La importancia de una plancha

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Si uno cae con todo y callos en un camino, dice la más elemental lógica que o se cambia la senda o se le arregla antes de intentar cruzarla de nuevo. Porque dicta la sensatez que, de lo contrario, se caerá de nuevo y se romperá la crisma.

Es una verdad a medias que Maduro no es responsable sino de lo ocurrido desde su toma de posesión luego de las elecciones en abril de 2013. Al fin y al cabo, previamente Maduro fue miembro de la Asamblea Constituyente por el MVR, Diputado a la Asamblea Nacional por el MVR, Presidente de la Asamblea Nacional, Canciller, Vicepresidente de la República, Presidente encargado, candidato a la Presidencia por el Psuv y otras fuerzas del Polo Patriótico, hasta llegar finalmente a la poltrona de Miraflores. Y no hay que dejar por fuera el que siempre ha sido alto directivo del partido de Gobierno. Así que lavarse las manos como Poncio Pilatos no es una opción aceptable. Maduro es, para ponerlo clarito en blanco y negro, corresponsable por todo lo anterior y responsable por lo actual y por las consecuencias de sus incapacidades y torpezas. Lo es también de lo que hagan y dejen de hacer sus funcionarios y, como cabeza del Psuv, de lo que haga ese partido.

Es cierto que mientras el finado estaba en la Presidencia nadie podía ni rechistarle una decisión, so pena de salir despedido como corcho e' limonada directo a las catacumbas de la revolución y sin derecho a pataleo. Ese señor manejaba con igual destreza la zanahoria y el garrote. También es cierto que ese llamado liderazgo (negativo, pero liderazgo al fin) que exhibía el finado no se le ve por ninguna parte al actual titular. A veces me da por pensar que el finado era como Tito, quien durante décadas mantuvo la unidad en Yugoslavia pero que a su muerte ese pegote se esfumó y todo acabó disolviéndose. Tito, así como el finado, era un engrudo, como una pega loca. Unía tanto el apego como el desprecio.

Igual, no cabe hoy en Venezuela la repartición de culpas. Maduro es el Presidente y es por diseño el responsable de todo este desastre que está ocurriendo. Las cartas desgraciadas no lo alivian. Por cierto, lo hunden más. Porque nada de lo que se dice en esas misivas infortunadas era desconocido por Maduro. Algunos afirmarán que incluso compartido y apoyado. La debacle, empero, fue advertida suficientemente por toda suerte de expertos y él, pudiendo, nada hizo para evitar la maraña de barbaridades e idioteces cometidas.

Seguir manteniendo el patético tren ministerial confirma que Maduro carece del poder necesario para cambiar el estado de las cosas. Mejor ejemplo de ello que Jesse Chacón al frente del despelote eléctrico, no hay. Ese señor se mofa del país, y del Presidente, sin que le tiemble la voz ni el pulso. Y ahí esta, atornillado al cargo, a pesar de la indisculpable ineficiencia que le distingue. Cada vez que se va la luz (en Margarita ocurre todos los días), pienso lo mismo, que todo cambiaría en segundos si en Miraflores no hubiera planta eléctrica de emergencia y misia Cilia no pudiese usar su plancha alisadora de pelo. Ahí, en ese mismísimo instante, a la señora le daría un ataque de histeria que de seguro le costaría el puesto a Jesse. Pero él bien que se asegura que a la primera combatiente no le falte la electricidad jamás, no vaya a ser que ocurra aquello de que Maduro sea objeto de la furia ciliana. La carrera de Jesse depende de ello. Nunca una plancha ha tenido tanta importancia histórica.

Medio año ya pasó. Y Maduro sigue extraviado, sin tener ni la menor idea de cómo es eso de gobernar. La brújula no se la venden ni en La Habana.

El silencio es el asesino de la democracia

(*) Comunicador social
E-mail: [email protected]
Twitter: @solmorillob

www.soledadmorillob.blogspot.com

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