Entre Comunistas, Militaristas y Radicales

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Ruben Limas - notitarde
Rubén Limas Telles

La Asamblea Nacional, epicentro del cambio político en Venezuela, desde el mismo instante en que triunfó aplastantemente la Unidad Democrática, afirmó en voz de sus principales representantes que la salida a la dictadura ha sido, es y será, pacífica, constitucional y electoral. Obviamente, el régimen empezó su tambaleó porque ya no se enfrentaba a una «oposición golpista» que había servido para lavarse el rostro internacionalmente y mostrarse como «víctima».  A partir de entonces, se enfrenta al pueblo mayoritario que pide democracia, libertad y prosperidad frente al oscurantismo comunista. Nicolás Maduro, en su desesperación, optó por convertir al régimen cívico – militar que heredó de Hugo Chávez, en uno primordialmente militar y pretoriano, lo civil ahora es mero accesorio, para entonces gobernar a punta de violencia y usurpación.

Esta situación, desde la presidencia de Henry Ramos Allup de la AN, reafirmada por Julio Borges, Omar Barboza y ahora Juan Guaido, le pone fecha de vencimiento al régimen configurando una vía transicional clara y legalista. No obstante, la democracia no solo tiene enemigos en el extremo izquierdo del espectro político, también el conservadurismo antipartidista.  Los que en los noventas se auto afirmarían como «Notables» para desprestigiar a Carlos Andrés Pérez, ahora convertidos en una legión de twitteros, muchos anónimos, intentan venderle humo a la población ofreciéndole, demagógicamente, invasiones imaginarias, imposturas radicales sin soporte organizativo, guerrillas virtuales y, debe decirse, una intolerable atmósfera de insulto y desprecio a los partidos políticos.

Debe hacerse notar que aunque ese pequeño segmento conservador, supuestamente radical, tiene una gran capacidad para financiar campañas de desinformación vía redes sociales, no son una alternativa para el conjunto de los venezolanos que conocen su ideario negador de derechos sociales, elitismo excluyente y vocación antipartidista (que a efectos prácticos es lo mismo que antidemocrática dado que no existe democracia sin partidos). Lógicamente el régimen usurpador tampoco es una alternativa, 20 años de destrucción de la infraestructura nacional y la corrupción endémica hacen de esa contra natura alianza de comunistas y pretorianos sea una indeseable presencia en Miraflores.

La real aspiración de los venezolanos  es lograr el fin de la dictadura, sin violencia, ni venganzas, con reconciliación y paz. Con la constitución en la mano, liderado por representantes con el rostro descubierto, con prestigio, respaldo internacional y, además, con un proyecto nacional (El Plan País) que reconoce la profundidad de la Crisis Humanitaria Compleja y el deber ineludible del Estado de recuperar el sistema público, gratuito de salud, rescate de la infraestructura educativa pública a todo nivel, restitución de los servicios públicos a fin de superar el estado de postración y pobreza generalizada. Esa agenda solo la tiene el Frente Amplio Venezuela Libre, una coalición de liberales, democristianos, socialdemócratas junto con la auténtica sociedad civil quienes, de forma unitaria, se movilizan en respaldo de los tres puntos que están sumando cada vez más voluntades: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Así estamos, ese es el contexto para los venezolanos y los carabobeños, enfrentar dos frentes enemistados con la vigencia de la constitución y la democracia. Entre comunistas, militaristas y radicales, los demócratas triunfarán por el persistente deseo de responder a los anhelos de las mayorías. Por mi parte, desde la Secretaría General de AD – Carabobo, no cederemos en nuestro rol de dar soporte organizativo al Frente Amplio y movilizarnos en absoluto respaldo al presidente Juan Guaido, no por ambiciones exclusivistas, sino porque estamos con la ciudadanía que sufre la crisis, la explotación y la injusticia. Estamos con la gente, sus sueños, estamos con el pueblo. Si para lograr la meta tenemos que usar a fondo la Ley de Amnistía, el Estatuto de la Transición y la Justicia Transicional para romper con persuasión la unidad de la coalición usurpadora dominante lo haremos. Ese es nuestro compromiso, de frente y sin miedo. Lamento muchísimo que mi artículo anterior, haya sido objeto de malas interpretaciones de los que solo leen a medias, o de aquellos que también leyendo a medias se frotaron las manos y disparan sin “blanco” acertado. Yo estoy blindado con Democracia, y aspiro al igual que la inmensa mayoría, que se den los cambios, sin repetir los errores del pasado.

 

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