El suicidio de los intelectuales de derecha

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El intelectual es el centro de la sociedad. Jeffrey Goldfarb postula a los intelectuales como agentes clave de la democracia: “Los intelectuales ayudan a las sociedades a hablar sobre sus problemas. Contribuyen a la vida democrática cuando civilizan la contestación política y cuando subvierten el consenso complaciente; cuando otorgan a los enemigos la posibilidad discursiva de convertirse en oponentes y cuando facilitan las deliberaciones sobre los problemas”. Desglosemos la cita en el contexto de la Venezuela del 2015.

 La sociedad necesita de los intelectuales para hablar sobre sus problemas: inseguridad, devaluación, escasez, acaparamiento, contrabando de extracción, inflación. ¿Ineficiencia pública, guerra económica o ambos? Hay que considerar todas las posibilidades. La lucha es ideológica, la protesta debe ser civil y no en el plano militar o paramilitar. Por eso decimos:   No al Golpe, y al eufemismo de  Golpe que es la transición. La secuencia es: transacción, transición y traición. El acuerdo por interés es transacción y el consenso por presión extranjera: traición. Entre venezolanos no deberíamos tratarnos como enemigos, sino como oponentes cuando el discurso tiene su espacio que puede ser la plaza, la prensa, o el parlamento. Se avecinan elecciones parlamentarias y se discutirán distintas propuestas. En ese lugar discursivo, espacio de civismo, se deben deliberar con los intelectuales y los políticos, los problemas nacionales. Solo se puede considerar enemigo a un invasor extranjero.

 Los intelectuales y la política. Hay intelectuales de derecha e intelectuales de izquierda, y en tanto que intelectuales son oponentes pero no enemigos. Sartre y Aron colaboraban en Los Tiempos Modernos. Claro, también los hay intolerantes y fascistas, son la negación de ellos mismos: los que apoyan el Golpe de Estado, de pensamiento, palabra, obra y omisión. El silencio frente al principal problema político de hoy: la amenaza de una invasión norteamericana, vale tanto como conspirar contra la democracia.  

Los intelectuales de derecha, aquí y allá parecen ser de un solo tipo. Que ellos hagan su taxonomía.  Entre la izquierda hay dos que llamaremos orgánicos y post-orgánicos. Para Gramsci el modo de ser del intelectual consiste en enlazarse activamente en la vida práctica como constructor, organizador y persuasor constante. Se trata del intelectual “orgánico” como dirigente político en lucha con el fascismo. La sociedad democrática, el socialismo democrático, le exige una nueva función dentro de una autonomía de la cultura frente a la política, que Norberto Bobbio resume como: “autonomía pero no indiferencia”. Nosotros llamaríamos intelectual post-orgánico al configurado por Bobbio , y del que fue ejemplo: “la conducta del intelectual debería estar marcada por una fuerte voluntad de participar en las luchas políticas y sociales de su tiempo” (…) “pero, al mismo tiempo, por una distancia crítica que le impida el identificarse tan completamente con una parte que quede atado de pies y manos a una consigna”. Independencia, pero no indiferencia. Bobbio se  pronunció contra las guerras.  Intelectuales como Chomsky se opusieron activamente a la invasión de Viet Nam (estaban más jóvenes), y con menos energía a la invasión a Irak, la guerra que no tubo lugar según Baudrillard. 

El espacio público mediático impone la brevedad; pero por no lo corto del aforismo, sino el breve y  superficial eslogan, y así se repite en la red. Circulan pequeñas imágenes más que palabras en este nuevo espacio público internacional, donde los intelectuales no tienen mucho que decir. Se impone crear espacios cívicos y soberanos en los mass media, y darle un contenido dialógico a los ya existentes. Esto es tarea de los intelectuales. Para el debate son necesarios  el intelectual de derecha y el  de izquierda, ambos venezolanos. No interesa el consenso complaciente. 

El único consenso es la Constitución que en su primer articulo reza: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el libertador. Son derechos irrenunciables de la nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional”. Hay reglas del juego: Apoyar un Golpe de Estado, disfrazarlo de transición o propiciar una invasión, conlleva al cierre del espacio público, y al suicidio de los intelectuales de derecha, ya sean venezolanos o norteamericanos. 

(*) Médico psiquiatra

 

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