Entre lo natural y su pasión por el color (2098395)

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Cuando le preguntan ¿Quién es?, responde: "¡Soy Marie Ternero!", solo así, sencilla y natural y en su mirada se descubre la artista plástico que disfruta cada momento de su existencia y que está en busca de las formas simples de vivir, donde el encuentro con la paz sea el centro de todo.

Esta apasionada por el color, del que asegura refleja todo aquello que se siente y que te permite expresar la realidad, nació en Maracay en el estado Aragua, donde vivió sus primeros 22 años. Tiempo después debió abandonar sus sueños en Venezuela y trasladarse junto a su esposo e hijos a los Estados Unidos, país al que llegó huyendo de la inseguridad y en busca de un lugar que le brindara protección y estabilidad a su familia.

Cuenta Marie que el huracán Andrews los hizo volver y llegaron a Valencia. En el centro de Venezuela se quedaron por 21 años más, trabajando por su futuro y su familia, su esposo y sus tres hijos, Marianne, Luis Miguel y Daniel Alejandro Rosas Ternero.

En el año 2002 viajaron a España, donde formó parte del grupo Aplama, Asociación de Artistas Plásticos de Málaga, del que es asociada. Hizo algunas exposiciones inclusive en Alemania, en la Feria del Libro. Marie Ternero asegura que "al irte de tu país lo primero que haces es extrañar a la gente, a los venezolanos". 

Ternero hace dos años regresó a Venezuela, donde se ha dedicado a trabajar en su negocio y a desarrollar el arte que ha cultivado por mucho tiempo,  "estoy en mi casa", comenta, pese a que sus hijos continúan fuera del país, y que asegura -con su voz entrecortada- "es terrible tenerlos lejos, porque ahora me siento bien, estoy en el ambiente que extrañaba, mis amigas, mi entorno, mi negocio, mi casa, pero ahora no los tengo (a sus hijos); solo que esta tristeza me la equilibra el pensar que fuera del país están con más seguridad que como andas aquí, eso me da tranquilidad".

– ¿Todas esas emociones se reflejan casi forzosamente en el trabajo artístico?
– En la pasada exposición que hicimos llamada Migrantes con el grupo Taboada's, traté de hacer conceptualmente un cuadro que representa mi realidad. Expresé el dejar mi casa, la lejanía. Un camino, donde el cerebro va muy feliz con su maleta sobre un piso de dinero, porque vas buscando la estabilidad económica, la seguridad; ese piso que necesitas que en ese momento no lo sentíamos aquí y atrás el corazón que va destrozado, porque dice: ¡Yo no me quiero ir, me quiero quedar aquí! Y hay una simulación de un mundo, porque vas en busca de algo diferente. 

– ¿Cuáles son sus preferencias en el arte?
– Comencé pintando florecitas, manzanitas, pero de repente pasó lo de las torres gemelas. Ese hecho me impactó, me pegó profundamente. Estuve en una retrospección profunda como por más de 15 días, y con la herramienta que tengo que es el arte, mi manera de protestar ante lo que sucedía fue pintar, y realicé una serie de manzanas que identifican a la ciudad de Nueva York, en las que se refleja ese conflicto que he tenido con la gente que utiliza el nombre de Dios para justificar muerte, matanza y terrorismo. 
Por ahí me he ido, y empecé a estudiar las religiones. 

– Comente sobre sus investigaciones en la India.
– Luego de ese período me fui a la India. Estuve casi un mes, investigué sobre el Budismo y dentro de él, el Jainismo; una de las religiones más pacifistas del mundo. Hay zonas donde llegan al extremo, tanto que les da miedo caminar por no matar a una hormiga. Son vegetarianos, por supuesto, pero inclusive algunos llegan a no comer nada que provenga de debajo de la tierra, porque aseguran que al tratar de extraer algo rompen ecosistemas que se han generado alrededor de ello. 

– ¿Por qué la India?
– La India por sí sola impacta. Su religiosidad, el enfoque de la vida. Pregonan el amor al prójimo, el no hacer daño, tratan de no herirte. Estoy en esa búsqueda, a la que vuelvo en abril a seguir con la investigación.
Allí existen zonas muy espirituales pese a la pobreza. Es un lugar de contrastes, que te atrapa. Es tan grande que necesitarías años para poder recorrerla entera y cada zona es una experiencia. Si el interés es comodidad no vas, pero tiene una magia, es algo distinto. Te enseña a convivir con la naturaleza, a respetarla, porque de la naturaleza vivimos. En ese lugar todavía se valoran las cosas simples.
– ¿Hay mucho que aprender del oriente?
– Sí, la paciencia y la tenacidad. Ves personas muy delgadas y piensas que son débiles y van en una bicicleta pedaleando y tienen hasta cinco personas montadas arriba para transportarlas, y no se quejan. Es su forma de ganarse la vida. Los ves con una gran sonrisa. También te consigues a un hombre que va montado en su carreta, con su burro y se voltea su cargamento, y nadie lo ayuda, porque allá está la ley del Karma, que dice que ése es tu aprendizaje y si te pasó, es porque algo tienes que aprender de eso. Es su filosofía.

– ¿Cómo expresa estas vivencias en su obra?
– Quiero seguir estudiando las religiones. Ahora intenté reflejar a la Diosa del Amor, Rati. Me apasionan los colores, porque la India está llena de color. Profundizar en su cultura, y traerme la realidad de la India, es  muy amplia, llena de contrastes, con gran pobreza pero un alto grado de estudiantes universitarios. En cuanto al software llevan grandes adelantos a nivel mundial, pero mantienen sus creencias, su forma de vivir, respetan a la familia, al ser humano y a todo lo que les rodea, a sus valores. 

– Sus obras están elaboradas sobre madera, ¿Por qué?
– Me gusta utilizar la madera por lo natural, es noble. La trabajas y ella te da riqueza. Puedes utilizar sus vetas. Casi todas mis obras son sobre madera. Además utilizó pigmentos, preparo mis colores, casi no uso acrílico. Manejó el óxido de hierro o el cobalto, todos naturales. Los preparó dependiendo del tipo de trabajo que deseo hacer, con aceites, agua o al seco, al que luego se debe aplicar un acabado. 

– ¿Dónde aprendió sobre estos procesos?
– Tuve la suerte de tener una gran maestra, Pilar Taboada. Estuve con ella muchos años en la Universidad José Antonio Páez. Ella creyó en mí más de lo que yo misma creía. Fue quien me impulsó a seguir. He hecho esculturas a las que aplicó diversas técnicas que luego incorporé a los cuadros. Tuve la oportunidad de realizar muchas cosas, he sido medio rebelde, me gusta inventar.
Cuando comencé en el arte fui vitralista, hice thermofundido. Con Silvia Bedeschi me apasioné por la escultura, y luego me fui por la pintura. Con el estudio de artes visuales en el Centro de Extensión de la Ujap aprendí muchísimo. En España estuve en la Escuela de Joyeros de Málaga, donde trabajé la orfebrería, y al regresar a Venezuela me he actualizado en la Escuela de Artes Arturo Michelena, donde además estoy disfrutando del rescate de lo que tenemos y como afuera nos enseñan técnicas para crear nuestras herramientas, acá lo aplicamos y estamos haciendo hasta nuestras propias tintas chinas. Eso es muy enriquecedor porque nos acerca más a lo natural y a descubrir de qué estamos hechos.

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