Esclavitud del siglo XXI pesca a sus víctimas en internet

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Redacción internacional, 06 julio 2014.- Cada día, durante quince meses, Jhon Freddy se levantó a las 6 de la mañana de la pequeña colchoneta en la que dormía, en un pequeño cuarto que compartía con cuatro colombianos más. Tras un baño rápido, salía a trabajar a un viñedo, a veces hasta por 16 horas seguidas, sin descanso.

En esa finca de 12 hectáreas, ubicada en zona rural de Buenos Aires (Argentina), este colombiano trabajó sin remuneración alguna por más de un año. Por la recolección de uvas, el cuidado de animales y cumplir funciones domésticas, él y sus compañeros recibían dos platos de comida al día y en todo ese tiempo nunca tuvieron sueldo, seguro médico o la posibilidad de hablar con sus familias.

Graduado de ingeniería de sistemas, John Freddy se dejó atrapar por una oferta en internet. Supuestamente estaban buscando un supervisor para una multinacional española, con un sueldo de 7.000 dólares mensuales, en Argentina.

Aplicó, fue seleccionado, le enviaron los tiquetes y lo que parecía una oportunidad de oro terminó siendo su peor pesadilla.

La web se ha convertido en la herramienta más utilizada por las redes que trafican con los esclavos del siglo XXI. El año pasado, este colombiano fue una de las personas rescatadas por las autoridades argentinas. Al parecer, su ‘dueño’ en ese país intentaba negociarlo con traficantes asiáticos cuando fue detectado.

Desempleados, niños, desplazados, trabajadores sexuales y, eventualmente, cualquier incauto son las potenciales víctimas de las redes de trata que operan en Colombia y que hacen parte de un tenebroso engranaje internacional. El negocio es el tercero más rentable después del tráfico de drogas y el de armas.

Según la Interpol, la trata de personas mueve 1,3 billones de dólares en el mundo. Y un reciente informe del Departamento de Estado de Estados Unidos señala que ese delito dejó el año pasado al menos 44.000 víctimas, 7.818 de ellas de este lado del planeta.

Aunque la modalidad más conocida es la prostitución forzada, van en aumento los casos de trabajo esclavo y el matrimonio servil. Las redes, además, mueven cada año centenares de indígenas de Ecuador y el sur de Colombia para mendicidad en ciudades de Latinoamérica.

La magnitud de esa amenaza es desconocida. Pero este año, por primera vez, las cifras de casos atendidos por trata con fines de explotación laboral superan los de explotación sexual. El Ministerio del Interior ha atendido a 40 víctimas de tráfico ilegal de personas en lo que va del año; 26 sufrieron trabajos forzados y 11 fueron engañadas para la prostitución.

También se han documentado tres casos de matrimonios serviles.

La explotación laboral ha ido creciendo en los últimos años. Mientras en el 2008 el Ministerio del Interior atendió a ocho víctimas, en el 2013 hubo 24, cifra que ya fue superada en lo que va del 2014. Estos datos, que no son estadísticos, dan apenas una idea de lo que podría ser este crimen, debido al subregistro: la Policía estima que por cada caso que se conoce hay al menos 20 que no se denuncian, mientras que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) asegura que, en los últimos 12 años, por lo menos 400 personas han sido víctimas de tráfico.

Apenas esta semana, siete antioqueñas fueron rescatadas de una red que las mantenía cautivas en Cancún (México). Les ofrecieron trabajo como niñeras en una mansión de la turística ciudad, pero al llegar las obligaron a trabajar como empleadas domésticas. Las colombianas, que también sufrieron amenazas y violencia sexual, fueron rescatadas en una operación de la Interpol.

Aunque hay denuncias de casos recientes en España, China y Venezuela, es Argentina el destino que hoy tiene más preocupadas a las autoridades colombianas. Precisamente fue allí donde se desarrolló el operativo reciente más grande contra explotadores laborales en todo el mundo. Tras realizar 69 allanamientos en 10 provincias, fueron rescatadas 85 personas que trabajaban obligadas en fábricas de muebles. Los jefes de la red criminal y la mayoría de las víctimas eran colombianos que fueron enganchados con una falsa oferta de recibir 20.000 pesos argentinos a la semana (unos $ 4 millones colombianos).

Tras las promesas incumplidas, la retención de los documentos de identidad, y amenazas, las víctimas quedan sin opciones ante sus captores. Las redes de traficantes también están enviando colombianos a Chile, donde son obligados a trabajar en minas, sectores de hotelería y restaurantes. También hay denuncias desde Panamá. Solo son liberados cuando ya no son rentables para los dueños de los negocios y los entregan a las autoridades de migración. En Ecuador, según el Departamento de Estado de EE.UU., se sabe de casos de niñas colombianas ‘vendidas’ para trabajos domésticos y prostitución y de connacionales obligados a trabajar en los cultivos de palma aceitera. En China, además de la explotación sexual, también utilizan menores colombianos con discapacidades para mendicidad.

Bajo el agua y sin seguridad

Con un hijo y desesperada por no poder conseguir trabajo, Lucía aceptó la propuesta de una amiga de Medellín para trabajar en Caquetá. Después de viajar en avión, luego en bus y por último en lancha, llegó al lugar en donde le habían ofrecido trabajar en un bar. Al ver que el sitio estaba lleno de hombres armados vestidos de camuflados, intentó irse, pero el dueño del bar la amenazó, le dijo que tenía una deuda con él por los pasajes y la obligó a quedarse en el sitio.

