Huir o luchar

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"Debemos estar decididos a utilizar la mentira, el engaño, el encubrimiento, el ocultamiento de la verdad, la ilegalidad, todo en favor del Comunismo". Vladímir Ilich Lenin (1870- 1924), político ruso, teórico comunista, líder de la facción bolchevique del Partido Obrero de Rusia, primer dirigente de la Unión Soviética.
De regreso, después de unas vacaciones navideñas en países que refrescaron mi memoria acerca de lo que es calidad de vida. Una merengada de sentimientos que mezclan la frustración con la ilusión de que algún día en mi país pueda hacer (o volver a hacer, en algunos casos) actividades que son normales y domésticas en países menos ricos y menos hermosos. Pasar el suplicio de esos mini cupos que funcionan cuando les viene en gana, afrontar la pena de que los venezolanos estemos rayados en todo el mundo con esas tarjetas rebotonas, es un disgusto que aceptamos a cambio de saborear unos días de libertad.
Caminar por las calles sin miedo después de una agradable cena en un hermosos restaurant donde quieren que seas su cliente habitual, transitar sin temores por vías sin huecos y señalizadas, ignorar absolutamente como se llama el alcalde o el gobernador del sitio porque no hay una sola valla de funcionarios dándose autobombo que te lo indique. Cosas simples como que te traten bien en una tienda o en el mercado y no como si te estuvieran haciendo un favor; ver las estanterías llenas de comida, frutas y verduras que parecen recién cosechadas y no alimento para cochinos. Policías a los que recurres sin temor, vehículos nuevos circulando en las calles, libertad para comprar cuantos potes de leche quieras. Disponer de teatros, museos, conciertos para escoger. Sentarse en un banco de un parque a leer o a mirar a los peatones sin temor a que te asalten.
Sin obviar los carteristas que son la plaga de Europa, la seguridad en el viejo continente es una premisa mandatoria. Allá no saben lo que es una cadena, pero se preocupan por atraer el turismo como fuente fundamental de recursos; para ello, necesitan estabilidad política y seguridad jurídica. La opinión pública se encarga de recordar a cada paso a los funcionarios que les están pagando para que trabajen para todos los ciudadanos. Los alcaldes están muy ocupados de mantener sus ciudades limpias de basura y de hampa, lo cual es casi lo mismo. El principal problema en estos países es una inmigración ilegal proveniente de África que les ha desequilibrado los presupuestos locales, aportándoles pobreza e inseguridad. Lamentablemente cuando hay algún evento delictivo, casi siempre están involucrados inmigrantes indeseables.
A los venezolanos, que vivimos encerrados tras rejas, sistemas de seguridad, alarmas, que pagamos gruesas sumas en seguros de vehículos, que nos enconchamos en las casas después de las 7 de la noche, que no dormimos hasta que los hijos llegan, que nos montamos en los carros como paranoicos mirando a todas partes, que no queremos ni siquiera hacer turismo por el país para no enfrentar los riesgos que ello significa, tenemos unas verdaderas vacaciones no solo por la libertad de tránsito y la seguridad que respiramos sino porque no escuchamos cadenas, gritos destemplados, insultos diarios ni conflictos permanentes. Por agitadas que sean, las vacaciones fuera de Venezuela nos brindan un respiro que se acaba abruptamente al pisar el aeropuerto de Maiquetía y ver la valla gigante del finado en inmigración, amenazándonos con que su revolución es para siempre.
Ver otras realidades también nos hace soñar y quererlas para Venezuela. Mil veces nos preguntamos por qué países con ingresos muy inferiores pueden mantener a raya a la delincuencia. Y lo hacen utilizando métodos convencionales: fortaleciendo a la policía, haciendo contraloría a los jueces, persiguiendo y castigando a los delincuentes, vigilando escrupulosamente las calles, respondiendo a las llamadas de auxilio de la ciudadanía.
No es que aquello sea Disneyworld: como dije, tienen problemas, pero los gobiernos saben que su función es servir a los habitantes, que deben dar educación, salud, seguridad, infraestructura. Cuando regresamos a enfrentar nuevamente a un gobierno que se siente con derecho a maltratar a los ciudadanos, que aúpa la impunidad, la ausencia de educación y el terror como medios de eternizarse en el poder, que utiliza el poder para atropellar al país, que usa un vocabulario y un trato inaceptable para quienes en realidad son sus jefes, nos hace envidiar la calidad y el respeto de otras latitudes y comprendemos por qué tantos venezolanos han abandonado este infierno revolucionario para buscar paz y seguridad.
Por eso nuestros profesionales están huyendo en masa, por eso nuestros recién graduados se van para no volver, por esos nuestros hijos quieren largarse a un país donde haya un gobierno que respete su libertad y su vida. Estamos perdiendo un invalorable capital humano, toda una generación espantada por este desastre que azota Venezuela desde hace ya 15 largos años. 
Encontramos una gran conmoción por el terrible asesinato de Mónica Spear y su esposo frente a su pequeña niña. Ella pasa a engrosar las estadísticas que nos colocan como el tercer país más violento del mundo. La cifra de 25.000 muertes violentas en un país que no está en guerra es como para aterrar a cualquiera. Con vergüenza escuchamos en la tv italiana declaraciones de quien hace las veces de Presidente de la República balbuceando la pregunta de hasta cuando esta matanza, como si no tuviese ninguna responsabilidad, como si el gobierno no estuviera a cargo de la seguridad pública, de la policía, de las vías, del castigo a la delincuencia.
Las autopistas de Venezuela son una guillotina en las noches, bandas de delincuentes que colocan obstáculos en la vía para detener los vehículos, atracar y matar, es algo que viene ocurriendo desde hace años. Pero el gobierno ha demostrado que no le interesa el bienestar ni la seguridad ciudadana sino imponer a sangre y fuego una revolución que ha traído la ruina de la economía nacional y ha atornillado en el poder a un grupete incapaz de dirigir eficientemente a un país de gente buena. Para ejemplificar esto: hace años el finado ordenó quitar el mantenimiento y custodia de las autopistas a las gobernaciones. Como siempre, la acción de gobierno no fue para favorecer a nadie sino para perjudicar a gobernadores de oposición a quienes arrebataba competencia. También como siempre, las autopistas quedaron al garete.
Las noticias de atracos y atentados con saldo de muertos y heridos aparecen desde hace años en los medios de comunicación. ¿Por qué el gobierno no ha puesto vigilancia en las vías? Un gobierno que tiene dinero para tapizar de vallas carreteras y autopistas, mintiendo sobre las maravillas de su revolución, debería tener presupuesto para patrullar zonas de alto riesgo. ¿Por qué tenemos un país controlado por los pranes de las cárceles, pisado por la delincuencia? ¿Por qué el régimen en lugar de dilapidar nuestro dinero y su tiempo que debiera estar dedicado servirnos en lugar de perderlo hablando pendejadas, no se dedica a una verdadera acción contra el crimen? ¿Por qué en lugar de tratar de reformar y hacer leyes para ideologizar la educación no hacen leyes para instaurar la pena de muerte a los asesinos? Túnez, un país que no tiene petróleo, se sacudió en el 2011 una dictadura añeja y hoy en día está trazando líneas notables para su desarrollo, entre las cuales está asignar el 30% de su presupuesto a la educación. Aquí en Venezuela, la asignación educativa es del 2,8% mientras la revolución dedica ingentes cantidades a comprar armas que ni siquiera son usadas contra el hampa que nos asesina.
En el "imperio", del cual hablan tanta estupidez dirigida a los estúpidos que les creen, el índice de muertes violentas es de 4 por 100.000 habitantes (y tienen 400 y pico de millones), mientras en Venezuela es de 48 por cada 100.000 habitantes, con sólo 29 millones.
Asumo la indignación y la impotencia que sienten los venezolanos conscientes ante tanta desidia. Es más, no contener esta matanza, como la llama el que está en Miraflores, es pura maldad de quienes quieren mantener al país aterrorizado como táctica para que no accione por culpa del miedo.
Los venezolanos no queremos escuchar más chácharas revolucionarias: queremos paz en nuestras calles, seguridad, alimentos en los anaqueles, vías asfaltadas, electricidad, agua, gas, educación y libertades. Llegó la hora de exigir que cumplan con su deber y no nos harten más con su irresponsable revolución. Están avisados.
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Twitter:@charitorojas

