La «élite» carabobeña

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La palabra élite nos refiere, etimológicamente, a los mejores, a los más competentes, a la excelencia. En Carabobo, este no es el caso. La «élite» carabobeña, empezando por muchos «académicos» engolados que destacan por un currículum lleno de bluff y militancia absoluta al culto de quien ven reflejados en el espejo, pasando por algunos líderes gremiales que hacen política desde la antipolítica, periodistas y lideres de opinión absortos en la ausencia de compromisos y que ven su importante escenario como lugar para shows antes que a la tarea siempre necesaria de orientar y formar al público son la plenitud de los «repúblicos». Ese es el lamentable vértice superior de nuestra trágica y estratificada sociedad de castas, mucha estupidez ilustrada, con títulos (claro que si) pero sin competencia para el deber de liderar en el escenario democrático.

No pueden ver ni en pintura a los partidos políticos, ni a Henry Ramos Allup (a quien desprecian desde hace mucho), tampoco a Henrique Capriles, se burlan de la injusta cárcel de Leopoldo López y del exilio de Julio Borges. Si hoy mastican, pero no tragan, al presidente encargado Juan Guaidó ha sido por el absoluto respaldo y movilización popular con el que ha contado la agenda política de la legítima Asamblea Nacional. Pero igual se dan el lujo de usar su condición de «repúblicos» para «aconsejar» a Guaido y de «exigir» la aplicación del 187.11 aunque Elliott Abrams les explique, con pizarra y manzanitas, que es «prematura» tal situación.

Su referencia política nacional es María Corina Machado y ya con eso se les reconoce fácilmente como repelentes al esfuerzo unitario. Pero si intentamos detectar sus referencias internacionales vemos más de lo deseable, fácilmente pasan de largo y solo pueden ver a Trump en USA, a Bolsonaro en Brasil y, si fuese el caso, solo le podrían hacer ojitos a Vox en España. ¿por qué les ocurre eso? porque solo pueden ver en el conflicto venezolano una lucha ideológica. Su preocupación no es el conflicto democracia vs. dictadura, lo importante es imponer sus impopulares visiones conservadoras a los mayoritarios anhelos de centrismo político y reconciliación nacional.

Su última víctima de desprecio, manipulación y ataque desinformado fue el Dr. Rubén Limas, médico traumatólogo y Secretario General de AD – Carabobo, quien escribió un artículo de opinión donde  le pide a Rafael Lacava, gobernador Chavista de Carabobo, que salte la talanquera del madurismo, que pida el cese de la usurpación, que respalde un gobierno de transición y apoye la celebración de elecciones libres. También pide que se canalice la ayuda humanitaria, con apoyo de la Cruz Roja y la Iglesia Católica, a través de la infraestructura sanitaria dependiente de la gobernación y, todo ello, mostrando los beneficios de la Ley de Amnistía y el Estatuto de la Transición aprobados por la AN.

¡Anatema!, eso es el demonio del diálogo. La «élite» carabobeña decide que antes que negociar (que es distinto a dialogar) es preferible quedarnos como estamos, aunque eso signifique en la práctica darle un espaldarazo al régimen usurpador. Si no fuese una demostración de incapacidades intelectuales, diría que practican la vieja conseja de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo» y se dan la mano con el Madurismo con tal de no dejar avanzar tácticamente a la unión de partidos centristas que apuestan a una transición sin exclusiones. En ambas hipótesis, el resultado es el mismo, la «élite» desea tapar el sol con un dedo creyendo que la solución a la crisis política es algo distinto a una salida pacífica, constitucional y electoral del régimen usurpador. Y pues…. Seguirán esperando a los marines.

El lado positivo de esta historia triste de la élite carabobeña es que se quedará sola, en la extrema derecha de la política, mientras que sus socios de la extrema izquierda (el madurismo) se quedará fuera del poder. Juntos, de la mano, como les gusta estar, se irán a ejercer la oposición. El gobierno transicional y el futuro gobierno legítimo, producto de los votos en elecciones libres, será dominado por el centrismo político, por la alianza de liberales, democristianos y socialdemócratas que dirigen junto a la auténtica sociedad civil el Frente Amplio, para reconstruir a Venezuela desde la inclusión, la reconciliación, la amnistía, el rescate de la memoria histórica y la justicia transicional.

Julio Castellanos / [email protected] / @rockypolitica

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