El "Niño Jesús" llegó al vertedero de basura La Guásima (Fotos)

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Valencia, 27 diciembre 2014.- Una  mañana fresca, de cielo despejado y brisa suave recibió a los más de 100 voluntarios que de la Fundación “Señor que todos escuchen tu voz” (Fundase) arribaron al vertedero de basura La Guásima, en Tocuyito, municipio Libertador este sábado, con el objetivo de brindar a niños y adultos una ocasión para entretenerse, compartir y hasta rezar.

Jóvenes, en su mayoría, llegaron tímidos al lugar, viendo a todos lados, acostumbrando los ojos y la nariz a la cantidad de tierra que eleva la brisa apenas se pisa el terreno. Mientras que los habitantes de La Guásima, no tan cohibidos preguntaban al ver pasar a los primeros ¿qué nos van a dar? Vengan, vengan y verán. Era la respuesta de los recién llegados mientras se bajaban de los carros con cajas y bolsas de los más variados tamaños y colores.

Como hormigas habituadas a efectuar el trabajo, sin esperar que nadie les diese órdenes, cada uno iba organizando todo, el sonido en una esquina bajo un toldo verde, el colchón inflable, las canchas de futbol. Espacios de acción social destinados a poner vacunas, otros, para cortar cabello y hacer las uñas. Las muchachas abriendo pinturas y sacudiendo pinceles para empezar a “pintar caritas”, los recreadores convocando a las personas. De esa manera, el terreno baldío, silencioso, acostumbrado al paso de camiones cargados de basura se fue poblando, llenando de gente y de risas, de cantos y colores. Los niños sudaban alegría bajo el sol cada vez más intenso, el resto, especialmente los padres veían con recelo, para irse acercando luego tras la insistencia de los infantes.

Al final del terreno, en unas paredes no tan altas, un grupo de muchachos se sentaron a inspeccionar de qué se trataba ese alboroto navideño, con parrandas de fondo. Al rato, no aguantaron la tentación, saltaron al campo, soltaron el calzado y se apoderaron del balón. No había sonado el pito cuando ya la pelota recorría los espacios.

Quien pasara por allí en ese momento seguramente no iba a notar la diferencia entre moradores y visitantes. Aquello parecía el patio de una casa cuya familia numerosa tras algunos años volvía a encontrarse. Alrededor de las 11 de la mañana, una música empezó a sonar, un recién nacido fue colocado en una canasta a la vista de todos, una hermosa muchacha escuchaba atenta a las indicaciones del ángel y de repente, tres hombres ataviados hicieron acto de presencia y se arrodillaron ante la criatura, con cofres en las manos. Los niños se quedaron atónitos viendo la representación del nacimiento de Jesús.

Decenas de juguetes, cotillones y platos navideños fueron entregados al mediodía, no sin un alboroto de fondo. ¡Quiero esa barbie. Esa no, la otra, la más grande! ¡El carro verde! ¡Dame esa pelota a mí! ¡Gracias, gracias por venir! ¡Feliz navidad! ¡Ya va, ya va, esa no es para ti, es para tu hermana!, empujones por ahí, bulla por allá, frases entrecortadas, sudor rodando por los rostros de los organizadores, tensión, emoción y agradecimiento. Ruegos para que todo alcanzara y Dios multiplicara los platos. Bajo ese contexto transcurrió el sábado atípico, sábado de navidad para los segregadores de La Guásima y de las casas aledañas.

Mientras tanto, al finalizar el camino, arriba, entre las montañas de desechos donde llegan los camiones a vomitar montones de basura, donde todo es confusión y calor y los zamuros parecieran habitar perennemente en un cielo gris, se encuentra – reciclando- otro gentío. Hombres y mujeres, curtidos por el sol, cubiertos de harapos, mantienen enterradas sus cabezas mientras desgarran las bolsas hasta sacarles las entrañas y ver qué contienen. A ellos no se les pintaron las caras, ni se les cortó el cabello. Ahí hay que moverse rápido, sino se les atrasa el trabajo y los agarra la noche. Ellos recibieron la bendición de Dios, acompañada de ropa y comida,  juguetes y cotillones para sus hijos,  porque también los pequeños se dedican a hurgar entre las migajas.

Toda una experiencia para quienes recibieron y muy especialmente para quienes ofrecieron, a propósito de la campaña “Mi regalo para Jesús” que promueve año tras año la Iglesia Católica en Valencia a través de la “Fundación Señor que todos escuchen tu voz” (Fundase), dirigida por el presbítero Miguel Romero y un numeroso equipo de trabajo.

Y así como inició,  el alboroto se fue disipando, las mujeres, con sus niños en brazos, cansados de la faena se fueron alejando, dando gracias, pidiendo a Dios que la jornada se repita, que sea así todos los días. El silencio inundó el vertedero de nuevo. Silencio, polvo y basura. Mientras que los voluntarios, menos cargados de objetos y más de emociones retornaron a casa, con la pupila impregnada de necesidad y el corazón de nuevos motivos por los cuales seguir orando. 

Campaña "Mi regalo para Jesús"

La Fundación sin fines de lucro  "Señor que todos escuchen tu voz" (Fundase)  organiza todos los años una campaña denominada "Mi regalo para Jesús" durante la cual se les brinda atención a las personas desde el punto de vista material y espiritual, por lo que durante el mes de diciembre, el amplio equipo de voluntarios se ocupa de recolectar alimentos, ropa, comida y juguetes que el día 25 de diciembre son repartidos entre hospitales, ancianatos, albergues, personas en situación de indigencia y segregadores de basura del vertedero La Guásima. 

El presbítero Miguel Romero, presidente de Fundase informó que la iniciativa surgió hace diez años con la intención de homenajear al "Niño Jesús" a través de los más necesitados de nuestra ciudad, toda vez que la navidad es para celebrar el nacimiento del hijo de Dios. 

 

 

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