#InvestigaciónPolicial: El asesinato del profesor de historia griega

    Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

    “No hay héroe que me sea más imbécil y odioso que el hijo de Peleo, Aquiles Pélida”. Ésta fue la última frase que escribió el profesor griego Epaminondas Pápagos. Dichas palabras estaban garrapateadas en un papel ensangrentado que la víctima tenía agarrado con la fuerza del rigor mortis en su mano derecha.

    Al parecer, este hombre de nacionalidad griega, quien era master en Historia y Ciencias de la Antigüedad, especializado en la antigua Grecia, graduado en la Universidad Complutense de Madrid, fue sorprendido y asesinado de una puñalada en la parte posterior del cuello que lo decapitó internamente al cortar la unión de la vértebra atlas con la vértebra C2 (axis).

    El cadáver de Epaminondas fue hallado en la parte alta de su casa ubicada en la finca de su propiedad en Tocuyito, municipio Libertador del estado Carabobo, a la cual se llegaba por una polvorienta carretera. El cadáver se encontraba en donde estaba el estudio del catedrático. Ver su cuerpo era lastimoso. Aún vestía su chaqueta de tweed de color marrón, sus pantalones grises y zapatos negros, y sorprendentemente aún tenía correctamente ajustadas sus gafas redondas. Lo más escabroso de todo era que sus ropas estaban completamente deshechas, desgarradas y sucias.

    La cabeza del profesor Epaminondas, con los cabellos entrecanos y revueltos, se apoyaba sobre las páginas de un enorme “libro de sabiduría antigua” que estaba en la desnuda, gruesa y espartana mesa de madera de su apartamento. El “mantel” que la cubría eran gotas de la sangre que había corrido por los lados del cuello y que ahora se espesaba sobre la madera de roble.

    La escena del crimen estaba “vigilada” por bustos y estatuas de distintos tamaños de dioses griegos, entre los que destacaba el de Palas Atenea, como si aquel erudito hubiera estado esperando la visita de “El Cuervo” de Alan Poe.

    La antípoda de Epaminondas

    Los investigadores para casos especiales del Cicpc, Carlos Salinas y Mario Pinto, y su equipo forense dataron el deceso en unas 15 horas. Tomando en cuenta que cuando la mujer de limpieza llegó y encontró muerto al profesor eran las 8:00 de la mañana de ese día sábado, la víctima había sido asesinada a las 5:00 de la tarde del viernes.

    Lo primero que se hizo fue conocer las actividades del erudito. Se supo que había llegado al país hacía unos 8 años y que desde entonces había ejercido la docencia en muchas universidades del país; que ahora no daba clases y que su tiempo lo usaba para escribir un libro que se titularía “La antigua Grecia y su conexión con América”.

    Al parecer, no tenía enemigos. A sus 60 años, vivía de los recursos (que eran bastantes), ahorrados a lo largo de su exitosa carrera. Era asesor de varias universidades a nivel mundial y su actividad en la red era frenética debido a esos compromisos, tomando en cuenta que daba clases virtuales en esas casas de estudios. Era viudo y sus únicos familiares vivos eran algunos primos y tías que vivían en Atenas Meridional, pero a quienes no había visto ni tenido contacto por más de 20 años.

    Todo indicaba que el móvil del homicidio no era el robo, por más que el, o los asesinos, se hubieran llevado algunos artículos y dinero de la vivienda del profesor para hacer parecer que lo mataron por eso.

    “Ningún choro va a llevarse una estatuilla de Zeus, 100 bolívares del bolsillo de la víctima, una copia de la pintura del rapto de las hijas de Leucipo, de Rubens, y algunas facturas, cuando en la abierta caja fuerte había 50 mil bolívares. Eso no lo hace ni el ladrón más estúpido del planeta”, dijo el agente Mario Pinto y su compañero Carlos Salinas estuvo de acuerdo.

    Reconstrucción de la muerte de Héctor

    Ambos investigadores se dedicaron entonces a reconstruir paso a paso el asesinato del profesor Epaminondas. Todo indicaba que fue sorprendido en su estudio luego de haber abierto la caja fuerte.

    El asesino luchó con él y le fracturó el cráneo con un pesado candelabro de bronce en forma de única columna dórica. Este objeto, que se encontró en un rincón de la estancia, arrojó manchas de sangre sin necesidad de utilizar la luz ultravioleta. Ésa era el arma homicida, pues según el antropólogo forense, la espantosa grieta presente en el cráneo de la víctima era suficiente como para matarlo al instante.

