#InvestigaciónPolicial: El Estrangulador de Cojedes y su largo camino al infierno

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    Se dice que el estrangulador de Cojedes tenía algún tipo de pacto con el demonio y que este último fue quien lo estranguló con sus propias garras la tétrica noche del pasado domingo mientras estaba en su celda del piso 2 del Internado Judicial de Barinas, adonde había sido llevado luego de descubrirse que “tenía las manos manchadas de sangre de tres adolescentes y una adulta”.

    Una de las versiones que se regaron como pólvora en el internado fue que presuntamente desde esa celda, se había escuchado que “El Estrangulador” hablaba a voz en cuello con alguien que le respondía con chillidos penetrantes.

    Otra de las fuentes extraoficiales incluso llegó a decir que la celda de este presunto asesino en serie había sido “marcada con un 666”, pero que nadie sabía quién lo había hecho. En los pasillos de la prisión, incluso los presos más feroces que en principio intentaron ajusticiar al “Estrangulador” desistieron del asunto, porque aseveraban por sus mamacitas que habían visto “un reptil grasiento” entrando en la celda.

    Hubo incluso quien dijo con detalle que cuando “El Estrangulador” estaba frente a su plato de comida, una serpiente de grandes dimensiones subió y sopeteó el alimento. Una psíquica de Barinas conocida como “Madame” explicó que “ese hombre tenía pacto con el diablo y éste vino a cobrar la deuda”.

    Estrangulado por un ente invisible

    Lo cierto del caso fue que esa misma psíquica explicó que el camino hacia el infierno de “El Estrangulador” comenzó hacía tiempo, cuando empezó a matar gente cuatro años atrás y que hoy por hoy, luego de haber sido encontrado estrangulado en su celda, “este ‘Estrangulador’ es desgarrado en sus entrañas que vuelven a crecer continuamente para seguir siendo atormentado en el lago de fuego adonde fue a parar su alma inmortal por los siglos de los siglos”.

    Dejando de lado el aspecto sobrenatural de este sonado asunto, pudo conocerse que éstas fueron solo algunas de las desgarradoras descripciones recogidas por los tenaces investigadores del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas como colofón del escalofriante caso que tuvo sus inicios hace cuatro años.

    Encargados de hacer justicia entre los mortales, y no en el más allá, los agentes para casos especiales Carlos Salinas y Mario Pinto, junto a un gran equipo humano y técnico, habían estado trabajando en este caso desde que comenzaron las desapariciones de adolescentes en Tinaquillo.

    El rastro en el laberinto del Minotauro

    La primera alarma se encendió en mayo del año 2010, cuando dos muchachas liceístas de 14 años desaparecieron misteriosamente sin dejar rastro. Ambas fueron buscadas frenéticamente por los investigadores, quienes apoyados en las denuncias de familiares y amigos, comenzaron a seguir un rastro que parecía adentrarse cada vez más en un laberinto, en cuyos recodos esperaban constantemente encontrarse cara a cara con una bestia como el Minotauro, como al fin ocurriría, metafóricamente hablando.

    Pese a no disponer de casi nada sobre qué trabajar para resolver el caso, los investigadores seguían indagando, sin abandonar tampoco los otros casos en los que estaban trabajando. El tiempo pasó inexorable y parecía que el caso nunca sería resuelto, pero los agentes jamás se rindieron. Con tenacidad y a veces con empecinamiento, el equipo del Cicpc estaba dispuesto a descubrir la verdad que había tras la desaparición de las víctimas, que para 2009 ya eran cinco. Aunque en Tinaquillo había muchas conjeturas, supersticiones y cuentos de camino sobre las desapariciones, para las mentes científicas y analíticas de los agentes del Cicpc, todo parecía indicar que un asesino en serie no era ningún espanto, sino un ser de carne y hueso quien estaba secuestrando a las mujeres jóvenes y que posteriormente se deshacía de los cuerpos… ¿pero dónde?

    Una de las primeras pistas que siguieron los agentes que analizaban el caso fue investigar las actividades de un tal “Carmelo”, tío de una de las víctimas, quien había sido señalado por familiares de las desaparecidas como principal sospechoso.

    Desgraciadamente, este hombre de astucia maligna nunca dio señales de ser un asesino en serie y, por tanto, los investigadores estaban atados de manos al no poder conseguir que la fiscal les diera una orden de captura, dado que no había nada que lo sindicara y detenerlo sería violar sus derechos constitucionales. La ley es la ley.

