Iniciemos una Transición Económica en Carabobo

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Los procesos de transición son, en todas las experiencias estudiadas por los expertos, difíciles, complejas y sus protagonistas tienen un origen desconcertante. El caso es que estamos ahora en una disyuntiva nacional muy grave y no es momento para dejarnos llevar por discursos fundados en la revancha o la desconfianza, necesario es actuar. El diagnóstico es obvio, en los últimos 20 años Venezuela recorrió el camino de estructurar una economía planificada, estatista, con fuertes y estáticos controles cambiarios, fiscales y monetarios. ¿El resultado? Cierre de empresas, precarización del salario y el empleo, pobreza, inflación, desinversión y estancamiento económico.

Entre los estados más castigados se encuentra Carabobo, otrora centro neurálgico de la industria nacional, ahora es sede del cementerio de industrias más tétrico del país. ¿Hacia dónde debemos dirigirnos? Debemos iniciar un proceso transparente, consensuado, medible y auditable hacia la liberalización económica, es decir, al establecimiento de una economía de libre mercado, fundado en la competitividad, la productividad, la rentabilidad y la innovación.

Una agenda de rescate económico de esa naturaleza exige, en principio, la construcción de confianza entre los distintos actores de la sociedad carabobeña. Abandonar la idea de hacer planes y diseñar políticas «Yo con Yo», a lo interno de un solo actor denominado gobierno. La gobernabilidad democrática implica establecer consensos entre los distintos actores: gremios, asociaciones patronales, sindicatos, sociedad civil, partidos, universidades y, además, distintos niveles de gobierno. Muchas son las heridas dejadas por dos décadas de conflicto estéril, pero si auténticamente estamos dispuestos a asumir la tarea de dar esperanzas de futuro a la población, debemos empezar por abrirnos a todas las posibilidades que nos ofrece un intento de transición.

Estoy seguro que esa tarea será cuesta arriba, principalmente porque sus protagonistas encontrarán insultos en todos lados. Pero la política no es un oficio para personas con autoestima sensible, es para individuos con alto sentido de la responsabilidad. Puede que fracase, en ningún lugar está escrito el triunfo solo por tenerse la mejor causa, pero no intentarlo significa un doble fracaso que a nadie beneficia, salvo al iconoclasta criticón de grada y su grito de guerra «se los dije».

Empecemos por el principio. Por hablar y entendernos, segundo, cumplir acuerdos y tercero, evaluar resultados. No podemos prometer nada, «sólo sangre, sudor y lágrimas».

Julio Castellanos / [email protected] / @rockypolitica

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