La irremediable torpeza de la oposición

Sin Secretos

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César burguera
César Burguera

La necesaria reflexión. Siempre permanecerá inalterable nuestra postura sobre aquellos lamentables sucesos que traen como trágica secuela la pérdida de vidas con su irreparable cortejo de llanto y luto. No podrán contar con nuestro concurso aquellas personas que, de manera absurda e irracional, pretenden celebrar la muerte de cualquier ciudadano nacido en esta entrañable patria. Hemos permanentemente combatido la utilización de la violencia como instrumento para obtener, a través de equivocados senderos, algún tipo de beneficio o rédito de carácter político. Nuestra conciencia nos indica la inequívoca vía, es la incesante búsqueda de la coincidencia, del encuentro a través de un inaplazable, sincero diálogo y allí precisamente encontrarnos con la ambigua y torpe conducta de una dirigencia que ubicada en parcelas partidistas, celosamente custodiadas, dice ser la más genuina expresión de la oposición venezolana.
El aplazado diálogo. El gobierno nacional encabezado por Nicolás Maduro ha exhibido desde siempre su plena vocación de convocar al diálogo, ha extendido su mano con la idea fija de abordar conjunta y responsablemente los temas medulares de nuestro país, analizar bajo una sola óptica las actuales circunstancias. Centenares de reuniones avalan este irrenunciable esfuerzo del ejecutivo nacional. La comunidad internacional a través de la presencia de calificados ex mandatarios de diferentes naciones ha avalado este notorio afán y empeño por sentar las bases del reencuentro nacional. Santo Domingo, capital de las tierras quisqueyanas, ha sido el más sólido e irrefutable testigo de los logros y avances surgidos de válida negociación, del dinámico diálogo entre la representación del gobierno y los designados emisarios de la oposición. Se llegan a acuerdos y se anuncian fechas para la concreción y así poder estampar las rúbricas que sellen el definitivo convenio, la inaplazable alianza. Sin embargo, resurgen como atormentantes demonios los cálculos electorales, las perennes aspiraciones entre los jerarcas de las diferentes toldas partidistas que llevaron a abortar lo que con sincero esfuerzo se había logrado. De manera estéril exhiben débiles excusas para el imprevisto retiro, como la confusa e hipócrita defensa de un ciudadano que hoy tratan desesperadamente de mitificar o colocar de manera apresurada algún rasgo heroico, a ese mismo que en el pasado reciente lo calificaban como burdo perturbador, inútil distracción o sencillamente era el oportuno “pote de humo” ingeniosamente elaborado en los sofisticados laboratorios de un ingenioso oficialismo.

Las aguardadas primarias. Hemos advertido en los últimos años y a través de estas líneas que toda la actuación, conducta o estrategia de la torpe oposición, sus vacilaciones, sus permanentes improvisaciones fueron deliberadamente realizadas para aguardar pacientemente los esperados comicios presidenciales que se llevarán a cabo en este 2018. Siempre ha sido el prioritario objetivo. Por ello es que no nos asalta la sorpresa por la súbita huida o retiro de la oposición de la mesa de diálogo en la República Dominicana, ya que estaba todo detallada y perfectamente diseñado para que las principales referencias partidistas, convertidos en resueltos pre candidatos, anunciaran que la primera y urgente necesidad de todo el sector opositor era la inmediata convocatoria de unas elecciones primarias donde se dirimiera quién se convertiría en el flamante abanderado y hasta en tono de dura reprimenda advertían que no se incluyera otro tema dentro de la reducida agenda electoral interna. “Lo demás puede esperar”, proclamaba un efusivo dirigente. La pasada semana y casi simultáneamente se producían los anuncios de los diferentes aspirantes. Desde su ciudad natal, desde Valencia, Henry Ramos Allup manifestaba finalmente lo que ha sido su añejo anhelo y procedía a presentar su nombre para la carrera por la candidatura, colocando como principal aval que AD, la maquinaria blanca es el principal partido político de la oposición. Por otra parte, con Juan Pablo Guanipa como su principal vocero, toda la dirección nacional del maltrecho y flagelado PJ sentenciaba que concurrirían sin reservas ni complejos a las elecciones consagradas en nuestra Constitución, que el evento primario de selección del candidato opositor debía ser convocado, sin manipuladas dilaciones, para el mes de febrero, y dirigiéndose al siempre maltratado Julio Borges, jefe de la delegación opositora en Santo Domingo, le ordenaba postergar el reinicio de las deliberaciones o diálogo con el gobierno para después de que se haya consumado la consulta interna y que PJ haya obtenido la nominación presidencial.

