Inversores venezolanos detrás del "boom" inmobiliario de Miami

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Valencia, 10 agosto 2014.- Cerca del 80% del capital inversor en el sector procede de compradores venezolanos, brasileños y argentinos. 

A principios de este año, David Beckham dio a conocer sus planes de instalar un club de fútbol de la Major League Soccer -el Miami Beckham United- en Miami. Beckham quería -aún conserva las esperanzas- un predio frente al mar en una zona céntrica, que aún no ha conseguido, y probablemente nunca consiga.

Paralelamente, poco menos de un mes atrás se conoció la noticia de que el empresario argentino Germán Coto -hijo del dueño de la cadena de supermercados Coto, Alfredo Coto- adquirió un terreno de más de 5.000 metros cuadrados en Miami por 125 millones de dólares, un precio récord para un terreno de ese tipo.

Recientemente, Grupo Armani confirmó que está desarrollando una torre de lujo que llevará la firma del argentino César Pelli.

Las tres noticias son las diferentes caras de un mismo fenómeno, el “boom” inmobiliario del sur de la Florida: mientras que el ex futbolista inglés tropezó con la fiebre de la construcción, que transforma cualquier terreno baldío en un proyecto millonario, el empresario argentino sorprendió por el monto de la operación, pero el suyo no es un caso aislado: en los últimos años, los inversionistas sudamericanos han sido los responsables del auge del mercado inmobiliario de Miami, que ya ha alcanzado niveles previos a la crisis del 2008. El proyecto de Armani ratifica una tendencia: el crecimiento del mercado inmobiliario se basa, principalmente, en la venta de inmuebles de lujo.

Para la asesora inmobiliaria Claudia Stocki, las causas del fenómeno son muchas y variadas. En diálogo con Infobae, Stocki cuenta que la gran mayoría de sus clientes son venezolanos, brasileños y argentinos -en ese orden­- que llegan al sur de la Florida buscando un horizonte de “estabilidad” y “seguridad” para sus inversiones.

En el sector confían en que el riesgo de una burbuja inmobiliaria, como la que estalló en 2008, es nulo: “En 2004, 2005, la gente que compraba era gente que no tenía recursos, personas que no tenía espalda para soportar una inversión inmobiliaria. En esa época los bancos daban préstamos por el 100% del valor de la propiedad a cualquiera”, cuenta la asesora, y explica que en la actualidad, el crecimiento del mercado, a diferencia del de entonces, se da por compras al contado, sin financiación. “Lo que puede pasar ahora es que en algunos años se reacomoden los precios, pero no una burbuja. En aquellos años había fila para comprar en la preconstrucción.Los compradores y los asesores se robaban departamentos para comprarlos o venderlos, y los precios subían 10.000 dólares por mes“, explica.

Pero hay más. A diferencia de otras grandes ciudades -estadounidenses, pero también, en algunos casos, de los países de origen de los inversionistas-, en Miami aún es posible conseguir viviendas de calidad a precios accesibles. “Cuando explotó la burbuja, podías llegar a conseguir un departamento por 50.000 dólares. Hoy ya no se consiguen departamentos de 100.000 dólares, pero los valores siguen estando por debajo de lo que sale una propiedad en Nueva York, Los Ángeles e, incluso, algunas zonas de Buenos Aires”, afirma.

En la actualidad, el precio del pié cuadrado en un condominio de calidad arranca en unos 600 dólares. Según Stocki, el monto promedio de la inversión que realizan sus clientes es de 300.000 dólares. “En general son personas que tienen ahorros y quieren hacer un inversión discreta o de lujo”, segmento que se encuentra en pleno auge. ¿Cuánto es el monto mínimo que invierten los latinoamericanos? La asesora inmobiliaria explica que por 250.000 dólares se puede llegar a conseguir una buena propiedad; “menos que eso, es muy difícil…”.

Según Stocki, la “ebullición” económica de la ciudad va más allá del mercado inmobiliario: “Miami se consolidó como ciudad más allá del turismo y el shopping“, sostiene, y agrega que las autoridades están implementando un multimillonario plan de inversión en infraestructura, de modo que el apacible destino de los estadounidenses en sus años de retiro se ha convertido en una vibrante metrópolis cosmopolita, que apunta a consolidarse como centro financiero, comercial e industrial de las América. “La primera vez que vine a Miami fue en el ’84 u ’85. Paseabas por Ocean Drive y veías a los viejitos que estaban en sillas playeras en la calle. Eso ya no existe más“, explica Stocki.

Y es que, además de un clima enviadiable, las autoridades han acompañado los prodigios de la naturaleza con incentivos para la radicación de inversiones. Días atrás, se conoció la noticia de que Miami ofrecerá a partir de septiembre residencia a los extranjeros que vayan a invertir, a través de la creación de un Centro Regional de Inversiones del Sur de la Florida. Además, se trata de una de las ciudades con más bajos impuestos de los Estados Unidos.

También, en los últimos años se han implementado una serie de obras que, con un costo de varios miles de millones de dólares, prometen acompañar el crecimiento por varias décadas: la construcción de un túnel bajo la Bahía de Biscayne hacia al puerto, para facilitar el tráfico de pasajeros de cruceros y de camiones; el dragado del puerto para poder recibir buques de mayor calado, tras la ampliación del canal de Panamá; la expansión masiva de las principales carreteras; un tren de alta velocidad que conectará con Orlando; la construcción de un World Trade Center en el Downtown; la renovación y ampliación del Centro de Convenciones, y la expansión del Aeropuerto Internacional, entre otros.

De acuerdo con su experiencia, Stocki sostiene que la mayor parte de los latinoamericanos compran viviendas como inversión y “en general lo rentan inmediatamente”, obteniendo una alta renta.

Semejante actividad ha atraído el interés de arquitectos top a nivel mundial, como Norman Foster, Rem Koolhaas, Richard Meier o Zaha Hadid.

En promedio, los apartamentos tardan en venderse menos de un año. Como ejemplo, Stocki cuenta el caso de Faena House, un emprendimiento que ya ha sido vendido en su totalidad y cuyos precios van de los 5 millones de dólares a los 50 millones.

 

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