    Todas “las migas de pan” llevaron a callejones sin salida y ya se habían cumplido cuatro años desde que comenzó el terror en Tinaquillo. Tras arduas investigaciones, se pudo cotejar que “Carmelo” tenía un modo de vida muy extraño.

    Visitaba bares y permanecía en ellos hasta la madrugada. Solo observaba a las mujeres y algunas veces hasta las fotografiaba. Nadie le acompañaba nunca. Solo se le perdía la mirada en aquellas penumbras de tabaco, luces y alcohol, pero tampoco se echaba ni un trago.

    Los investigadores que lo seguían sigilosamente conocieron todos sus perversos gustos, entre los cuales estaba el alquiler de películas de terror, preferiblemente Hostal, Pesadilla en la calle del Infierno, Chucky el muñeco asesino y otras por el estilo. También compraba revistas de vampiros y demonios, las cuales a veces adquiría por Internet.

    Con esas cosas, parecía que “Carmelo” se extasiaba y era supuestamente lo único que le excitaba en el mundo. Ante ese comportamiento anómalo, los funcionarios, después de cuatro años de investigaciones, decidieron apelar a la familia de las víctimas para que pidieran a la fiscalía una investigación abierta contra “Carmelo”.

    Al lograrse esto, los agentes tuvieron campo abierto y entonces sí supieron que sus esfuerzos tendrían la recompensa de poder aprehender al sangriento asesino en serie tan escurridizo. Fue hace pocos días cuando el caso “explotó” con toda la fuerza. Los agentes pudieron al fin obtener del Ministerio Público las órdenes de registro de la casa donde vivía este lóbrego sujeto y lo que descubrieron a continuación fue algo realmente aterrador.

    Cementerio en la sala de la casa

    Los agentes buscaron por toda la casa de “Carmelo”, pero no hallaron rastros de cadáveres o de sangre humana. El sospechoso apenas si se movía del borde de su cama como un autista, pero esa actitud denotaba que ya su caída hacia los abismos del infierno era indetenible. A veces, vociferaba y batía las manos como espantando un espectro que nadie más veía.

    Los funcionarios no pudieron conseguir nada al principio, pese a que usaron equipos de excavación en el patio de la casa. Pero una mancha extraña sobre el cemento del piso de la sala fue como un faro o una súplica de las víctimas para que se descubriera todo.

    Las irregularidades del piso eran más que evidentes y antes de proceder a romperlo, los funcionarios usaron equipos de calor intenso, intentando que si en ese suelo había sangre reciente, ésta saliera a flote a través de las grietas del piso. Desgraciadamente eso no sucedió. Si había sangre ahí, era de vieja data y no afloraría tan fácilmente.

    Arriesgándose a todo, los funcionarios decidieron que se le cayera a mandarriazos al piso y abrieron unas fosas que revelaron la cosa más aterradora del mundo. Bajo ese piso donde vivía y comía “Carmelo” estaban enterrados cuatro cadáveres. Cadáveres que quizás en las noches solitarias de este supuesto psicópata se le aparecían y le reclamaban que debía decir la verdad, antes de irse al infierno.

    Los antropólogos forenses determinaron los sexos, las edades y las identidades de los esqueletos y hasta la manera en que ocurrió el deceso por estrangulación. No había duda, “Carmelo” era el supuesto Estrangulador de Cojedes y sus víctimas estaban enterradas ahí.

    El día en que se lo llevaron preso, apenas si habló. Solo se quejaba de algo que invadía su vista y su boca. Escupió saliva verde y presuntamente murmuró que “el diablo lo esperaba”. Preso en la cárcel de Barinas, muchos de los presos dijeron que la noche del domingo sintieron una presencia maligna en las celdas y hasta olor a azufre. Cuando los guardias temerosos se acercaron a ver a “Carmelo”, lo consiguieron estrangulado con una chemisse y con los ojos abiertos. Los pormenores sobrenaturales quizás nunca sean conocidos, pero la brillantez del caso radicó en la manera en que la justicia humana resolvió el caos y apresó a este presunto asesino en serie para el bien de todo Cojedes y del país entero. Ahora, supuestamente la psíquica que nombramos anteriormente confirmó que los gritos del asesino pueden escucharse desde las mazmorras del hades. Caso resuelto.
     

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