|
|
Antipartidismo
Héctor
Strédel.
En los anos finales del siglo pasado irrumpió intempestivamente
en el panorama político nacional una agrupación autodenominada
"Los Notables", promovida y jefaturada por el doctor Arturo Uslar
Pietri e integrada, fundamentalmente; por intelectuales a él afines
y por figuras sobrevivientes del gomecismo, del lopecismo, del medinismo
y del perezjimenismo.
Los optimistas le dieron cálida bienvenida a esa
agrupación. y no era para menos, dado el peso intelectual y político
de su fundador y directivo principal, así como el relieve indudable
de muchos quienes lo acompañaban en el proyecto. Del que se pensó
-del que pensaron los optimistas- que se convertiría en poderosa
palanca de impulso al más acelerado y provisor desarrollo democrático
integral del país. pero bien pronto se desinflaron las esperanzas
puestas en "Los Notables".
"Los Notables" no se habían constituido
para contribuir con las fuerzas democráticas del país en la
tarea de corregir y rectificar vicios y errores en la definición
del destino nacional y en la ejecución de las políticas dirigidas
a garantizar que ese destino fuera y sea el de la satisfacción de
las máximas aspiraciones del pueblo venezolano, en su cabal derecho
al disfrute de una vida realmente digna y plena de logros. Así como
Uslar Pietri se apropió de la célebre proposición de
Alberto Adriani de sembrar el petróleo, pero jamás sembró
una sola gota cuando tuvo excelentes oportunidades para hacerlo -recuérdese
que fue el poder detrás del trono en el gobierno del general Medina
Angarita- así tampoco venían "Los Notables" a meterle
el hombro a la construcción de una Venezuela mejor, sino a pasar
factura por presuntos agravios a su fundador y a sus demás dirigentes.
No. "Los Notables" nacieron y actuaron como poderoso
ariete contra los partidos políticos en cuanto instrumentos esenciales
de la vida y de la institucionalidad democrática. Contra el pluralismo
partidista. Según "Los Notables", los partidos políticos
serían los directos y únicos culpables de las precariedades
económicas, sociales, políticas, culturales y de toda índole
de la Venezuela contemporánea.
El solo nombre de Uslar Pietri -a quien salva para la historia
su vasta obra de pensador, de intelectual de excepción, de relieve
universal- bastaba para que todas las tribunas del país estuvieran
al servicio de "Los Notables". Y la prédica sistemática
y perversa de "Los Notables" contra los partidos políticos,
contra la pluralidad partidista, terminó por germinar en hechos como
los golpes militares de febrero y noviembre de 1992 contra el legítimo
gobierno constitucional del momento y, más tarde, en el derrumbe
de la democracia venezolana que significaron las elecciones de 1998 y el
gobierno surgido de tales elecciones, que ya suman once años en el
poder.
Frente a la dramática realidad actual, los venezolanos
han tomado conciencia del tremendo error cometido en la asimilación
de la prédica perversa de "Los Notables" contra los partidos,
contra la pluralidad partidista. Y vienen aprestándose para reinstalar
a los partidos, en su pluralidad democrática, como fundamento esencial
de la impostergable recuperación general del país. Como signo
promisorio, los partidos políticos se unifican por encima de sus
lógicas diferencias -del signo que sean- para enfrentar juntos la
impostergable responsabilidad de reinstaurar la institucionalidad democrática,
hoy brutalmente humillada por el militarismo fasciocomunista del régimen.
Y øqué ocurre? El gobierno echa mano de la tesis uslariana
del antipartidismo y, con el dispendio delictivo los recursos nacionales,
emprende sucia campaña saturadora contra los partidos, frente al
riesgo real y cierto de que su unidad triunfe, por sobre todos los ventajismos
posibles, incontestablemente en las elecciones parlamentarias del año
próximo, y se proyecte a la reconquista del poder democrático
en 2012.
El antipartidismo es el arma que blande hoy el gobierno
para perpetuarse en el Poder, para eternizarse en el poder. A la inversa,
la reposición de la confianza popular en los partidos como instrumentos
insustituibles de la institucionalidad democrática, garantizará
la definitiva erradicación del fasciocomunismo y la reconquista de
la independencia y la soberanía nacional, hoy vulnerada por la colonización
fidelista.

|
|