Isabel Allende debuta en el género de la novela negra con El juego de Ripper

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Redacción Internacional, 19 enero 2014.- Para Isabel Allende, el bosque, el agua, los puentes, los veleros, las gaviotas y, a veces, el manto misterioso de la bruma de la ciudad californiana de San Francisco es el escenario ideal para una novela policial. Ahí, en la ciudad de la cual quedó prendada hace 26 años, ha decidido ambientar su nueva novela: El juego de Ripper, una historia que rebosa sangre página tras página y con la cual la autora debuta en el género de la novela negra.

Como todas sus obras, comenzó a escribirla un 8 de enero en el “cuartito” que está al fondo del patio de su casa en la famosa bahía estadounidense.

En ese ya famoso “cuchitril”, como suele llamarlo ella, lleno de libros y retratos de su familia, se sentó frente a su imprescindible computadora iMac y, con los dedos sobre el teclado, dio rienda suelta a la imaginación para narrar descarnadamente una ola de crímenes en San Francisco.

Frente a la pantalla y con las gafas puestas, volaban sus dedos para dar vida a su nueva protagonista, Amanda Martín, una joven de 17 años, inteligente y brillante, maestra del juego de Ripper, y otros personajes que serán una delicia para sus consecuentes lectores y para quienes deseen adentrarse en esta aventura detectivesca con el fiel estilo de la autora chilena. Y es que si bien el horror y un sinfín de hechos sangrientos plenan cada capítulo, la historia tiene lo pintoresco, lo inverosímil, lo humano, lo íntimo, lo personal, lo místico y lo distintivo de Isabel Allende, un hecho que solo hace querer devorarla.

—¿Cómo nació la idea de escribir una novela policial, un género que no había explorado antes?

—No fue idea mía sino de Carmen Balcells, mi agente en Barcelona, quien nos pidió a mi marido, Willie Gordon, y a mí que escribiéramos una novela a cuatro manos. Él escribe novelas de detectives solamente, pero yo podía acomodarme y me pareció una aventura divertida. Pronto Willie y yo nos dimos cuenta de que sería imposible trabajar juntos en un proyecto así, él se fue a su pieza a empezar su sexta novela y yo a la mía a intentar la primera.

—¿Recuerda cómo fue el 8 de enero en que comenzó a escribirla?
—Ese día fue como todos los 8 de enero. Me levanté temprano, medité un rato, tomé café y me fui a mi casita al fondo del patio a escribir. El día anterior había preparado la casita con flores y velas nuevas, había quemado una ramita de salvia para espantar a los malos espíritus y llamar a los buenos, tenía mis diccionarios listos. Entretanto, Willie veía las noticias en la televisión de lo más calmado, eso confirmó el hecho de que no íbamos a poder trabajar juntos. Pasé el resto del día escribiendo y en la noche, a la hora de la cena, vi a mi nieta Andrea jugando sola en la cocina con naipes y dados. Me explicó que no estaba sola, estaba jugando en línea con cuatro amigos un juego llamado Ripper, que consistía en atrapar al famoso asesino en serie de Londres, Jack El Destripador. Me permitió jugar con ellos y así se me ocurrió el título de la novela y la idea de que mis “detectives” fueran unos chicos jugando.

—El plan no funcionó ni 24 horas. ¿Qué anécdota puede compartir de la experiencia?

—Willie escribe a mano en bloc amarillo, en inglés, con una capacidad de atención de 11 minutos y no tiene necesidad de investigar nada, porque sus novelas están situadas en San Francisco en los años 60, un lugar y una época que conoce muy bien. Yo escribo directamente en la computadora, en castellano, durante un promedio de 11 horas diarias e investigo cada libro a fondo, porque cuando se trata de crear un ambiente o unos personajes prefiero tener el máximo de información posible. Por supuesto que tan pronto empezamos a lanzar ideas sobre un posible argumento para el libro común terminamos peleados. Willie dice que yo soy muy mandona en la vida cotidiana y cuando se trata de escribir me convierto en un coronel nazi.

