Iglesias de Valencia vuelven al “oscurantismo” y las rodea el miedo

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El sacerdote también se ha cultivado en el arte de conducir la liturgia en plena oscuridad. El diácono le ayuda a leer las Sagradas Escrituras con el dispositivo-linterna de su teléfono celular. Foto: Robert Mogollón/ Notitarde

Notitarde.- Iglesias de Valencia vuelven al “oscurantismo”.

Un raro tic nervioso provoca que las pupilas de los devotos examinen a cada instante a los extraños que llegan a la oscura ermita de San José.

Otros fieles desarrollaron sacudidas involuntarias del cuello mientras intentan prestar atención a la homilía que se lleva a cabo en el templo de la avenida Díaz Moreno de Valencia. Escudriñan de un lado a otro en un singular movimiento oscilatorio.

Un aprendizaje forzoso permite a los fieles lidiar con la inseguridad y los continuos robos. Admiten, con sentimiento, el doloroso precio que deben pagar por practicar su fe. Lamentan tener que orar con recelo y los dientes apretados.

Iglesias de Valencia vuelven al oscurantismo

No pueden mirar sus relojes porque no los llevan consigo, pero la luz de la luna les indica que la misa está por concluir. El robo del cableado mantiene la iglesia situada a una cuadra de la avenida Bolívar sin electricidad.

El sacerdote también se ha cultivado en el arte de conducir la liturgia en plena oscuridad. El diácono le ayuda a leer las Sagradas Escrituras con el dispositivo-linterna de su teléfono celular.

“No tengo luz en la iglesia, no hay aire acondicionado, el cerco eléctrico no funciona”, comentó el párroco Kafka Pirela Soto. El sufrimiento de los religiosos de San José comenzó hace un mes cuando delincuentes de la zona sustrajeron cuarenta metros de tubería de cobre. Luego se llevaron dos colmenas del aire acondicionado de una unidad externa de cuatro toneladas y por último cargaron con 140 metros de un costoso cable.

Sin embargo, los ataques a la salida de la iglesia son añejos. Meses atrás colocaron una pancarta para quejarse de las embestidas delictivas. “Basta de robos”, decía una tela colocada en la reja.

Los feligreses lamentan que la delincuencia los haya retrotraído a los tiempos de la iglesia primitiva, al oscurantismo.

Consideran que la inseguridad en Valencia los ha devuelto al paleocristianismo, al período del Imperio Romano. Época donde debían rezar en la clandestinidad, a oscuras, porque se les obligaba a abjurar de sus creencias, rendir culto a los emperadores y delatar a otros cristianos.

Recuerdan que en aquella época los despojaban de sus propiedades y destruían sus símbolos sagrados. Hoy los delincuentes de la avenida Bolívar les arrancan sus relojes, prendas y celulares.

De Lomas del Este a Paraparal

El padre Miguel Romero, director de Medios de la Arquidiócesis de Valencia, admite con dolor que el robo de cables y la inseguridad afectan otras iglesias de la ciudad.
Con pesar reconoce que la situación ha obligado a suspender algunos servicios como cultos, bautizos y matrimonios. Le cuesta explicar cómo una joven pareja llena de ilusiones se ve obligada a regresar a casa y suspender la alianza que establece el sacramento eclesiástico. Los novios se ven imposibilitados de tomarse la tradicional fotografía a los pies del altar.

“La Arquidiócesis de Valencia observa el fenómeno como algo alarmante. En medio de tantas situaciones que vivimos, la iglesia también se ve afectada”, señaló el presbítero Romero.

El sacerdote afirmó que el drama de la iglesia San José no se ha podido atender porque el cable hurtado representa un costo muy elevado.

Recordó que otras iglesias de Valencia se encuentran sin servicio telefónico. Los robacables que abundan por la ciudad mantienen incomunicadas las parroquias.

Por ello a las familias se les dificulta contactar a los sacerdotes para solicitar cualquier servicio. La situada en las adyacencias de la plaza Bolívar también se ha quedado sin servicio telefónico.

Distintas capillas han quedado a oscuras, pero la contingencia ha sido resuelta con mayor brevedad porque se trata de hurtos de pequeñas cantidades de cables.

La Presentación del Señor, situada en el sector Paraparal, en Los Guayos, fue blanco de la delincuencia. Ladrones boqueteros perforaron una pared para luego sustraer cables y un equipo de sonido.

Los fieles denunciaron que un grupo de hombres armados penetró y se apoderó de teléfonos celulares y de una laptop.

Similar castigo acusan los miembros de la parroquia de Lomas del Este. Allí los religiosos decidieron encerrar en una bóveda las imágenes religiosas.

Los recurrentes hurtos han sido acompañados de profanaciones de las sagradas imágenes. Con insistencia solicitan patrullaje policial.

“Hacemos un llamado a los responsables del tema de la delincuencia para que brinden una mayor protección en la casa de Dios”, comentó el padre Romero.

La Catedral de Valencia tampoco pudo escapar de la inseguridad. Delincuentes sustrajeron hace algún tiempo las tuberías de cobre del aire acondicionado.

A las cuatro de la tarde ofrecen la última misa en la principal iglesia de la ciudad. La delincuencia que azota en el casco histórico de Valencia provoca que los fieles procuren regresar a sus hogares antes del crepúsculo vespertino.

“Los horarios han sido modificados en la mayoría de las 68 parroquias que componen la Arquidiócesis de Valencia”, dijo el padre Miguel Romero.

Los robos de feligreses y la grave crisis del transporte colectivo obligaron a las autoridades a tomar la decisión. Algunos sacerdotes han sido atacados por los robateléfonos.

A la desoladora data se suman los robos de cables ocurridos en la iglesia San Juan Apóstol, situada en el sector Negro Primero de Guacara.

La iglesia San Rafael Arcángel del sector La Michelena lidera la lista de las más robadas en Valencia. El pasado año fue dejada a oscuras en tres oportunidades.

Allí los fieles al concluir la misa se ponen en modo de alerta, activan sus telescópicas miradas y se marchan acompañados. Se niegan a renunciar a su fe.

Con el Cristo en la mano

De la parroquia La Inmaculada de Camoruco, situada en la avenida Bolívar, además de cables y objetos de valor, los delincuentes se han llevado hasta comida del sacerdote.

Conocida como la iglesia de los italianos, es tal vez la más azotada por la delincuencia. Las autoridades han sido notificadas de recurrentes robos, tres en sólo diez días.

El párroco Arturo Uzcátegui declaró hace algún tiempo que ya teme por su integridad y por la de algunos familiares que viven con él.

Denunció que los delincuentes buscan objetos de valor como oro y plata, pero allí no los encontrarán porque simplemente no hay. Sólo han podido cargar con alimentos que se encuentran en la nevera del cura.

Los hampones han intentado penetrar hasta por el techo. El último episodio lo vivió luego de que antisociales irrumpieron en las habitaciones y se toparon con el sacerdote, quien con un Cristo en la mano comenzó a tocar un pito para pedir ayuda de los vecinos.

El clérigo dice que suele llamar al 171, pero las patrullas llegan cuando los ladrones ya deben de estar en sus casas. Atribuye los repetidos robos a la falta de alumbrado público y a la precaria vigilancia policial.

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