Gavroche

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¡A las barricadas! Es el grito de moda en el París de 1832. Los jóvenes llaman a protegerse tras las improvisadas defensas hechas con carromatos volcados, muebles viejos, barriles de vino (por supuesto vacíos) y todo cuando pueda servir de barrera contra las balas de las tropas reales. Las barricadas cierran las calles, impiden el paso de los soldados y sus caballos. En medio de aquel ambiente de desigual lucha se mueve Mario, un joven que simboliza la revolución en la novela "Los Miserables" de Víctor Hugo. El personaje principal, Jean Valjean, pasa su vida huyendo del policía Javert; en esos momentos de lucha callejera y confusión se esconde como jardinero en un convento. Sus altos muros ocultan también a su bella hija Cosette (no confundir con las galletas rellenas de coco)

Mario y Cosette se enamoran. Representan la juventud que lucha contra la desigualdad, la injusticia y la opresión. Luchan por esa libertad, igualdad y fraternidad que figuran en el escudo emblemático de la nueva Francia, liberada de los guillotinados reyes.

No han sido siempre las barricadas el medio idóneo para manifestar descontento ante los regímenes opresores. En los países europeos y asiáticos, donde los lugares de concentración tradicional son las plazas desprovistas de árboles o cualquiera otro tipo de vegetación, los pueblos descontentos se congregan en ellas para enfrentar al dictador de turno, y la permanencia allí por días o semanas, quiebra su férreo dominio. Principalmente, porque trabajadores, oficinistas y empleados de mercados están en la plaza manifestando. La economía del país se va al fondo.

Cuando los pueblos luchan por sus derechos cerrando calles, se contradicen al negar precisamente uno de los derechos que reclaman: el de libre tránsito. Pero no hay que equivocarse. Si el pueblo piensa que ese es un recurso válido para lograr el rescate de sus derechos, no habrá argumento que los haga desistir en su empeño, y a la larga el sacrificio podrá terminar dando el resultado deseado: la recuperación de la libertad, de la igualdad y la fraternidad entre todos los connacionales.

Circulan por allí las declaraciones de un veleidoso político, según las cuales el pueblo está opuesto a las "guarimbas", y los habitantes de las urbanizaciones de Valencia están cansados del confinamiento auto inducido. Según él, tampoco los habitantes de las zonas más populares (y se refiere al sur de la ciudad, tradicionalmente asociado con la población de menores recursos) apoyan el hecho de ver coartada su libertad de tránsito.

Realmente no sé a quiénes preguntó el talanquérico político, pero en diversas reuniones celebradas en la comunidad donde vivo, la mayoría de los vecinos apoya la medida, si bien a todos nos causa molestias y limitaciones en nuestros desplazamientos por la ciudad. Y en zonas del sur, como La Isabelica y Nueva Valencia, numerosos manifestantes se han enfrentado con valor a las agresiones de las fuerzas represoras del estado. Y la protesta, tradicionalmente confinada en la capital, está extendida por todo el país.
El régimen ha respondido enfrentando las manifestaciones salvajemente, sin ofrecer soluciones a los problemas que provocan dichas manifestaciones.
En "Los Miserables", en una barricada muere Gavroche, un desamparado joven callejero, símbolo de las víctimas de la represión.

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@peterkalbers

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