“Leo mucho, paseo con mis dos perras, cocino con mi marido y paso muchas horas contestando la correspondencia de mis lectores y realizando el trabajo necesario en la oficina y la fundación. Pero hago mucho menos vida tribal porque mis nietos están todos estudiando lejos”: Isabel Allende.

—Contó que tomó clases de medicina forense para construir la novela…

—No tomé clases de medicina forense, pero asistí a una conferencia de escritores de novelas policiales, donde aprendí, entre otras cosas, lo básico de medicina forense y me hice amiga de un patólogo que me ayudó en la investigación. La experiencia fue muy curiosa. En la conferencia había estudiantes y profesores, que eran detectives, forenses, policías, expertos en armas, etc. Los estudiantes eran en su mayoría mujeres, gente madura, encantadora, que solo se interesan en asesinatos.

—Personajes complejos como Zarité la han desvelado y más… ¿Qué impacto tuvieron Amanda y Bob Martín en su vida?

—Mientras escribo una novela vivo íntimamente con cada personaje. Mi nieta Andrea me sirvió de modelo para Amanda Martín y un policía de San Francisco para Bob Martín, pero ellos solo me dieron una idea vaga de los personajes que necesitaba para la historia. Mi trabajo consiste en imaginar cada personaje y meterme bajo su piel, convertirme en ellos, vivir sus emociones y sus vidas. Lo bueno es que, una vez que termino el libro, me despido de los personajes y muy pronto se me olvidan.

—Con esta novela rompe sus propios esquemas. ¿Cómo cree que tomarán este giro de estilo sus lectores habituales

—Francamente, no puedo angustiarme pensando en cómo será recibido el libro por los lectores o los críticos. Escribo lo mejor que puedo, con la mayor honestidad y gusto, y una vez que el libro se publica ya no me pertenece. Mis fieles lectores no me han abandonado por más de treinta años, pero eso no me garantiza que aceptarán el nuevo libro, ya que todos mis libros son diferentes. La única vez que repetí una fórmula fue en una trilogía juvenil, El águila y el jaguar, porque el género lo requiere.

—La hemos visto interactuando en Facebook. ¿Cómo han cambiado las redes sociales su relación con los lectores?

—Mi hijo Nicolás y una amiga Sarah me ayudan con las redes sociales, porque mantenerlas al día requiere mucha dedicación. Ellos me convencieron de que no se puede vivir en estos tiempos sin estar conectada a estas nuevas tecnologías. Me he llevado una gran sorpresa al comprobar que en muy poco tiempo hemos alcanzado más de 880.000 seguidores en Facebook. Me siento muy cerca de los lectores porque se comunican conmigo permanentemente, pero esa relación puede llegar a ser muy absorbente, debo tener cuidado de mantener privacidad y espacio para poder seguir escribiendo.

"Sigo haciendo collares, pero ya no tengo a quién regalárselos, porque mis amigas ya están hartas de ellos", Isabel Allende.

—¿Qué valoración hace de los libros en formato digital y la popularidad que han ganado?
—El formato digital es ideal para viajar, yo lo uso mucho, pero todavía existe el placer de tomar un libro en las manos, sentir su peso, olerlo, acariciarlo, prestárselo a alguien. Creo que el futuro es digital, la gente joven tiene miedo del papel, está acostumbrada a la pantalla, y además ya no se justifica destruir bosques para hacer libros, pero cualquiera que sea el medio, el contenido no cambia. La humanidad siempre va a necesitar que le cuenten historias.

—¿Qué espera Isabel Allende del 2014?
—Seguir escribiendo sin apuro y con alegría.

—¿Cree que llegará a publicar la novela erótica que ha esperado escribir?
—Siempre he dicho que escribiré una novela erótica después que se muera mi madre, pero la buena señora sigue viva, tiene 93 años, y creo que es inmortal.

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