La filosofía del mediocre

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La vida es un mar de oportunidades que nos brinda la opción de aportarle lo mejor de cada uno de nosotros, prepararnos y vencer las limitaciones innatas o aprendidas que nos impiden evolucionar, aprender, reaprender para dejar una estela positiva y exitosa en el transcurrir de nuestra existencia.
Cada día nos brinda un abanico de posibilidades de crear, crecer, producir, mirar hacia lo alto o por el contrario ser conformistas, esperar eternamente, mirando hacia abajo, analistas desnutridos de contenido o eruditos de panadería, critican todo y no aportan nada. Insisto en mis charlas y talleres en que debemos vencer el "rancho mental" que limita nuestro pensamiento y comportamiento a lo pequeño, lo débil, nos condicionamos al conformismo; resistencia al cambio, a los desafíos y a los ideales trascendentales porque nos produce un gran temor; nos acostumbramos sencillamente a lo mediocre.
Por ello, las personas con una visión de futuro o emprendedores van detrás de sus sueños y luchan hasta alcanzarlos; los mediocres renuncian antes de empezar a soñar, abandonan ese potencial de recursos que todos tenemos, rindiéndose  y conformándose con entregar ese poder a cambio de un poco de comodidad o placer, sin que contenga una felicidad verdadera y mucho menos una experiencia proactiva, exitosa, que marque significativamente una vida llena de prosperidad. Por ello, los mediocres viven como dormidos, son los que callan, esperan eternamente, evaden las iniciativas y prefieren no actuar, padecen de flojera mental, solo se concentran en imitar.
Existen una serie de indicadores que nos reflejan a los mediocres como afirma José Ingenieros (resumido): 1) El mediocre es acomodaticio y oportunista. 2) Vive de las apariencias. 3) Imita a los demás y vive mentalmente en el pasado. 4) Es repetitivo y nada original. 5) Se autoengaña para no tener que cambiar.  6) Es envidioso porque no usa su poder para alcanzar sus sueños. 7) Le teme a lo creativo, huye del cambio, es rutinario. 8) Tiende a ser burlón, no cree en la belleza o la perfección. 9) Permite a otros que piensen por él, no es autónomo para decidir. 10) Anhela el éxito logrado por otros.
Por ende, hay que asumir completamente el despertar de ese verdadero ser que todos potencialmente tenemos dentro y que debe encaminarse para el logro de metas propias. En consecuencia, con preparación, educación, asesoramiento, disposición y mucho trabajo, es el precio para dejar de ser parásitos de los sueños ajenos; ojalá muchos se decidieran a hacerlo, tendríamos mejores personas, mejores familias, mejor sociedad y por ende un mundo mejor. La mediocridad se viste también de corbata y trajes lujosos, no respeta clase social, edad o sexo, solo es una condición humana que cada quien elige y lleva consigo.
Por lo tanto, debemos entender que el antídoto contra la mediocridad es la autoestima y asertividad, la determinación de avanzar por encima de la fuerza de la costumbre, la flojera, la ausencia de fe; hay que rebelarse contra todo esto, si existen problemas veámoslos como retos con los cuales podemos crecer y distinguirnos de los demás con nuestro propio estilo de abordar la vida. Es oportuno destacar que poseemos el don de ser únicos, pero no para apostar a la mediocridad y ser uno más del montón, sino para comenzar a trabajar para conseguir nuestro desarrollo personal, social y espiritual; no pierda tiempo en la queja, proceda con su vida y asóciese con personas de éxito, no con mediocres; usted como ser social termina siendo el resultado de con quien se asocia, sea ésta en el ámbito de la amistad, pareja o profesión. "El mediocre no quiere lo que usted tiene, sino que lo pierda" (Miguel A. Cornejo). Suerte. Éxitos.
(*) Orientador.
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