#InvestigaciónPolicial: Lo mataron por tener perfil falso en Facebook

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    Las citas a ciegas casi han dejado de existir, pues con todos los adelantos tecnológicos, las personas “pueden verse las caras” en tiempo real. Lo malo es que quienes quieren “ligar” con amantes virtuales tienden a caerles a coba y exagerar sus atributos y aptitudes personales para captar la atención del objeto de su deseo.

    Un caso particularmente estremecedor fue el de un joven a quien asesinaron por haber mentido en la red social Facebook, diciendo que era “bello”, cuando en realidad no era nada agraciado. Todo comenzó cuando Franklin (como le llamaremos de ahora en adelante) manipuló de tal manera su perfil, que hasta colocó fotos de un sujeto hasta “con chocolaticos en la panza”, cuando en realidad él era un panzón de 30 años de edad.

    Un domingo de junio de 2012 en la mañana, la Policía de Carabobo consiguió el cadáver del pobre Franklin amordazado y atado de pies y manos en el asiento trasero de su carrito Chevrolet Corsa de color rojo, que estaba aparcado al lado de un voladero en la carretera vieja de Trincheras, con sentido hacia Puerto Cabello.

    Los familiares dijeron que Franklin era un hombre sano, técnico superior universitario en informática, soltero y sin novia conocida. Sus amigos decían que su rostro minado por el acné que como una maldición, nunca lo abandonó desde su adolescencia; su delgadez extrema, con vientre abultado incluido, le daban el aspecto de una pitón de ojos pequeñitos cuando se acababa de hartar un venado. Su cabello era al rape, y su sonrisa torcida y orejas grandes le daban el aspecto diametralmente opuesto a los estándares de belleza para cualquier hombre en el planeta.

    Pero en su fuero interno, en sus modales y en su actitud ante la vida misma y las demás personas, Franklin era realmente un bello ser humano. Formaba parte de cuanta organización de derechos animales se conseguía y era un filántropo nato, aunque sus recursos provenientes de su trabajo como técnico en informática no le dieran para mucho.

    Photoshop y la ira desatada

    Los agentes para casos especiales del Cicpc Carabobo Carlos Salinas y Mario Pinto fueron asignados al caso de este hombre, para desentrañar las circunstancias en que había sido asesinado. Como todo mundo parecía apreciarlo, no se sospechaba que el homicidio fuera una venganza, o algo así.

    También se descartó el móvil del robo, porque el dinero, el carro y demás objetos de valor estaban con la víctima. No le habían quitado ni un centavo. En suma, no había razón aparente para este homicidio, pero entonces los agentes del Cicpc se dieron cuenta de que la cosa venía por la información que Franklin publicaba en las redes sociales.

    Ninguna de las imágenes que tenía subidas aguantaba el análisis de los expertos. Ninguno de los pixeles cuadraba y era evidente hasta para el ojo más inexperto que las fotos publicadas eran burdos montajes.

    Cuando los agentes comenzaron a analizar las imágenes, vieron fotos donde aparecía Franklin con una cara lozana y un cuerpo que sería la envidia de cualquier hombre. Tenía fotos sin camisa, en bóxer, en franelillas, y posando en muchos parajes playeros, e incluso en poses que parecían más bien ridículas.

    Habiendo solicitado una orden de la fiscal, los investigadores pudieron conocer que las personas del entorno de Franklin ni quisiera opinaban por esas fotos que, conociéndolo, habrían sabido de inmediato que eran mentira. Pero resultó que Franklin era un solitario. No tenía hermanos, sus padres habían fallecido hacía años y su única familia era de origen español. Quienes tenían años sin verlo y no podrían criticar que estuviera “papiao” y más bonito desde que hubiera marchado de la península Ibérica hacía unos 15 años cuando apenas era un chaval.

    Bella por fuera y fea por dentro

    Los agentes del departamento de informática dijeron a Carlos Salinas y a Mario Pinto que la única persona que mayoritariamente le escribía a Franklin era Felicia, una incauta muchacha de 25 años a quien Franklin le había vendido no solo esa imagen de hombre bien parecido, sino también que era millonario y poseedor de una compañía de transportes de carga.

