La cruel ingratitud y el convicto Maleandro

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La cruel ingratitud

Suele con ocurrir que después de haber realizado una compleja labor, un portentoso esfuerzo para la consecución de la impostergable misión, se produce inmediatamente la desleal circunstancia de que aquellos, los insustituibles protagonistas que entregaron toda su reconocida vocación, son víctimas de una desalmada ingratitud. Todo lo anterior parece reflejarse de manera injusta en la figura de nuestro primer mandatario regional, Rafael Lacava, curtido en las lides de hábil interlocutor y exhibiendo impecablemente sus innegables credenciales en el ámbito diplomático. Y es que resultaría un acto de imperdonable mezquindad no hacer justo reconocimiento al medular rol que ejerció Rafito en el complicado proceso de restablecer las maltrechas relaciones que mantiene nuestra nación con el gobierno americano. Transitó un escabroso sendero plagado de incontables e infranqueables obstáculos que nuestro gobernador supo sortear con destreza, paciencia y perseverancia. Aquellas innumerables reuniones con miembros del Senado y encumbrados voceros del americano imperio, se presentan como la más fehaciente prueba, el indiscutible testigo de la consecuente conducta de Lacava. Y de esa eficaz manera la intermediación empezaba dar sus primeros resultados y se concedía la liberación de Joshua Holt, imputado de estar directamente vinculado con la puesta en práctica de movimientos sediciosos y sublevación en contra del gobierno nacional. Pero la excarcelación del mormón Holt se debía interpretar como el noble gesto o inequívoca señal para el necesario restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Como no emocionarse con aquella elocuente gráfica donde en un desprendido acto de generosidad, nuestro mandatario regional, exhibiendo su característica sonrisa, le llegaba a obsequiar al inquieto Holt una vinotinta casaca en cuyo dorsal se plasmaba el emblemático 10 que suelen utilizar los “cracks” en el fútbol que destacan por sus movimientos, tácticas y dominio del balón, así como también por su actitud de humildad ante cualquier victoria o derrota. Pero ante la sorpresa colectiva surgía el desapego y el desagradecimiento a la noble actitud de Lacava y es que tan solo bastaron el transcurrir de pocos días para que el misionero mormón Joshua Holt mostrara la más oscuras de sus caras y facetas, cuando desde su nativo lugar y acompañado de su cónyuge  denunciara que en las instalaciones del Sebin se habían encontrado de frente con el verdadero infierno y que fueron sometidos a toda suerte de vejámenes y torturas ordenadas por auténticos demonios que forman parte del gobierno nacional. La cruel ingratitud del sacerdote Holt hacia aquellos que lograron su aguardada liberación es la más clara ratificación de la máxima que nuevamente nos enseña “Así paga el diablo a quien bien le sirve”. Un estoico Rafael Lacava sabe que cumplió con lo que directamente le fue encomendado, su conciencia así se lo indica y es el único consuelo para el incompresible desagradecimiento.

El nocturno y oscuro encuentro

Ante la infidencia vertida por aquellas altas paredes del Capitolio de Valencia, que nos llegaron a relatar los innumerables y afectuosos encuentros entre el “Maleandro” y su mimado “Jabonero”. Ante esa inesperada delación surgió la drástica audacia de alterar horarios y agenda para concretar las aguardadas citas. Un descontrolado y colérico “Jabonero” había dado instrucciones para que la semanal reunión se llevara a cabo en noctambulas horas para lograr la complicidad que asegura el tránsito de la noche y sus inescrutables tinieblas. Aquel efusivo encuentro que llegaba a exhibirse engreído y eufórico en jornadas matinales por los pasillos de la sede del gobierno, quedaba a ser prácticamente furtivo y reducido a un vetusto rincón, una deteriorada oficina. Acatando el arrebatado mandato del “Jabonero”, rayando con la medianoche, arribaba casi de hurtadillas un perfumado “Maleandro”, quien no escondía su gozo por escuchar embelesado las inconsultas órdenes que le eran giradas con ese tímido acento que caracteriza al “Jabonero”. Al día siguiente un audaz “Maleandro” anunciaba que encabezaría las reuniones de trabajo con el sector salud en Carabobo y que fueran convocadas por una Asamblea Nacional en abierto desacato. Un irreconocible “Maleandro” llegaba de manera insolente en sus redes sociales a realizar serios cuestionamientos a nuestro primer mandatario regional, Rafael Lacava “Mesa de Trabajo del gremio #Salud #Carabobo con autoridades de #Insalud, se acordó reunión mañana a las 2 pm en la sede de #Insalud con su presidente ING Juan Carlos Yánez Para sincerar y buscar inmediatas soluciones. Atención @lacava10oficial”  para culminar destacaba “Que el ejecutivo regional y su gobernador hayan aceptado estas reuniones demuestra que ellos reconocen qué hay una grave crisis humanitaria en Venezuela”. Ante la inadmisible afirmación de un mal aconsejado “Maleandro”, tenemos que destacar el compromiso y entrega con el tránsito revolucionario que diariamente exhibe con orgullo el gobernador Lacava. Pero el ímpetu de “Maleandro”, avalado por el “Jabonero”,continuaba su descontrolado rumbo y nuevamente plasmaba un lacerante mensaje en sus redes digitales “Caja @ClapOficial no llega a las Comunidades Carabobeñas, discriminación, corrupción por parte de voceros de consejos comunales, #Sinverguenzas con el hambre y la necesidad de los vecinos no se juega” lo que se traducía en una desmedida afrenta contra los abnegados representantes de los consejos comunales, columna vertebral del proceso, a quienes llega a calificar de delincuentes. Es el feroz ataque contra la Comuna, insustituible herramienta para la definitiva consolidación del Poder Popular. Igualmente este meticuloso ultraje pareciese tener como objetivo descalificar el trabajo de funcionarios del mismísimo gobierno de Carabobo, ya que cuando “Maleandro” afirma, con ligero desparpajo, supuestas fallas y desviaciones en la distribución de alimentos, llega deliberadamente a desconocer la ardua labor que realiza desde la presidencia de Alimca, el reconocido dirigente José Ávila. Al parecer la combinación de la oscura madrugada con sus irresistibles tentaciones ha hecho irreversible mella en la cordura y debido decoro de “Maleandro”y su “Jabonero”.

