La conciencia y la rectitud moral

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La Conciencia y la Moralidad no pueden desligarse ni actuar por separado. En ese sentido, soy Conciencia Moral cuando mi mundo de cosas está constituido por las valoraciones morales de mis propias acciones. La misma posee elementos intelectuales que son los juicios valorativos y normativos construidos con conceptos éticos, como el bien, el deber y el derecho. 

En efecto antes de decidir y de actuar, la conciencia actúa como legisladora. Desde adentro califica los actos como buenos y malos y nos hace sentir lo que debemos hacer y lo que está prohibido. Después de haber decidido y actuado libremente (Libre Albedrio) la conciencia se erige en juez; sentencia lo que merece nuestra acción, aplaude o reprueba las mismas; entonces ¿Se puede afirmar que nuestra conciencia es gratificante y mortificante a su vez? ¿Está para aprobar y censurar? Estas preguntas solo tienen respuestas y pueden ser dadas a través de nuestra propia experiencia.

Agrupado con los elementos intelectuales encontramos en la conciencia, notorios elementos afectivos. Sus juicios valorativos son acompañados con vivencias de sentimientos morales. Antes de actuar, sobresalen los sentimientos de respeto por el bien y el deber;  también el temor de hacer el mal, de faltar al deber. Después de actuar, se experimenta satisfacción y alegría o remordimiento y arrepentimiento. Sobre estos ingredientes afectivos recae la TRANQUILIDAD DE LA CONCIENCIA DE CADA UNO. Estos van a resultar frustrantes o satisfactorios, según la actuación de cada individuo. Ahora bien para comprender sobre la rectitud moral de la conciencia, es importante tomar en cuenta cómo actúan el remordimiento y el arrepentimiento sobre ella. En ese sentido el remordimiento no es esa insatisfacción o frustración que se experimenta por no haber sido exitoso en una situación. Sentimos haber perdido una magnífica oportunidad, nos duele haber perdido dinero en una inversión, reconocemos con amargura el error de haber escogido una cierta profesión y no otra. Nada de eso es remordimiento. Es más bien egoísmo contrariado. El remordimiento  de conciencia no tiene nada que ver con daños materiales, no surge de derrotas económicas o sociales sino de fracasos morales. Es el sufrimiento que nos causa el problema existencial entre lo que somos moralmente y lo que deberíamos ser, es la vergüenza ante uno mismo. 

En cuanto al arrepentimiento es un sentimiento más complejo y positivo que el remordimiento. Este por el contrario, ayuda a tomar las medidas para reparar el mal si fuere posible y en todo caso evitarlo en el futuro. Hay en el arrepentimiento un cierto consuelo.  El arrepentimiento levanta el ánimo, el remordimiento lo deprime. El hecho es que solo a fuerza de conciencia rectamente moral se logra madurez personal y tranquilidad mental y con ello se convierte el convivir con los demás en una fuente de bienestar duradera. Tener calma y ser firme  en el espíritu, poseer este sosiego de la mente, esta separación entre el templo interior y el  exterior es muy útil, casi indispensable. Pero no es posible tener calma y estar asentado en el espíritu en tanto que el ser está sujeto al torbellino de los pensamientos. Es por ello que desapegarse, apartarse de ellos, sentirlos separados de sí, es indispensable.

Por otro lado, el silencio es siempre una buena sugerencia; para el sosiego mental y con esto no me refiero a un silencio completo. Quiero decir una mente libre de desorden y de inquietud, firme, ligera y contenta, para que pueda abrirse a las fuerzas que tiene que cambiar en la naturaleza. Lo importante de esto es librarse de la invasión habitual de los pensamientos perturbadores, de los sentimientos falsos. Cuando la mente está sosegada y en paz la fuerza interior puede trabajar más fácilmente. La especie humana, negativa y por consiguiente mezquina, no hemos perdido  completamente  las señales de la imagen en la que fuimos creados (el Ser Supremo). La Salud, La Fuerza, La Belleza, La Caridad, El Altruismo, entre otras; son las bases verdaderas para lograr un equilibrio entre LA CONCIENCIA Y LA MORAL. En ese sentido, como institución iniciática estamos en la obligación de profundizar en estos aspectos fundamentales para la evolución espiritual y humana del hombre. 

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