El problema del cerdo

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El cerdo ha convivido con los humanos desde hace 10.000 años, al principio vivía en las calles de los poblados y ciudades hasta que la industrialización y el desarrollo de la ganadería a escala lo llevó a los chiqueros. El historiador Mark Essig en su libro del 2015 »Menos Bestias« (»Lesser Beasts«), relata como los primeros jabalíes salvajes fueron domesticados para llegar el cochino que conocemos. A pesar de que el cochino siempre ha vivido cerca de nosotros tiene una mala reputación debido –paradójicamente- a 2 formidables ventajas adaptativas conque la evolución lo premió: 1- Es omnívoro; 2- Su fisiología digestiva permite digerir cualquier tipo de desecho sin problemas –incluso carne de su propia especie o humanos-; sí, esto hace que pueda comer pupú,  y esto último es la raíz de todos su males.

Mientras vivían con nosotros por las calles medievales se comían nuestra basura, y esto mismo hizo la industria porcina, pues los siguió alimentando con nuestros desechos: las sobras de los hogares, las conchas de vegetales y tubérculos, las frutas podridas, etc. Es un animal ecológico pues recicla los desechos para convertirlos en carne estupenda, y produce mucha más carne que la vaca.

Muchos criadores usan alimentación líquida, esto consiste en mezclar los desechos con agua y hervir la mezcla para eliminar patógenos antes de ser suministrada. Este sistema funcionó muy bien en Europa y USA hasta que en el 2001 una epidemia de fiebre aftosa en el Reino Unido produjo una prohibición sobre el uso de desechos, obligando a los productores a usar semillas de soya, trigo o maíz para alimentar a los animales. Esta prohibición se extendió a toda Europa y se mantiene, pero ha generado consecuencias negativas para el planeta y los productores.

Los criadores se han visto obligados a comprar estas semillas que se destinaban a consumo humano. De acuerdo a la iniciativa The Pig Idea (www.thepigidea.org), se estima que 40% de las semillas que producimos a nivel global se destina a alimentar animales, y con esa cantidad pudiéramos alimentar 3 billones de personas. El 97% de la producción de soya se usa para consumo animal y proviene principalmente de Suramérica, sobretodo del Amazonas, que está siendo deforestado de manera inclemente en pro de los cultivos y la ganadería, contribuyendo al calentamiento global y a la destrucción del hábitat. Las importaciones europeas de soya aumentaron a casi 3 millones de toneladas en 2 años y como las semillas son más caras, los costos de los productos porcinos se han incrementado significativamente. En Venezuela se usan alimentos concentrados, muchos de ellos contienen soya y cereales, por ende los costos son más elevados.

El brote de aftosa del Inglaterra se debió a un productor inescrupuloso que no cumplió con las normas de preparación del alimento líquido (no lo hervía suficiente), derivando en que todos esos desechos sean enviados a los basureros convencionales que contaminan el planeta, y como son desechos orgánicos liberan importantes cantidades de metano que contribuyen al efecto invernadero.

Grupos como The Pig Idea están llamando a derogar las prohibiciones existentes para que los cerdos vuelvan a comer basura en un marco regulado (proponen instalaciones dedicadas a preparar debidamente el alimento) y así bajar los costos de la carne, salvar el Amazonas, contribuir a reducir las emisiones de carbono y usar esas semillas para alimentar a todos esos millones de seres humanos hambrientos.

Suena razonable ¿o no?

http://rubendarioperalta.blogspot.com   @rubendperalta

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