    Al parecer, esta chica le creía todo a Franklin y estaba interesada en conquistarlo para ganar no solo su amor, sino también su dinero. Pero en las últimas conversaciones, dos días antes de la muerte de él, ella le había reprochado furiosamente que al verse en persona, era un “tremendo feo” y que la había no solo engañado, sino que sus amistades la tenían chalequeada cuando se enteraron de aquel triste asunto.

    Franklin no habría necesitado venderse como una belleza para conquistar a aquella chica que evidentemente era “muy fea por dentro”, aunque su cuerpo y su cara fueran hermosos en apariencia. Pero su inseguridad y desamor por sí mismo lo hicieron decir una mentira tras otra hasta que llegó la verdad y se produjo el inevitable colapso.

    Para ella era un sapo que no podía ser príncipe

    Los agentes descubrieron que tres días después de haberse descubierto la verdad, Franklin fue contactado por medio de una llamada telefónica que lo citaba en el parque Paseo Cabriales de Valencia a las 10 de la noche para verse y “arreglar las cosas”.

    Entusiasmado, esa fatídica noche, el chico acudió a la cita, sin importarle que el que le hubiera llamado fuera un supuesto amigo de Felicia. Al llegar, fue encañonado por dos sujetos y una mujer quienes se lo llevaron secuestrado en su propio carro.

    Fue en aquel paraje oscuro de Trincheras donde golpearon salvajemente a Franklin y luego de amordazarlo y atarlo de pies y manos, sin piedad, le desfiguraron el rostro a batazos. Luego de colectar indicios y evidencias en la escena del atroz crimen, los agentes Carlos Salinas y Mario Pinto fueron hasta la casa de Felicia. Ahí la detuvieron y posteriormente la interrogaron sobre el monstruoso hecho.

    Ella lo negó todo, pero sus palabras arrojaron luz sobre lo ocurrido. Tan dolida y decepcionada como estaba porque Franklin le hubiera dicho que era un príncipe, cuando para ella era un sapo despreciable al que no podía convertir con un beso, confesó que les dijo a sus dos primos El Yorman y El Yonaiker, así como a su hermana La Negra, que quería vengarse de Franklin; pero que lo había dicho en un momento de ira. Aunque no sabía si ellos habían perpetrado el crimen.

    Dejó entrever que este trío de “joyas” incursos en el mundo de la violencia desde hacía mucho en los callejones de Las Agüitas, municipio Los Guayos, seguramente decidieron que debían vengar su honra liquidando al embustero de Franklin.

    El día en que los agentes del Cicpc fueron a detener a El Yorman, El Yonaiker y La Negra, éstos insistieron en que eran inocentes por cuanto no había ninguna prueba que les vinculara con el hecho. En verdad no se les consiguió ninguna pertenencia de la víctima, ni el arma homicida. Tampoco había material genético de ninguno en el Corsa donde se consiguió el cadáver de Franklin ni en sus alrededores.

    Un giro sorprendente e imprevisto

    El caso se estaba complicando, pero de pronto, todo dio un giro imprevisto. La asesina ¡sí era Felicia! El arma homicida fue conseguida enterrada en el fondo del barranco cerca de donde fue hallado el carro con el cadáver de Franklin. Las lámparas de luz ultravioleta detectaron rastros de sangre en el bate. Este objeto también mostraba huellas dactilares de Felicia, pues pese a que el barranco donde había caído el bate era húmedo, había aterrizado en sitio arenoso y seco.

    Ella había invitado a Franklin, diciéndole que la perdonara, que se fueran a la playa solos para consumar su amor y él, fuera de sí, se dejó engañar. Posteriormente ella le dijo que abriera el maletero del carro para orinar, pero su intención era tomar la llave de cruz o hasta el gato hidráulico para partirle la cabeza y huir en el carro. Pero lo que consiguió fue el bate.

    Luego de que hubo desatado su furia asesina contra Franklin, recordó que no sabía manejar sincrónico y esa noche, luego de muchos kilómetros de camino peligroso en la oscuridad, un gandolero le dio la cola hasta el peaje La Entrada de Naguanagua. Este hombre había puesto a esta chica en manos de militares porque andaba exhausta y aterrorizada y éstos posteriormente la trasladaron a su casa. Los hechos fueron cotejados, el sujeto del camión localizado y así, se descubrió que Felicia había asesinado a Franklin, porque la engañó diciéndole que era bello, cuando en realidad era un tanto feo. Caso resuelto. 

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