“Hasta 30 hombres diarios tenía que atender en un día. Lo único que quería era morirme”, le contó a la Corporación Espacios de Mujer, que atiende a víctimas de trata de personas en Antioquia. Lucía logró escapar con la ayuda de un cliente y ahora trata de rehacer su vida. La suya es una de las historias del tráfico interno de personas.

Pero ese negocio criminal no solo se lucra de la prostitución. La Fundación Esperanza auxilió a un joven de 18 años contratado para trabajar como ayudante de minería. Para sacar oro de un río, debía permanecer casi todo el día en el agua, utilizando un tubo en la boca para respirar y sin condiciones mínimas de seguridad. Tras un mes de trabajo, le dijeron que si no sacaba nada no había salario. “De eso también dependía la comida. Si nos iba mal, nos la restringían”, cuenta. Y mientras llegaba el supuesto pago, los que manejaban la explotación les dijeron que ya debían los gastos de vivienda y la alimentación. “Si uno quiere irse no puede hacerlo. Está comprometido con la deuda”, dice la víctima.

Explotación sexual no tiene freno

En un hotel de Cali, en donde trabajaba como auxiliar de cocina, Lisbeth conoció a Phillip, un ciudadano francés que trabaja para una cadena de viajes turísticos. El hombre, que llevaba tres meses hospedado en el lugar, le prometió a la joven que sus ingresos mejorarían si aceptaba una oferta para trabajar en un hotel de Trinidad y Tobago. El extranjero se comprometió a pagar los gastos del pasaporte, visa y tiquetes, por lo que la joven, cuya familia pasaba por una difícil situación económica, finalmente aceptó. Al llegar a ese país, Lisbeth se encontró con Esmeralda, quien le dijo que al día siguiente empezaría a trabajar en un club nocturno que era de su esposo, y le dio indicaciones precisas. Cuando Lisbeth se negó y manifestó que ese no era el trabajo que le habían ofrecido, Esmeralda le mostró una foto de sus familiares en Colombia. “Si usted se niega a trabajar para nosotros, alguno de su familia puede perder la vida. Usted ya tiene una deuda de 10.000 dólares por lo del viaje y no puede rehusarse”, le dijo la mujer. Bajo amenazas, la trasladaron hasta el club en donde dormía en una misma habitación con otras 20 mujeres provenientes de México y Ecuador, también víctimas de la trata con fines de explotación sexual, un delito que el año pasado dejó 34.155 víctimas en el mundo.

Paradójicamente, el día en el que casi pierde la vida, fue cuando pudo recobrar su libertad. Luego de quedar inconsciente por la golpiza de un cliente, la trasladaron a un hospital en donde pudo contactarse con autoridades migratorias.

Alerta de Estados Unidos

En un informe publicado hace una semana, el Departamento de Estado de Estados Unidos aseguró que, pese a los “esfuerzos significativos” del Gobierno Nacional para eliminar la trata de personas, ese flagelo sigue fuerte en el país.
En el documento se advierte que faltan programas efectivos para prevenir y atender a las poblaciones más vulnerables, sobre todo de la trata para explotación laboral y la que se da internamente.

Washington también pone énfasis en los pocos avances en investigaciones penales. Según la Fiscalía, a diciembre del 2013 había 143 investigaciones activas y ese año se dictaron 11 sentencias condenatorias. El año pasado, fueron desarticuladas 7 redes de tráfico, con 28 capturas.

Pesadilla en Buenos Aires

Sally Palomino
Redactora de Justicia

Un clic en internet le bastó a Diana Patricia Ospino para convertirse en esclava. Lo cuenta ahora, cuando ya se recuperó del trauma que le dejó pasar de ser una mujer que vivía de hacer pequeños papeles en la televisión a vivir como “una esclava” que limpiaba pisos, baños y hasta los pies de un hombre que, con engaños, la llevó a Buenos Aires. A punta de maltratos y amenazas la mantuvo allí, encerrada durante cinco meses.

Diana tenía 23 años y un trabajo inestable en Colombia. Por eso aceptó una amistad vía internet con un argentino que prometió ayudarle con un empleo en ese país. “Fuimos amigos virtuales dos años. En ese tiempo alcancé a creer en él”, dice. El hombre la contactó con una productora de comerciales en Buenos Aires y le envió un contrato que supuestamente le garantizaba un salario de 5 millones de pesos mensuales. En junio del 2008, Diana llegó a Argentina.

Allí fue encerrada en una casa y obligada a hacer labores de aseo. Ella cuenta que hasta tenía que hacer de mesera en las fiestas de su captor y que a cada protesta le seguía un episodio se maltrato.

La pesadilla terminó cuando fue rescatada por una ONG argentina que la llevó con las autoridades.

Se trata de Ratt Internacional (Red Alto al Tráfico, la Trata y la Explotación Sexual Comercial de Niñas y Adolescentes).

Ahora, en Colombia, trabaja atendiendo una línea de emergencia, mientras escribe el libro ‘Cautiva bajo otro cielo’, en el que contará su experiencia.

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