra por completo en la atmósfera. Mide entre 100 micrómetros (una milésima parte de un milímetro) hasta 50 metros de diámetro máximo. La luminosidad dejada al desintegrarse  se denomina meteoro.

500

Es la cantidad de meteoritos que impactan con la Tierra cada año, es decir, que sobreviven a su desintegración total en la atmósfera. Más de un centenar cae en los continentes y de ellos solo se recogen restos de una docena.

Algunos meteoritos caídos en Venezuela

– 23 de agosto de 1837. Un aerolito cruzó la atmósfera de La Guaira, Caracas y Ocumare del Tuy.
– 6 de agosto de 1886. Un aerolito atravesó la atmósfera de Maracaibo, estado Zulia.
-19 de agosto de 1887. Varios aerolitos cayeron en el sector Las Araujas, cerca de Trujillo, y en Valera, ambos en el estado Trujillo. El primero pesó 23,5 kilos. El paso del bólido se dejó ver en el cielo de Bobures, al sur del lago de Maracaibo, estado Zulia, y el ruido se llegó a escuchar en el estado Mérida. Los objetos fueron finalmente hallados el 9 de agosto de 1936.
– 7 de febrero de 1964. En Paracotos, estado Miranda, se registró la caída de un meteoroide a las 2:47 de la madrugada. En principio se creyó que había sido un movimiento sísmico de cuatro grados de magnitud, pero los testimonios de avistamiento de una “bola de fuego” en el cielo terminaron de confirmar lo contrario.
– 16 de enero de 1970. En el caserío Ucera, cerca del pozo Manaure, distrito Bolívar del estado Falcón, cayó un objeto en forma de centella. Según testigos, antes de caer en la Tierra, hizo un estruendo que se dejó oír a varios kilómetros a la redonda. Tuvo un peso de 4,95 kilos y contenía condrito H5 con olivino y broncita. Se le estimó una edad de 40 millones de años.
– 15 de octubre de 1972. Un meteoroide del tipo condrito L5 cayó en Valera, estado Trujillo. Se partió en tres pedazos y su peso total es de 50 kilos. Fue certificado y sus trozos se venden en Internet, indicando la anécdota de que el bólido “mató una vaca” en el sitio.
– Año 1994. Indígenas de la etnia Bari, al sur de la Sierra de Perijá, observaron la caída de un meteoroide en la cuenca alta del río Aricuaizá. Aunque se avistó un claro en la selva de 30 metros de diámetro, no se realizó formalmente una exploración al sitio debido a falta de permisos producto de problemas políticos.
– 22 de octubre de 1994. Se registró la caída de un meteoroide en el patio de una casa en Cagua, estado Aragua. Produjo un cráter de 30 cm de diámetro y un hundimiento de suelo de 20 cm. Estaba compuesto de granos minerales de cuarzo y feldespatos parcialmente fundidos.
– 10 de julio de 2002. Se produjo el hallazgo de un meteoroide de 1,5 kilos en la isla de Aves, en el mar Caribe. Se describe de color negro con brillo similar al mineral de broncita. Se detalla presencia del mineral olivino rico en hierro y hematita. Se clasificó como un pallasito del grupo pétreo-hierro.
– Año 2000. Se descubrió un meteoroide de hierro en el caserío Kukenán, en la Gran Sabana, estado Bolívar.
– Junio de 2008. Se reportó el avistamiento de un bólido en el cielo de Boca de Uchire, estado Anzoátegui.

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VIASemanario Notitarde
FuenteJorge Peña
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