#InvestigaciónPolicial: El Angry Birds lo llevó a su perdición

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    Juan tenía un sueño difícil de cumplir. Aspiraba a vivir en un mundo virtual como en “Matrix”. Su esperanza era que algún día el ser humano pudiera desempeñarse en una realidad intangible, dejando su cuerpo material descansando en algún sitio seguro mientras que su avatar se paseaba por un mundo de silicio y energías que lo llevarían a los confines de la existencia.

    Para los familiares y amigos de Juan, esto era solo una idiotez, y verlo cargado con Ipod, Iphone, Smartphone, tablet computer y otros dispositivos, era como verlo equipado para expediciones a otro planeta. Y en realidad eso era, pues nunca sabía lo que pasaba en el mundo físico a su alrededor.

    Juan, quien también era ingeniero en sistemas, decía (y con razón) que en un futuro no muy lejano, los juegos de vídeos serían escenarios reales, pues un ser humano con un casco, gafas u otros dispositivos conectados a sus neuronas, e incluso dispositivos inalámbricos, podía dejar de lado todo lo que le rodeaba y expandirse hacia el tan deseado “mundo matrix”, donde tendrían aventuras inimaginables.

    Como en realidad esas tecnologías ya están siendo desarrolladas, podía creérsele lo que decía, pero también la gente “normal” se daba cuenta de que por sus manías, Juan estaba dejando de ser parte del mundo real para escapar hacia adelante a su anhelado mundo virtual, sin darse cuenta de que lo único que podía conseguir era, o volverse loco, o morirse, en cuyos casos no iría al mundo virtual, sino al mundo de la locura o al otro mundo.

    Lo único que le faltaba era un enchufe

    Su mujer lo había dejado, pues no se caló que fuera tan aficionado a las redes sociales. Ya ni le hablaba ni hacían el amor, pues a él solo le interesaba lo virtual. Incluso ella llegó a pegarle los cachos con uno de sus amigos en su propio cuarto, mientras él estaba sumergido en su mundo frente a su computadora. Ni cuenta se dio.

    Pero últimamente, había llegado al extremo. Otro día, se orinó en los pantalones para no levantarse ni dejar de pasar “un mundo” de un complicado juego. No comía bien, no se bañaba, no se rasuraba, no dormía bien y casi ni tenía contacto con el exterior.

    Se retiró de su trabajo en la exitosa compañía transnacional de juegos de vídeo donde trabajaba, y que para fundar su propio negocio, pero en realidad no llevó a cabo el proyecto y ya se estaba quedando sin plata. Las transacciones bancarias las hacía por Internet y apenas si se movía para tomar agua. Era una locura. A Juan lo único que le faltaba era un enchufe, y quienes fueron sus amigos lo mandaron al carajo y le dijeron que se lo pusiera donde no le daba sol.

    Un día, Juan fue conseguido muerto. Sentado en su sillón preferido, en la sala de su casa ubicada en la urbanización El Trigal de Valencia. Cuando los agentes para casos especiales del Cicpc Carlos Salinas y Mario Pinto llegaron al sitio, se maravillaron. Pese a lo lúgubre, oscuro y húmedo de la sala (y que había un cadáver ahí), les pareció que estaban entrando en el puente de la nave estelar Enterprise o del mismísimo Halcón Milenario.

    Las luces parpadeaban en todas las paredes. Había laptops que ejecutaban programas de Dios sabe qué y otras computadoras que emitían pitidos, silbidos y hasta palabras recurrentes como pronunciadas por el mismísimo C3PO o R2D2 de Star Wars. Había mucha información que analizar por parte del personal de delitos informáticos. Si había algo de interés criminalístico en aquellos aparatos, ellos lo conseguirían.

    Los agentes estaban ahí porque era rutina de investigación muerte, luego de que la señora de limpieza consiguiera el cadáver de su chiflado jefe. El cuerpo no tenía tiros, ni puñaladas, ni señales de estrangulamiento, ni nada que indicara que había sido asesinado, pero la noche anterior, un vecino reportó que vio a un hombre saliendo de la casa y que se llevó uno de los carros de Juan.

    Un delicioso juego mortal

    Lo extraño era que el cadáver no presentaba síntomas de violencia externa. Los agentes Carlos Salinas y Mario Pinto se concentraron en la gigantesca pantalla plasma frente al sillón donde estaba el cadáver de Juan. Al parecer, Juan pasó muchas horas de ese último día de su vida jugando Angry Birds Plus. El jueguito de los pájaros enojados y los cochinos que les roban los huevos.

