Hinterlaces e Ivad: Futuro de pronóstico reservado

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Como dijo José Vicente Rangel en la ocasión en que entrevistó a Schémel, estamos cerrando el trimestre inicial del año y es momento de hacer el primer balance sobre la situación política y económica venezolana. En nuestro caso vamos a cruzar los datos de dos encuestas de reciente data, del mes de marzo, realizadas por empresas que tienen un alto nivel de credibilidad, en el entendido de que existe un ambiente bastante polarizado hasta en este asunto, nos referimos a Hinterlaces y a IVAD. Los estudios realizados-a nivel nacional-exploran las aptitudes y opiniones de los venezolanos en lo que se ha llamado la percepción pública de la coyuntura económica, política y social.
 
Los datos arrojados se pueden resumir en una frase de Schémel: “58% está de acuerdo en que la única manera de resolver la crisis económica es con la salida del presidente Maduro (…) por las salidas constitucionales definitivamente”. Así de grave está el panorama para el oficialismo gobernante. Claro, ello no significa que suceda la revocatoria del mandato del Presidente, no, en ese punto “la masa no está pa’bollos” como decimos en el país. Es una situación compleja, con muchas variables y contingencias.  Pero eso no es materia de análisis en este momento, sin embargo, para abreviar la situación, coincido con Luis Vicente León: creo que la mejor salida es esperar a que el mandato presidencial culmine, pero bueno, otros tienen el mismo derecho a “empujar los acontecimientos”, pero sabemos que del voluntarismo a veces solo “queda el cansancio”.
 
La consolidación de una mayoría inclinada a votar por finalizar el mandato de Maduro se expresa en otros segmentos de estado anímico colectivo. Veamos.
 
1) Las ilusiones de los votantes de la oposición el pasado 6-D están todavía en las nebulosas, el fiasco de prometer “acabar las colas” trajo su colita de frustración, aunque no significa que la oposición se muera en el asunto. Pero, el 69% (Hinterlaces) cree que la Asamblea Nacional debe atender la crisis económica de manera prioritaria. Este es un dato clave.
 
2) Schémel advirtió que podría suceder una desgracia nacional: “Se van a presentar focos de violencia, protestas en las calles, la campaña internacional va a ser feroz. Se van a movilizar factores para agudizar la crisis económica”. Pero lo más grave es que este es un “Gobierno que no da respuestas”.
 
3) IVAD, en su Venebarómetro, dibuja la situación negativa del país: “88% de los ciudadanos perciben negativamente la situación del país. No obstante, destaca que la mayoría de quienes se autodefinen como chavistas coinciden con opositores e independientes en su mala valoración. En este sentido, 92% de los independientes, 98% de los opositores y 68% de los chavistas sostienen que la situación del país es negativa”. 
 
4) Este pavoroso escenario tiene su síntesis en la situación de las familias venezolanas: “El 79% de los venezolanos sostienen que el dinero no les alcanza para comprar comida. Y cuando esta percepción se analiza por autodefinición política existe una diferencia considerable entre la respuesta de quienes se dicen chavistas y la de aquellos que se autodefinen como opositores e independientes. Mientras mayoritariamente los independientes (83%) y los opositores (91%) aseguran que no les alcanza el dinero para comprar comida, sólo un poco más de la mitad de los chavistas (58%) piensa lo mismo” (IVAD).
 
5) Schémel, por los datos que maneja, sostiene que “el Gobierno no se encuentra en sintonía con las demandas de los ciudadanos y que se muestra en una trampa cognitiva ‘viviendo una fantasiosa épica revolucionaria… La gente espera orden, eficiencia, soluciones y resultados.”
 
Una aclaratoria final, ante este malestar colectivo, en política, como en la vida, dos y dos no son cuatro. Los “actores” sociales y políticos juegan, no son convidados de piedra. Encuestados y sujetos políticos se movilizan por eventos que amalgaman la coyuntura. Esta es mi primera consideración: estamos viviendo un “clima psicosocial” parecido al caracazo. Pero, me pregunto: ¿vamos a ser actores o espectadores? Ya lo he dicho, la mejor salida es la que no tenga un lastre de muertos, destrucción y desolación. La Constitución ofre- ce alternativas.
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No hay de otra 
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La Asamblea Nacional aprobó en primera discusión y en segunda, respectivamente, sendas leyes para una enmienda y de referendos. Se me dirá que nada de eso prosperará. Que el TSJ, su Sala Constitucional, se encargará de triturar ambos instrumentos legales. Yo a esos magistrados los creo capaces de cualquier desaguisado. Pero con ello, lejos de ayudar al gobierno, lo hundiría más en el pozo del descontento popular. Queda claro que priva la nulidad estratégica por los lados de los palacios donde la elemental conciencia de la situación debería motivar el uso de las neuronas. De utilizarlas, caerían en cuenta del disgusto que suda a chorros el pueblo. Brilla por su ausencia la racionalidad y el sentido común.
 
Los que están en las poltronas del poder yerran al creer que se están enfrentando a Ramos Allup, a Borges, a Capriles, López o una larga lista de dirigentes de oposición. Meten la pata hasta el fondo cuando no entiende que se está enfrentando a millones de ciudadanos anónimos que rumian su rabia y han sido los pagadores de los platos rotos.
 
El señor presidente habla todos los días. Pero lo que dice es irrelevante. Su discurso está vacío de contenido, de motivación, de soluciones. Patalea en un pantano de torpezas.
 
Dilma está políticamente invalidada. La reunión en Qatar no sirvió para nada. Y Venezuela escucha. Escucha atentamente. Llegan las lluvias y Caracas colapsó. Y apenas fue un aguacero. Los precios son el dolor de cabeza de todas las personas que habitamos el país. Menos para los corruptos que viven en dólares.
 
El rollo grueso es la economía. No la política. Pero el gobierno es ciego, sordo y testarudo. El problema no se arregla con feriados forzosos.
 
El gobierno tiene poder para cambiar la hora. Al parecer el poder sólo le alcanza para eso. O cambia el gobierno o hay que cambiar el gobierno. No hay de otra.
 
En la oscuridad el venezolano está viendo con claridad.
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