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Columnistas del día

martes, 26 de septiembre de 2017

Academia de Historia del Estado Carabobo

Entrevista de Bolívar y Páez

(Academia de Historia del estado Carabobo/)

Entrevista de Bolívar y Páez

Armando Alcántara Borges*

El 11 de julio de 1825, Bolívar, desde el Cuzco,  le escribe a don Fernando Peñalver y le dice, entre otras cosas, que: “He recibido con mucho gusto la carta de Ud. De enero en Valencia. Cuando veo letras de Ud. me parece que son de un padre o de un mentor (…) En todo el año 26 estaré en Caracas. (Negrillas nuestras). El mes que viene empezarán a marchar nuestras tropas para Colombia; y yo llevaré a Venezuela una magnifica división. Allá nos veremos y haremos el bien que podamos. (Escritos del Libertador, Tomo XXXII, pp.99-100).

 Efectivamente, lo expresado a su amigo Peñalver se cumplió, ya que  para el 16 de diciembre de 1826, Bolívar se encontraba en Maracaibo, de donde siguió a Coro y   Puerto Cabello, tras cubrir el itinerario siguiente: Guayaquil, Bogotá y Cúcuta... En la ciudad porteña recibió el Año Nuevo y en ella permaneció cinco días. 

En la mañana del 4 de enero de 1827 continuó su viaje con destino a Valencia. Tomó el  camino de Agua Caliente y desembocó en los predios de la hacienda Bárbula, donde lo esperaba  el general José Antonio Páez y un número considerable de funcionarios públicos y vecinos del lugar.

 El general Páez, refiere en su Autobiografía, sin lujo de detalles, el encuentro de  aquel lejano e histórico día.  Así: “Sabiendo que el Libertador venia de Puerto Cabello a Valencia, donde yo me hallaba, salí á recibirle el 4 de enero, y al encontrarnos al pie del cerro de Naguanagua, nos abrazamos cordialmente (…) Recuerdo un lance que proporcionó á Bolívar la ocasión de mostrar su ingenio siempre fecundo en circunstancias oportunas. Después de abrazarnos, las guarniciones de las espadas que llevábamos ceñidas se entrelazaron de tal modo que necesitamos algún tiempo para desprenderlas. Mientras tanto, Bolívar sonriéndose me decía, como hubiera dicho un general romano en iguales circunstancias: ` Este es un buen presagio, general, que nos anuncia la surte que nos ha de caber en lo futuro´. (1946; p.370).  Además Páez propone que en el sitio sea levantado un monumento: “El suelo que fue teatro de escena tan nueva como sensible,  sea cambiado en un monumento que excederá en grandeza y duración (…) el recordará á la posteridad no la soberbia de los conquistadores, sino la obra sublime del patriotismo, de la civilización y la amistad. (Ibídem)

El historiador Dr. Francisco González Guinán apunta sobre el encuentro lo siguiente: “Ya en tierra ambos generales, se dieron un estrecho abrazo; y al separase, como quedase en los cordones del uniforme de Páez prendida la guarnición de la espada de Bolívar, éste exclamó: ` ¡Hola hemos quedado enlazados, feliz augurio, feliz augurio! Y abrazó nuevamente a Páez (…)Pasamos-continua González- por alto el proyecto de levantar en aquel sitio una columna a la Concordia; a los agasajos del pueblecito de Naguanagua que, pobre y todo, le demostró al Padre de la Patria el inmenso calor de su entusiasmo”.  (1981; 214)

De tal manera, en la tarde de aquel histórico día 4 de enero de 1827, se despidió El Libertador Simón Bolívar del humilde  vecindario de Naguanagua, que jubiloso lo recibió y aclamó, dejando en la memoria colectiva el recuerdo imperecedero del  héroe que los visitó. 

En 2006, deseosos de perpetuar este acontecimiento en el tiempo y en atención a la propuesta del general Páez, presentamos a la Autoridad local un proyecto de monumento, el cual aún no se ha construido.

 

*Miembro Correspondiente y Cronista de Naguanagua

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