"Un enigma llamado Nairobi" (2144702)

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Caracas, abril 19.- Uno no puede m?s que alegrarse ante el regreso de Nairobi Rosalinda Pinto a su casa. Por verla con los suyos, sana y salva. Pero con ella no ha regresado la verdad. Solo silencios y ocultamiento.

La periodista de 32 a?os de edad se ha tomado un tiempo para meditar sobre lo que le sucedi?. Salir del shock, superar el estr?s postraum?tico. Allegados a ella me indican que casi no sale de su residencia en Los Chaguaramos. Al momento de publicar estas l?neas, a?n no ha vuelto a su trabajo en Globovisi?n.

Todo eso es consistente con la situaci?n an?mica de alguien que pas? una semana en cautiverio. Quiz? ella misma ni siquiera sepa con certeza qu? fue lo que le sucedi?. Salir de ese encierro para decir que se la llevaron por “un tema de inseguridad” luce bastante simplista.

“Secuestro resonante”

Pongamos las cosas en su sitio. Nairobi Pinto ha sido la v?ctima de secuestro m?s resonante desde que se llevaron al vicepresidente del Banco Venezolano de Cr?dito Germ?n Garc?a Velutini en 2009. Un alt?simo perfil, propio de banqueros, diplom?ticos y representantes de transnacionales. No de una periodista, por m?s que sea jefa de corresponsal?as de Globovisi?n, recientemente adquirido por capitales afines al oficialismo.

Pinto ven?a del Canal I. Luego de estar en la secci?n web del canal informativo fue nombrada para la jefatura de corresponsal?as, en medio de una crisis ocasionada por las renuncias de reporteros, molestos por la autocensura. En otros t?rminos, cuando ella lleg? al cargo ya el conflicto estaba planteado. Ella no lo ocasion?. Cuando la secuestraron, apenas ten?a una semana en esa posici?n. Por lo tanto, queda descartado que su cautiverio tenga algo que ver con sus decisiones en el ?mbito laboral.

La periodista es hija del tambi?n comunicador radial Luis Pinto, quien con mucho esfuerzo ha levantado a su familia a pesar de las adversidades. Fue uno de los afectados por el deslave del estado Vargas en diciembre de 1999. Su vivienda en Macuto qued? muy impactada y tuvo que mudarse al edificio Las Brisas de Los Chaguaramos, justo donde secuestraron a su hija el domingo 6 de abril a las 4:30 p.m. Hasta el segundo gobierno de Rafael Caldera ese inmueble fue sede central de la Disip. Cuando la polic?a pol?tica se mud? de all? al Helicoide, la estructura fue remozada y revendida por el Centro Sim?n Bol?var.

La imagen de Luis Pinto el domingo 13 de abril, pidiendo de rodillas por la liberaci?n de su hija habla de un padre leg?timamente angustiado. Fue entonces cuando me permit? darle un primer consejo, que no sigui?: pedir p?blicamente una fe de vida. Luego me explicar?a que ?l tambi?n pens? hacerlo pero que los funcionarios de Antiextorsi?n y Secuestros de Cicpc le indicaron lo contrario durante una entrevista llevada a cabo el d?a anterior.

Y llegamos a uno de los puntos clave de este caso: si se trataba de un secuestro extorsivo, es decir, con fines econ?micos ?por qu? no solicitar una prueba de vida? Es lo b?sico, elemental y l?gico, m?s a?n viniendo de un padre angustiado por no tener noticias de la cautiva.

Ese domingo, el caso de Nairobi Pinto rompi? nuevamente los moldes de lo convencional. De los 65 secuestros reportados en el pa?s durante 2014, s?lo ocho han tenido m?s de cinco d?as de duraci?n. En todos ellos los captores han solicitado sumas millonarias de dinero, incluso en moneda extranjera (d?lares, euros y pesos colombianos). Estas peticiones han sido directamente a la familia del cautivo sin buscar intermediarios que puedan ocasionar un ruido en las negociaciones.

Liberaci?n en Ocumare del Tuy

La liberaci?n de la periodista el lunes 14 de abril fue cuando menos sorprendente. Ocurri? mientras 3.000 funcionarios de cuerpos de seguridad (cifra del titular del MRI) hac?an la toma de Ciudad Betania 5, un desarrollo urban?stico del Gobierno en Ocumare del Tuy, a 10 minutos en carretera del sitio donde la dejaron.

Datos extraoficiales indican que la v?ctima fue trasladada por sus captores en un veh?culo a alta velocidad por aproximadamente 40 minutos antes de ser abandonada frente a la sede de Protecci?n Civil del municipio Urdaneta, en C?a. Entonces, si suponemos que los captores se trasladaban a 100 kil?metros por hora promedio es probable que la tuvieran en alg?n lugar a 65 kil?metros de distancia con respecto al sitio donde la dejaron. ?Es que los militares y polic?as que iban al desalojo no pensaron que por all? podr?a estar la secuestrada que era centro de atenci?n nacional e internacional? ?Qu? clase de “presi?n policial” es ?sa en la que realmente no se presiona?

Finalmente, las declaraciones sobre este caso por parte del titular de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, mayor general Miguel Rodr?guez Torres, solo han contribuido a generar m?s confusi?n. Cuando la periodista ten?a cinco d?as cautiva, el funcionario se apresur? a descartar el m?vil pol?tico para salir al paso a las afirmaciones hechas en ese sentido por parte de la dirigente estudiantil y amiga muy cercana de la v?ctima, Gabriela Arellano. Pero el lunes, luego de la liberaci?n, aconsej? a los periodistas preguntarse a qui?n conven?a este secuestro. ?Por qu? tantas ambig?edades si el fin fuese solamente obtener dinero?

El problema cuando las cosas no se dicen con claridad es que los rumores se multiplican.

M?s preguntas que respuestas

Llama la atenci?n la actitud discreta del canal para el que Pinto trabajaba. Eso fue motivo de especulaci?n en las redes sociales hasta despu?s de la liberaci?n de la periodista. ?Es posible que la empresa hubiese recibido una exigencia de rescate por su empleada? Esto es duro de creer, tomando en cuenta el baj?simo perfil de Pinto y su poco tiempo en la organizaci?n. Cualquier persona que viva en Venezuela sabe que los medios de comunicaci?n no operan como las transnacionales, que incluso disponen de seguros y partidas para pagos de rescate.

Nairobi Pinto, que quede claro, no es la primera periodista secuestrada en Venezuela. En el pa?s ning?n sector se salva. Pero los casos reportados hasta ahora (incluido un reportero de Globovisi?n) se han resuelto luego de un m?ximo de tres d?as de cautiverio. Ella, en cambio, fue tratada como si fuese depositaria de una gran fortuna.

Pensar en un secuestro con fines pol?ticos, en cambio, nos coloca en otro campo, con referencias totalmente distintas. Si en el plagio extorsivo los captores buscan la mayor ganancia con el menor gasto y riesgo, en los casos pol?ticos la exposici?n de ellos ante la v?ctima no importa en demas?a. El punto en estos casos es que la persona cautiva se convierta en portadora de un mensaje, una vez en libertad. No necesariamente se trata de un texto escrito, un comunicado, como ocurri? en el caso del futbolista Alfredo Di St?fano en 1963.

A veces, la v?ctima en s? misma es el mensaje. Y lo recibe con mucha contundencia el sector al que va dirigido, aunque para el resto de la sociedad no sea percibido con claridad. (Texto tomado del Blogspot “Cr?menes sin castigo”, escrito por el periodista Javier Mayorca).

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