 

AQUÍ ENTRE NOS

*Las dificultades para viajar fuera del país cada vez se multiplican con obstáculos como el no poder planificar un viaje con antelación mayor a un mes, porque las líneas no venden los pasajes, ante la incertidumbre en las políticas del gobierno para cambiar las divisas. A estas alturas del año, los 400 dólares de internet no han sido autorizados y las tarjetas pasan con dificultad en el exterior. Todavía no se sabe qué pasará con Cadivi, ni cuanto se devaluará la moneda. Damos las gracias a la revolución y al finado por este "corralito" a la cubana. 
*Ya se ven cambios en la Alcaldía de Valencia, pese a que grupos violentos, tarifados del Psuv y del gobierno regional, tratan a diario de boicotear las iniciativas de Miguel Cocchiola. Nuevamente se abrieron las oficinas de recaudación municipal (pintaditas de azul cielo) en el Shopping Center, lo cual es un alivio para el pago de los contribuyentes. Pero aún están dormidos con asuntos como la remoción en la autopista de las vallas de Edgardo Parra, lo cual desorienta a los transeúntes.
*Denuncian desde Nueva Esparta que las entradas para el juego inaugural de la Serie del Caribe, que será el 1º de febrero, han sido adquiridas en su totalidad por el gobierno. ¿El motivo?, pues que el partido será entre México y Cuba, que regresa después de décadas fuera de la Serie. Y la primera bola la lanzará Raúl Castro, por lo que las entradas serán repartidas sólo a empleados públicos y psuvistas que llenarán el estadio con sus camisas rojas, evitando así la monumental pita que le esperaba al dictador cubano. 

Hasta el próximo miércoles.

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