    Los agentes también se dieron cuenta de que aunque el homicida no era muy astuto, tampoco era idiota del todo, pues usó guantes para cuidarse de no dejar huellas dactilares en el arma homicida. Lo más extraño de todo era que si ya lo había matado, ¿por qué la ropa y el cuerpo del profesor estaban como si lo hubieran arrastrado y luego sentado en su escritorio? ¿Qué asesino se tomaría semejantes molestias? Ahí estaba la base de toda la investigación.

    Aunque Carlos Salinas y Mario Pinto no eran unos expertos en la antigua Grecia, conocían algunos detalles de la guerra de Troya. En uno de los versos de La Iliada, Homero describe con lacerantes detalles cómo el despiadado Aquiles, una vez que hubo matado a Héctor en singular combate, ató el cadáver a su cuadriga y lo arrastró alrededor de los muros de Troya.

    Este pasaje fue muy significativo. Los agentes descubrieron que el cuerpo del profesor Epaminondas también fue arrastrado alrededor de su casa. En la carretera, mezclada con las rocas, hallaron muchos jirones de su ropa, piel y sangre. Los cauchos de un vehículo a motor estaban por todas partes. Luego, el asesino subió el cadáver al estudio y por alguna razón desquiciada, lo arrastró por las axilas (tal como lo indicaban la escápula y el húmero dislocados) y sentó frente a su escritorio. No había duda. ¿Pero por qué? Era como si alguien hubiera querido darle la misma muerte que al príncipe troyano le dio el griego Aquiles.

    Los investigadores de inmediato sospecharon que esto era más que un crimen. Era una puesta en escena para vengarse del profesor Epaminondas. Todos sabían que él, experto en la antigüedad griega, decía en la mayoría de sus foros que Aquiles no era el héroe que todos creían.

    Era narcisista, orgulloso, iracundo, malcriado, arrogante, inseguro y hasta cobarde. Le recriminaba entre otras cosas que habiendo escogido una vida corta para asegurarse la gloria a través de los siglos, se haya quejado después con Odiseo cuando bajó en vida al hades: “Preferiría ser el más pobre y sucio de los rudos de los campesinos que se revuelcan sobre los estercoleros sobre la tierra, que ser el gran rey Aquiles en este mundo de sombras subterráneas”.

    Estas apreciaciones académicas muy personales de Epaminondas le granjearon la enemistad de muchos de sus pares, pero a fin de cuentas, eran argumentos válidos, aunque no muy compartidos.

    Los investigadores ubicaron de inmediato a la antípoda de Epaminondas, otro profesor de historia antigua de nombre Demetrio Metaxas, también de 60 años. Este Metaxas también era griego y el enemigo más acérrimo (supuestamente solo profesionalmente hablando) que tenía la víctima. Este catedrático defendía a todos los héroes griegos, fueran o no defendibles, y desdeñaba las ideas “traidoras” de Epaminondas, a quien también tildaba de “troyano”.

    El principal sospechoso

    En Metaxas se concentraron entonces las averiguaciones como el principal sospechoso de haber asesinado a Epaminondas. En el interrogatorio, Metaxas pudo demostrar una sólida coartada. El día del asesinato de su “enemigo”, él había estado comprando antigüedades helenas en Panamá. Tenía todo. El boleto de avión, el movimiento de las tarjetas, fotos, los artículos adquiridos y todo.

    Aunque Metaxas no era el asesino, la conversación con él dio grandes frutos. Contó que en su clase de historia griega en la universidad, había un joven de nombre Diomedes Castellanos, quien era un apasionado por el mundo antiguo. El muchacho era brillante, pero tenía serios problemas de conducta.

    Su amor por la antigüedad helénica se había convertido en un fanatismo enfermizo y desequilibrado. Era como si Lisa, la diosa de la frenética ira, y Manía, la personificación de la locura en la mitología griega, se hubieran apoderado de él.

    Este demente admiraba tanto a su profesor Metaxas, que odió con locura a su oponente Epaminondas por apoyar la causa troyana. En su mundo, Epaminondas era un sacrílego por ofender a Aquiles y a otros héroes griegos y él, Diomedes, debía vengar la afrenta. 

    Era increíble, pero cierto. El asesinato del profesor Epaminondas fue ejecutado por el estudiante Diomedes y por los motivos más estúpidos y locos que se pudiera imaginar cualquiera. Era sorprendente. No era el móvil habitual de un crimen, pero era así. Diomedes ni se inmutó el día en que los agentes especiales del Cicpc llegaron a detenerlo y fue a parar tras las rejas, aunque luego lo declararon insano mentalmente y fue enviado al infierno de un manicomio. Ahí falleció de un ataque al corazón; el encierro era su talón de Aquiles. Caso resuelto.

    Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
    Compartir