Tocuyito en la mira

No hablaremos de la utópica toma o asalto de la histórica Alcaldía de Libertador planificada desde un gubernamental despacho por el inexpugnable binomio “Maleandro” – “Jabonero”. Haremos referencia al atormentante espectro de los grisáceos barrotes, el horrendo fantasma del rígido calabozo que parece acercarse lentamente para alcanzar a “Maleandro”. Corría el mes de septiembre del 2016, cuando un grupo de activistas mujeres se trasladaban a un evento que tenía como objetivo la organización y estructura del poder comunal en el municipio Libertador, pero al arribar a la céntrica plaza de Tocuyito fueron salvaje y cobardemente abordadas por “Maleandro” quien sumido en un incontrolable odio procedió, sin justificación alguna, a golpearlas y someterlas a todo tipo de vejámenes través de insultos e improperios. Los alaridos de “Maleandro” se lograban escuchar hasta en las calles aledañas a la icónica plaza. “Maleandro” al percatarse de la presencia de efectivos policiales, optó por la rauda huida, no sin antes lanzar la intimidante amenaza a las mujeres agredidas “Si se meten conmigo, las mando a matar”. Pero el grupo de damas no sucumbieron ante la desafiante advertencia del “valeroso Maleandro” y acudieron a los órganos competentes para formalmente presentar la denuncia que no buscaba una estéril reivindicación, sino que se estableciera oportunamente las categóricas penas para aquellos que incurren en el delito de violencia de género. Pero posteriormente todo fue silencio e impunidad. Ni siquiera una básica explicación se logró obtener por parte del Ministerio Público, quien se encontraba confiscado por una titular, que en la actualidad está bajo la condición de hábil prófuga. Pero lo realmente grave sucedería tan solo meses después de aquel 2016 y es que se consumaba aquella amenaza de “Maleandro” lanzada en el mismo centro de Tocuyito, escuchada por numerosos testigos en el sentido de procedería a liquidar al grupo de denunciantes y de esa manera Yusbelis Ramos, una de las mujeres sometidas a los golpes y humillaciones por parte de “Maleandro”, fue asesinada y calcinada en un sector de La Guasima del Municipio Libertador. El rumor se expandió rápidamente por la calle El Torito de la comunidad del 23 de enero, Yusbelis presuntamente había sido ajusticiada por un delictivo clan encabezado por “Maleandro”. En días pasados en una manera de desagravio y de honrar la memoria de la compañera vilmente ejecutada, el grupo de mujeres, teniendo como valiente vocera a Brauli Piña, ofrecieron una rueda de prensa para exigir aquella justicia que parece haber capitulado ante la impunidad o inadmisible complicidad de algunos cercanos amigos del reincidente agresor. Acompañadas por la solidaridad unánime y pronunciamiento de todas las instancias del PSUV en la persona de Dheliz Álvarez, representante de la Vicepresidencia de Mujeres y miembro del buró político regional, ratificaron la denuncia ante el Ministerio Público e hicieron un sentido exhorto a la ANC, a la presidenta de esa soberana instancia, Delsy Rodríguez y en especial a la constituyente María León, legendaria e insigne dirigente revolucionaria, perenne defensora de los derechos de la mujer para que asuman este caso y se produzcan las respectivas responsabilidades. La inaceptable agresión física y moral a un grupo de valientes mujeres, su presunta participación en el salvaje asesinato de Yusbelis Ramos parecen llevar consigo el traslado al Centro Penitenciario de Carabobo, ubicado en el Libertador Municipio, precisamente en Tocuyito. La entrada del recinto observa el arribo de “Maleandro” y allí convivir con sus compañeros de celdas y penas. No habrá perfumes, jabones, ni privilegios. El miedo y temor sacude la menuda humanidad de “Maleandro”, quien aferrándose temblorosamente a los rígidos barrotes, empieza el proceso de arrepentimiento y en seguida rompe en desesperado llanto.

Y esa es la verdad.

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