    Este jueguito era la versión gratuita de Angry Birds en Google. Una opción multijugador online y Juan había estado ganándole constantemente a su retador; un tal “Darth Vader”. Los especialistas informáticos les dijeron a Carlos y a Mario que Angry Birds era un exitoso juego de la empresa finlandesa Rovio, con mil millones de descargas en 2012 y que como todos los videojuegos de su especie, era un fenómeno muy adictivo.

    Los agentes concordaron en que no era extraño que Juan, siendo como era, se hubiera muerto sin comer ni beber, solo jugando Angry Birds, pero lo extraño era que el “Darth Vader” debía saber algo. A fin de cuentas estaba jugando con Juan y se veían cara a cara con los dispositivos de vídeo de sus caros y sofisticados equipos de computación.

    Luego de recoger la evidencia y trasladar el cadáver al Departamento de Patología Forense, John, el patólogo, determinó que la sangre y los fluidos gástricos de Juan eran “una bomba explosiva” de whisky y matarratas barato. Tuvo que haber convulsionado y soportar grandes dolores antes de morir, pero aun así, su adicción por lo virtual le impidió levantarse e ir a por ayuda médica. Básicamente se murió jugando.

    Según el forense, el sujeto se tomó (o le dieron a tomar) un jugo de frutas cítricas con alto contenido de raticida compuesto de rodenticida anticoagulante, borato de sodio, estricnina, bromelatina, fosfuro de zinc y compuesto 1.080.

    Este poderoso veneno fue echado en varias jarras de jugo que estaban alrededor de Juan. Como a él no le gustaba ni levantarse a comer, alguien le puso esas jarras al alcance para asesinarlo de esa brutal manera. La principal sospechosa era la señora que limpiaba la casa.

    Juan duró al menos un día entero para morirse. Sufrió náuseas, vómitos, dolores de estómago, diarreas, deshidratación y otros desequilibrios. Al principio se vio obligado a suspender sus juegos e ir al baño, pero luego, cuando su sistema nervioso central fue afectado con vértigos y temblores, pensó quizás que eran los efectos de los mundos virtuales. Luego, ya ni se pudo mover de su sillón. Relajó esfínteres, la sangre se le hizo agua y murió por asfixia y fallos del corazón. Fue una muerte horrorosa.

    De haber llegado alguien a tiempo pudieron haberlo salvado llevándolo al médico, pero la señora que limpia dijo que ella encontró el cadáver el domingo, porque a él no le gustaba que lo molestara entre semana.

    Esta señora de limpieza pronto dejó de ser sospechosa, pues Carlos y Mario consiguieron ingentes cantidades de rastros que señalaban al asesino. Quizás era un genio en el mundo virtual como Juan, pero no era muy inteligente para ocultar las pruebas de un asesinato.

    Huellas, cabellos y hasta las imágenes de vídeo de las cámaras de seguridad de la casa delataron al torpe homicida, quien resultó ser el mismísimo “Darth Vader”. Este sujeto era un enemigo virtual de Juan. Había competido con él en cientos de juegos en línea y Juan siempre le ganaba. Harto de esas humillantes derrotas, “Vader” decidió eliminar físicamente a su odiado oponente.

    Conociendo su dirección y sus gustos a través de las redes sociales en las que coincidían, “Vader” llevó algunas jarras del “delicioso jugo” dos días antes de que se enfrascaran en competir jugando Angry Birds. Cuando “Vader” vio por su webcam que Juan se retorcía de dolor y finalmente moría entre fluidos pestilentes, decidió ir a su casa esa noche para verlo “en vivo”. Luego, robó una de las camionetas de Juan y se marchó. Su lógica de asesino novato le decía que la policía pensaría que Juan había muerto de muerte natural, pero de no ser así, notarían la ausencia de la camioneta y adjudicarían el homicidio con matarratas a un ladrón.

    Ese razonamiento era superidiota, pero había que tomar en cuenta que aunque “Vader” era un genio de la informática, también era como Juan un desequilibrado que desde hacía tiempo se había desligado del mundo que lo rodeaba para “mudarse” a sus mundos virtuales.

    Este asesino fue detenido en su casa días después. Fue a parar a un mundo infernal de la cárcel y Juan, a un mundo intangible del más allá. Caso resuelto.

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