La ineludible renovación. Pero todo este éxtasis descontrolado, estos multiplicados delirios de los partidos de la oposición por incorporarse a la carrera presidencial presentaba un inadvertido obstáculo y es que la soberana ANC había decidido el 20 de diciembre de 2017, apegada estrictamente a lo establecido en nuestras leyes y decisiones del máximo tribunal de la República en su Sala Constitucional, que aquellos partidos que no prestaron sus siglas y tarjetas para los comicios municipales del pasado diciembre tenían la ineludible obligación de someterse al proceso biométrico de renovación ante el CNE. Ante la irrefutable orden del decreto constituyente, surgió raudamente el jerarca blanco y abanderado de AD, Henry Ramos, para expresar a través de las diferentes redes sociales: “Hoy 19/1 a las 4 p.m. cerró lapso de formalización de solicitudes para la validación de los partidos. CNE fijó el 27 y 28 de enero para tal proceso. De las organizaciones convocadas, AD, PJ y MUD manifestaron su decisión de concurrir”. De esta singular manera los principales partidos agrupados en la oposición mansamente se supeditaban a las cristalinas instrucciones de la soberana ANC y dejaban constancia de su pleno reconocimiento y vigencia. Por otra parte, surgían algunas ahogadas y desgastadas voces de despistados dirigentes de la extinta organización VP, para expresar que no acudirían, bajo ningún elaborado pretexto, al proceso renovador; tal vez no han sido debidamente informados del sellado acuerdo entre Leopoldo López y el ejecutivo nacional para ponerle definitivo fin al tránsito partidista de la otrora vigorosa VP.

El alto mando de la revolución. El pasado viernes bajo las directrices y liderazgo del presidente constructor de victorias, Nicolás Maduro, y del primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, se llevó a cabo formalmente la conformación e instalación del Estado Mayor de la Vicepresidencia de Organización del principal partido político de la patria a cargo de Francisco Ameliach, quien ha concebido como medular objetivo proceder no solo a la consolidación de la poderosa maquinaria, garantía de contundentes triunfos, sino la minuciosa evaluación de los planes y programas para la necesaria obtención de la esperada victoria en este promisorio 2018. Dentro de la nueva estructura organizativa nacional de organización figuran dirigentes que han exhibido y probado su capacidad, su eficiencia en los diferentes roles que han cumplido durante el proceso revolucionario. Destacan las figuras del actual gobernador del estado Yaracuy, Julio León Heredia, que ejercerá la dirección de diseño de los sistemas organizativos; Héctor Esqueda como director de comunicación política, José Villarroel en la dirección de automatización, a Gerardo Sánchez le corresponderá la compleja labor de evaluación y control de la estructura organizativa y Miguel Flores, quien asumirá la dirección de logística. Ameliach asegura que no habrá pausa, ni descanso. El trabajo deberá ser arduo y permanente para la imprescindible preservación de un consolidado proceso y trascendental legado. Por ello acompañado con el nuevo Estado Mayor de la Vicepresidencia Nacional de Organización del PSUV, Ameliach proclama un sonoro y contundente “VENCEREMOS”. Y ésa es la verdad.

La mansa sumisión y el pleno reconocimiento

El 20 de diciembre del pasado año la soberana ANC emitía el irrefutable decreto. Aquellos ambiguos partidos que decidieron no participar en la contienda municipal debían someterse a la automatizada y biométrica renovación ante el máximo órgano comicial. El CNE acataba la expresa orden y enviaba una detallada comunicación a la presidenta del órgano constituyente informando sobre quiénes eran los partidos que deberán cumplir cabalmente con la obligación de la relegitimación. Apresurados y bajo el atormentante acoso de las primarias opositoras, se elevaba la voz del jerarca blanco, quien asumía la vocería de los principales partidos y manifestaba, hasta con desparpajo, que acudirían a la cita y fechas fijadas. Todo quedaba develado, la oposición se supeditaba mansamente a los designios de la ANC y llegaba a reconocer plenamente su vigencia.

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