La fiesta del cine depende de las divisas

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Caracas, 19 febrero 2014.- Es indiscutible que el cine venezolano tiene razones para festejar: una película reciente,Papita, maní, tostón, de Luis Carlos Hueck, acaba de pasar el umbral del millón espectadores, colocándose entre las tres más vistas de la historia del cine venezolano. Azul y no tan rosa, de Miguel Ferrari, ganó el Goya de la Academia española el mismo día en que Joel Novoa brilló en el festival de Santa Bárbara por Esclavo de Dios. Otra película venezolana, Pelo malo, de Mariana Rondón, obtuvo la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, y La distancia más larga, ópera prima de Claudia Pinto, se llevó el premio del Público "Glauber Rocha" en el Festival de Montreal. Las dos últimas se estrenarán próximamente.

Mas las razones para celebrar conviven con algunas preocupaciones dentro del gremio cinematográfico. El control de cambio y la escasez de divisas para la producción cinematográfica, desde el rodaje hasta la posproducción, copias y promoción, tiene en vilo a muchos cineastas que con sus películas terminadas, ven difícil el estreno de las mismas. De hecho, hasta el momento, hay al menos 45 títulos entre largos de ficción y documentales, que aguardan por una fecha para entrar en cartelera.

La Villa del Cine -por cierto, ahora adscrita al Ministerio de Comunicación e Información y con nuevo presidente, Jorge Antonio Gómez- aún no estrenaAlias, Bambi C4, de Eduardo Barbarena, sobre el terrorista cubano Luis Posada Carriles, una de las primeras producciones que hizo la fundación estatal desde su creación en 2006. Pero además tiene otros títulos en espera como Corpus Christi de César Bolívar, Ley de fuga de Ignacio Márquez y Gaspar Mendoza de Julián Balám, al tiempo que termina de filmar La planta insolente de Román Chalbaud sobre Cipriano Castro y coproduce Allende, tu nombre me sabe a hierba, del chileno Miguel Littin.

Igualmente, aguardan por una fecha concreta de estreno películas como La mujer del coronel de Juan Carlos Wessolossky, Km 72 de Samuel Henríquez,Hasta que la muerte nos separe de Abraham Pulido, y Tres bellezas y Más allá del valle de la silicona, ambas de Carlos Caridad Montero, entre otras. 

Carlos Malavé decía recientemente "Tengo siete meses conversando con el Cnac (Centro Nacional Autónomo de Cinematografía) sobre las copias, porque el material fílmico para reproducirlas es importado. Parece que lo van a importar, aún no se sabe… El juego está trancado. Estrenamos el 2 de mayo (Las caras del diablo 2) y solo me falta la parte que tiene que ver con las divisas… Yo voy a poner todo mi esfuerzo para que se estrene así sea con sonido estéreo".

Según Carlos Oteyza, director de Cine Archivo Bolívar Films, el Cnac efectivamente ha propuesto convertirse en importador, es decir, que solicitará las divisas directamente al Estado para adquirir los insumos y suministrarlos a la industria. Sin embargo, no ha pasado de ser una propuesta.

Para cumplir la meta de 53 películas cuando termine 2014, trazada por el Cnac, tuvo que haber comenzado el año con al menos un estreno semanal y esa no ha sido precisamente la realidad. Apenas Princesas rojas de Laura Astorga, coproducción Costa Rica-Venezuela, ha llegado a las pantallas. Liz en septiembre, de la venezolana Fina Torres, programada inicialmente para septiembre del año pasado, fue postergada para este 28 de febrero, y nuevamente ha sido aplazada para el noveno mes de este año.

Nadie en su sano juicio apuesta al fracaso del cine venezolano, por el contrario, todos celebran sus laureles, y para muestra lo que ha significado el primer Goya para una película nacional, premio festejado por tirios y troyanos, en un entorno polarizado. Por ello es urgente que el Estado resuelva la situación de las divisas para un sector que se alimenta casi en su totalidad de insumos importados. De lo contrario, todo se quedará en una fiesta puntual del cine.

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