Estado delincuente

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La gran crisis política y económica que atraviesa Venezuela, gracias sin discusión de ninguna naturaleza a las locuras del Presidente Nicolás Maduro, todos sus asesores, ministros y demás colaboradores, ha colocado a nuestro país en posiciones realmente preocupantes: país de mayor riesgo económico, de inseguridad jurídica, de mayor inseguridad personal después de Honduras, con menor crecimiento en su economía, de mayor corrupción, de violaciones a los derechos humanos y para completar, sin libertad de información. Somos una nación controlada absolutamente por el Estado que transgrede, tuerce nuestro derecho, lo manipula como una especie de plastilina  que moldea no como lo exige la norma, sino como lo necesitan el Gobierno y la revolución. Los ejemplos que demuestran lo que aquí planteo están en todas partes y se suceden a diario, convirtiendo el Estado en una suerte de delincuente.

La impunidad, la falta de justicia, la violación permanente a la norma jurídica, nos convierten en un Estado anárquico, pero lo que es peor es que esta suerte de locura institucional parte primordialmente del propio Estado, de su Gobierno que está obligado a garantizar el estado de derecho, pero por el contrario es su principal transgresor. Escuchamos al Gobierno amenazando, ordenando la ejecución de medidas, operativos y acciones amparados solo por el hecho de ser el Estado, de tener el control del poder y la manipulación vergonzosa del Estado de necesidad ciudadana al que nos han conducido y que ya no es ni serán capaces de detener.

Para colocarnos en contexto veamos algunos ejemplos de aquí nuestro municipio, nuestro estado: a un año de la injustificada muerte de jóvenes venezolanos, Carabobo lloró la muerte de Génesis Carmona, Geraldín Moreno y el cruel además de desmedido ataque contra la humanidad de Marvinia, solo por estar en el lugar equivocado y tomar una fotografía. Todos fuimos testigos de la represión del Gobierno, de las detenciones injustas y también de aquel desafortunado Twitter ordenando “el contraataque fulminante” de la autoridad regional; nada pasó, nadie recibió el peso de la ley, a nadie sancionaron por ello, todavía esperamos justicia para las tres. 

Cuando los venezolanos vivimos por primera vez un desabastecimiento de grandes proporciones, con una escasez que nos tiene literalmente “locos” como olvidar ciento treinta mil toneladas de alimentos descompuestos tirados a la basura y 30 mil toneladas de leche enterradas en Cedimague de manos del Gobierno y tampoco haya sanciones para nadie del alto Gobierno.

Mientras el Estado no ha sido capaz de potenciar nuestra producción nacional, de generar una verdadera alianza con la empresa privada, por el contrario, la sataniza, pretende ganar indulgencia con los escapularios ajenos, ordena acciones contra la Polar porque debe producir más harina Pan y cobrar menos; estatizan Clorotex así no haya cloro ni materia prima, y lo último, detienen a los dueños de Farmatodo por generar colas y por su lado las esconden en sótanos y estacionamientos para que no se vean.

Pero como esto no es suficiente, recientemente se produce otro accidente en la Refinería El Palito, un derrame de hidrocarburo consecuencia según la autoridad de un fuerte aguacero desencadenado esa madrugada del jueves que provocó la salida no controlada de aceites que inundaron cinco kilómetros de playas y arruinaron no solo los Carnavales para pescadores y comerciantes de ese concurrido sector de nuestra ciudad, sino un daño ecológico irreversible y por el que nuevamente nadie va a responder. ¿Hasta cuándo? Estamos cansados no solo de los permanente delitos ambientales cometidos por el Estado sin que se apliquen las sanciones correspondientes, sino además que no haya investigación, que no exista ninguna explicación, que no sean capaces de dar la cara y asumir la responsabilidad, que nos vean con cara de pendejos para comernos esos cuentos de que la lluvia desbordó la laguna y el aceite se salió, ¡por Dios! Y para colmo, tan cobardes para no responder a ninguna pregunta, que el anuncio del hecho lo hacen por nota de prensa y la supuesta solución por una cuenta de Twitter, demostrando el poco respeto que nos tienen como ciudad. Como todo fue tan evidente, no pudieron apelar a la guarimba, al complot, al plan desestabilizador responsable de todos los males de la patria.

No puedo culminar esta relación de hechos sin comentar lo vivido el sábado en la tarde en vísperas del desfile de Carnaval de Puerto Cabello, claro que nos merecemos momentos de esparcimiento y distracción luego de tanto  trabajo y esfuerzo, pero eso no significa que seamos irresponsables, ¿cómo se les ocurre no dejar ningún acceso directo al Hospital Prince Lara?, no había por dónde pasar, a nadie se le ocurrió que hay gente que no podía ver ni disfrutar el desfile porque estaban enfermos o porque tenían un familiar en el hospital, eso es una gran irresponsabilidad y yo no me lo puedo callar. No seamos cómplices silenciosos, no sigamos acostumbrándonos a ver estas cosas con naturalidad, cuando la verdad es que debemos hacernos respetar.

 

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